En la cara B del mundo están los cables, los hilos de la tramoya, los pilares de la tierra, los intereses reales que mueven los engranajes y el lado oscuro de la luna.

Ángel Gómez de Ágreda es coronel del Ejército del Aire y del Espacio en la reserva, piloto militar y paracaidista. Y se ha entrenado para abrir los ojos, afinar los oídos, y meterse en el vietnam de la guerra cognitiva, la geopolítica, la ciberdefensa y los entresijos de la inteligencia artificial.

— ¿Le da miedo lo que se ve en ese trastero?

— Más que miedo, me da pena.

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Plaza de Callao. Madrid. Paradójicamente, hemos quedado para hablar por la calle de lo que bulle detrás del telón. Paseamos por la Gran Vía, que está llena de personas que van y vienen en una coreografía sin guion. O eso es lo que piensan. El escenario es acera, asfalto y franquicias. Aunque sea la capital del país, ya todos los centros de las ciudades son iguales.

Vamos de paisano por la capa visible ordinaria, intentando observar el presente en plano cenital. “¿Y si todo lo que creemos saber fuera una ilusión?”. Gómez de Ágreda se pasa el día con la brújula examinando las raíces y los frutos, con la ilusión de que afloren nuestras alas.

Acaba de escribir Un mundo falaz (Ariel): un ensayo que habla de tecnología, de manipulación, de desinformación, de batallas y de mapas del mundo, pero que es, sobre todo, un manual de antropología para desactivar todas las bombas antilibertad que nos estallan cerca, muy cerca, en cada paso de progreso del siglo XXI.

En medio de más de 50 conflictos armados, misiles, drones, TrumpPutin, Israel, Rusia, UcraniaGaza, Hamás, Hizbulá, IránVenezuelaCubaLíbanoSudán, Burkina Faso, Congo, Yemen, Afganistán, Pakistán y un mapamundi en llamas, conversamos con un estratega de la guerra de los algoritmos.

Lee la conversación en Aceprensa.

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