Vicente Vallés: la televisión discreta

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Foto: Álvaro García Fuentes

Cuando Neil Armstrong puso el pie en la Luna, en julio de 1969, Vicente Vallés dio un pequeño paso en su vida, pero un gran salto para la televisión. Con 6 años recién cumplidos, supo que el periodismo sería mucho más que su satélite. Unas primaveras después es un veterano del gremio, reconocido por su credibilidad. “Friki” de la política. Colchonero con alergia al confort profesional. Empezó en la Cadena SER, y después ha sido sobre todo tele: TVE, Telemadrid, Telecinco, Canal 24 horas… En su octava temporada en Antena 3, ha colocado la plata a los informativos de la noche. Después de 25 años cubriendo elecciones americanas, ha escrito Trump y la caída del imperio Clinton. Añora las tertulias políticas y sueña con hacer un Mundial de Fútbol, pero sigue las máximas de Simeone y avanza “partido a partido”. El tiempo dirá las lunas que le quedan a un periodista con mucha toma de tierra y marcadamente discreto en medio de las salsas del prime time.

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Más cesáreas, por si acaso…

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El aumento de las cesáreas en la sanidad pública de España y otros países del mundo demuestra que las nuevas promociones de ginecólogos son más proclives a la intervención en el parto natural como respuesta a un clima de miedo ante las recurrentes demandas. Hacen más cesáreas, dicen, por si acaso.

El parto natural está en crisis. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la tasa recomendada de cesáreas debe rondar el 15 por ciento, pero los datos demuestran que en los países occidentales están en torno al 25 por ciento en la sanidad pública, y alrededor del 30-35 por ciento en el ámbito privado.Hay cambios reales que, en algunos casos, justifican este aumento. Según Luis Cabero, presidente de la Comisión de Bioética de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), “se observa un cambio en las edades de las nuevas madres” y eso ha hecho que muchos profesionales opten por la cesárea “pensando erróneamente que es más segura”.

Además, subraya que existen otros factores que no deberían suponer una excusa, y sin embargo están llegando a los quirófanos como argumentos de peso para intervenir en el parto vaginal: la presión social -“cada vez nos encontramos con más mujeres que demandan una cesárea que no es necesaria”- y la presión legal, ya que “cuando hay problemas, enseguida se pregunta si se hubiera evitado con una cesárea”.

Cabero ve también “otros condicionantes que parten del propio sector profesional, pues muchos ginecólogos se creen más seguros practicando una cesárea y menos expertos ante un parto vaginal. Algunos consideran que la intervención logra “un alumbramiento más sencillo”.

Falta de experiencia
La impresión de Cabero es que esta tendencia se asienta en los servicios de Ginecología, en los que en ocasiones se piensa que “o la mujer pare rápido, o se recurre a la cesárea, cuando hasta entonces la tococirugía había superado las circunstancias adversas”. En su opinión, “se está perdiendo experiencia entre los médicos jóvenes”, por ejemplo, en los partos podálicos.

Cabero no cree que haya razones políticas ni comerciales detrás de este incremento de las cesáreas, ni siquiera en la sanidad privada, y apuesta, sin embargo, por que la comisión nacional de la especialidad “considere las capacidades de los docentes de los centros para que se cumplan las pautas recomendadas”, una cuestión en la que se esfuerzan las administraciones sanitarias con la defensa del parto natural en forma de nuevos protocolos, como la Estrategia para la Atención al Parto Normal elaborada por Sanidad.

El Hospital de Cruces, de Bilbao, es uno de los centros de referencia con menos tasa de cesárea del país. En el punto medio recomendado por la OMS se encuentra otro hospital clave: el Huércal-Overa, de Almería. Su jefe del Servicio de Ginecología, Longinos Aceituno, es partidario de que el especialista sea más conservador. En concreto, su máxima de conducta ante el parto es “ser más expectantes y menos agresivos.

El ginecólogo debe ser lo menos intervencionista posible, ya que las cesáreas aumentan cuando se produce algún tipo de incursión exógena en el proceso, como la inducción de un parto sin motivo.

Aceituno lleva 30 años ayudando a dar a luz y piensa que “los ginecólogos nos estamos acostumbrando a lidiar con un panorama con demandas judiciales casi a diario. Muchas veces el profesional tiene miedo y acaba recurriendo a la cesárea por si acaso”.

El problema es que esta tendencia “hará que muchas cosas que hacíamos antes sin intervenir en el parto acaben por perderse y el futuro especialista no tendrá la práctica suficiente para combatir los problemas”.

El jefe del Servicio de Obstetricia del hospital almeriense reivindica también el papel de la matrona. Según él, estas profesionales son “las responsables del parto que evoluciona con normalidad. Si hay complicaciones, entonces es cuando debe entrar el ginecólogo”. De hecho, cree que el éxito en la materia de este centro andaluz reside en “la cohesión del equipo” que participa en esa espectacular tarea de traer nuevas personas al mundo.

Aceituno considera que la implicación de las administraciones sanitarias puede hacer que las aguas vuelvan a su cauce, pues los protocolos aconsejan “intervenir sólo si hay incidentes”.

Riesgos encubiertos
Tanto Cabero como Aceituno coinciden en que quizás se desconocen los riesgos de la cesárea. El presidente de la Comisión de Bioética de la SEGO apunta que “de 4.000 cesáreas de más hay un caso de mortalidad materna”. Además, su experiencia le dicta que recurriendo a la vía más agresiva se fomenta la prevalencia, por ejemplo, de las placentas previas. El niño también sufre más problemas respiratorios, señala Cabero, “y aumentan las posibilidades de muerte intrauterina en los que vengan después”.

Los dos especialistas ven que después de una cesárea crece el riesgo de nuevas patologías. Aceituno entierra otro mito: después de una cesárea puede haber un parto vaginal. Los postulados contrarios “están muy en entredicho”, aunque sean práctica más o menos común en la sanidad española.

El parto y su mitología: ¿Pasarán los ginecólogos-tocólogos de siempre al baúl de los recuerdos?

Artículo publicado el 7 de enero de 2011 en Diario Médico

Reyes Calderón: novela negra sobre fondo blanco

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Foto: Álvaro García Fuentes

Doctora en Economía. Su diagnóstico: “La reputación de los empresarios está bajo mínimos”. Profesora universitaria con ex responsabilidades académicas. Su evaluación: “La Universidad exige un replanteamiento en los tiempos de Google”. Doctora en Filosofía: “Los jóvenes son un punto de esperanza en la sociedad que no se lee en los periódicos”. Criminalista. Su autopsia sobre el Banco Popular está sub judice, pero “han sido los diez meses más difíciles de mi vida”. Madre de nueve: “Hacen falta más macarrones y guitarras, y menos cruceros”. Escritora de 10 novelas. Madre literaria de Lola MacHor, la avanzadilla del feminismo constructivo en la Justicia española. Premio Azorín. Artista y modeladora del fondo de ojo de la sociedad en sus libros, negros como el infierno interior y blancos como la luz. Acaba de sacar la paleta de colores con Clave Matisse: un planeta multicolor escrito con la minuciosidad de una escritora artesana y la agudeza de una perfeccionista de la independencia a conciencia.

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Luis Mas: “Mi auténtica ‘Operación Triunfo’ es ser coherente”

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ÁLVARO SÁNCHEZ LEÓN

El martes llegó a Madrid y cinco chicas le esperaban a la salida del AVE. Fotos. Saludos. Ya tiene fans.

Luis Mas no pudo entrar en la Academia de Operación Triunfo, pero no está perdiendo ni un minuto en paladear el aparente fracaso, “porque yo quiero ser artista, es mi vocación, y lo voy a conseguir, cueste lo que cueste”.

Han pasado poco más más de tres semanas desde que la Gala 0 de OT le cerró el paso mediático, pero la carrera de Mas sigue palpitante fuera del plató. Los expertos en telegenia que decían que este barcelonés daría juego, no se equivocaban. Da la cara también después de abandonar el barco, y, sí, da juego. Por eso, en menos de dos semanas, ha recibido “propuestas interesantes de compositores y productores, incluso del mundo del cine”, y su nombre sigue vivo en las redes sociales y en los medios de comunicación.

Tiene 19 años y estudia tercero de Administración y Dirección de Empresas en inglés en la Universidad Internacional de Cataluña. Su cuenta en Instagram cuenta con 10 publicaciones y más de 67.000 seguidores. Antes de entrar en la fábrica de artistas de TVE ya había editado sus videoclips y sumaba cinco años de jazz y música moderna, tanto en piano como en voz en el Conservatori del Liceu y había dado sus primeros pasos en el mundo de la danza y la escena.

Canta, toca el piano, baila y actúa, porque “el día de mañana me gustaría ser un Ryan Gosling en La La Land. Si ahora hay que abrirse camino haciendo singles y forjando una carrera de artista, lo haré y disfrutaré en el trayecto”.

El prestigio, mejor que la fama

Sobre su adiós al programa habla largo y tendido, sin excusas. También porque los insultos y las agresiones verbales están tomando tal cariz entre los fans de OT que hace falta decir las cosas con claridad. Por encima de la decisión del jurado, lamenta las críticas personales que se lanzaron contra él en las redes sociales “sin conocerme y juzgando a primera vista sobre cuestiones que no tienen nada que ver con mi forma de ser y de pensar. En mi casa, en mi colegio y en el deporte he aprendido a defender la libertad de la gente y respetar la diversidad”.

Para él, “el prestigio es mejor que la fama. El esfuerzo es la mejor palanca para mover el presente y alcanzar el futuro, aunque ahora mismo la fama me puede ayudar mucho“. De hecho, su participación en OT ha sido “un trampolín con el que podría haber llegado más lejos si hubiera tenido la suerte de aprovechar todo lo que se aprende en la Academia”.

Se ve como “un chico verdadero, entusiasta, trabajador, y con una vocación muy fuerte por el mundo artístico. Para mí, la auténtica Operación Triunfo es ser coherente, esforzarme todos los días, y ser feliz haciendo felices a los demás. El deporte me ha enseñado a perder y a ganar. No hay tiempo para lamerse las heridas. Con tantos proyectos en la cabeza solo queda ponerse a funcionar lo mejor posible”.

Sin miedo y a contracorriente

El joven catalán admite que tiene amigos de todos los colores políticos, que está muy a gusto con su forma de entender la vida y de ser creyente. “Cuando eres tú mismo -destaca- el público te compra tu versión. Los espectadores y los oyentes son muy duros con lo que huele a falso, a prefabricado, o a veleta”.

Reconoce que “en algunos temas voy a contracorriente”, pero subraya su empeño en conseguir ser “lo suficientemente profesional como para abrirme camino entre las pegas, las críticas o los prejuicios. Estoy educado para comprender las opiniones diferentes y no juzgar a nadie. Las personas siempre estarán por encima de sus creencias”.

Más allá de OT, sigue hacia adelante con una sonrisa que le ha hecho ya cómplice de mucha audiencia. En mitad de la lluvia de codazos entre todos los aspirantes de su edad que buscan un hueco en los escenarios, él tiene claro que su objetivo es “ser buen profesional y buena persona antes que subir a cualquier precio. Eso es compatible con ser competitivo. No se trata de sobrevivir como se pueda, sino de afianzarse con fundamento. No quiero ser un producto viral“.

Con el 1-O reciente, el joven de El Masnou (Barcelona) entiende que “todo el mundo quiera luchar por la libertad y abrirse su camino, pero debemos priorizar ser constructivos. La protesta a secas es insuficiente, hay que trabajar duro para conseguir la meta que se busque. Quejarse sin aportar nada es muy fácil. Me gustaría que mi vida personal y profesional sea una ocasión para tender puentes, conectar personas, y evitar esa tentación facilona de ir poniendo cruces. La tolerancia y el respeto se exigen, pero también se viven en primera persona”.

“El mundo es más rico si vemos lo positivo”

Sobre su paso fugaz por la Academia destaca “el equipazo de concursantes y la amistad que hemos forjado en poco tiempo. Todos los aspirantes de OT son personas con un corazón enorme. Nos ha unido nuestra ilusión por ser artistas, aunque cada uno venía con su forma de ser, su manera de pensar, su estilo, y sus circunstancias. ¡El mundo real es así de diverso y rico cuando sabemos ver las cosas positivas de los demás!”. Agradece especialmente la profesionalidad y la empatía de Roberto Leal, que “es un crack. Sus mensajes después de dejar la Academia me han servido mucho”.

Luis Mas dejó una carrera entre platós hace tres semanas, pero sigue en modo play: ha vuelto a la Universidad y su móvil es un hervidero de propuestas a corto, a medio y a largo plazo.

Así, en la distancia corta, destroza esa imagen altiva que fabrican los estereotipos y aclara: “Defenderme de los juicios injustos sobre mí no es prepotencia, sino defensa propia“. De estos días agradece especialmente el apoyo de su novia, “de la que estuve detrás mucho tiempo”. Son pareja desde hace dos años “y entre los dos hemos creado una relación muy estrecha de confianza. Me apoya y es feliz con mi apuesta por dedicarme al mundo artístico”.

Entre sus referentes musicales resalta Pablo Alborán. Entre las virtudes que más necesitará en adelante, la humildad: “No puedes ir de sobrado. Sin embargo, tener personalidad es una exigencia, porque se ve que la vida de un artista está llena de mareas que suben y bajan. Si no tienes donde agarrarte, es fácil hundirse”. Entre sus retos básicos, “saber aprender de los que saben”.

A Luis Mas le dan alergia “las apariencias” y en sus ojos brilla el talento. Más allá del veredicto del jurado de OT, aquí hay madera: “Con esfuerzo, intentaré demostrar que esta es mi vida y que hacer feliz a mucha gente es la gasolina que alimenta un viaje duro, pero fascinante”.

Publicado en Elmundo.es el 10 de octubre de 2018.

Adrià: el genio en ‘ibullición’

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Foto: Álvaro García Fuentes

De friegaplatos a genio. Ferran Adrià encontró su vocación por casualidad “y he tenido mil veces más de lo que había soñado”. Descubrió elBulli el año que nació Rafa Nadal, y durante un permiso militar empezó la fiesta de la cocina española con más estrellas del mundo. Cocinero, chef, líder, revolucionario. Prestidigitador de los límites del comer. Maillot amarillo de “la creatividad competitiva extrema”. Concibió un ferrari y le nació un boeing. Sencillo y excelente. Trabajador apasionado. La humildad coronando las cimas. Cerró el restaurante y creó un menú del siglo XXII con elBullifoundation. Generoso. Social. Emprendedor de la innovación, alérgico a las rutinas. Intensamente ético. Artísticamente capaz. Científico. Mito. Rebelde honoris causa. Entre Cruyff y Guardiola. Metiendo goles en la portería de los egos espumosos que deconstruyen las vanguardias con el poder de un espejo, su familia y el sentido común de ser honesto con un trabajo que le ha vuelto loco de atar cabos y unir personas.

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De Quinto: el empresario entre dos mares

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Foto: Álvaro García Fuentes

Con cafeína. Sin azúcar. Burbujeante. En mil frentes y nunca de perfil. Marcos de Quinto ha sido, es y será uno de los pocos guardianes de la marca Coca-Cola entre los españoles por el mundo. Acento universal. Acaba de dejar la compañía después de 36 años en la locomotora. A caballo entre Lisboa, Nueva York y Torrelodones, y con la sensación de vivir tatuada en la lata. Políticamente incorrecto: “El éxito te permite comprar tu libertad”. Su vida es un punto intermedio en el país de las etiquetas prefabricadas. Juega de centro izquierda. No busca tronos. Seis rallies Dakar, poeta, fabricante casero de vino y de miel. Sin miedo. Con hambre social. Empresario y tuitero. Pirata leal con bandera española navegando entre las dunas. Con mono de faena y de proyectos audaces. Refrescante. Mucho más de lo que cabe en una encorsetante tarjeta de visitas.

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La resistencia en el país de las “miembras”

Con Villanueva

Foto: Álvaro García Fuentes

Darío Villanueva lleva diez años con la D mayúscula a sus espaldas en el hemiciclo de una lengua muy viva. Dardo. Dársena. Dato. Dialecto. Diligencia. Diplomacia. Discreto. Ni divo, ni duque, ni dique. Más dintel que dédalo institucional. Gallego de discurso sin curvas, pero con tacto. Declara su empeño en refundar una RAE para nativos digitales. Se declina por ahorrarle la deriva hacia la decrepitud arqueológica. Despeja políticos a córner en el país de las miembras. Con porte de escribano, con parsimonia y categoría, pone la lengua sobre las íes y cierra las dispuestas oportunistas sobre el idioma con el pegamento de 305 años de historia y el patrimonio de sus hispanohablantes. Aunque Trump le contraiga el diafragma y Carmen Calvo no discierna entre ocurrencia y censura, su vara y su cayado infunden aliento al español y a unos académicos lejos de las cruzadas y fieles a los principios. Los eufemismos en efervescencia, las posverdades y lo políticamente correcto piden vez en su despacho. Y no pasarán.

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