Un Tédax contra el miedo

Julio de la Iglesia es TEDAX. Especialista en desactivar bombas de fuera y explosivos que estallan por dentro. Lleva más de ocho años como coach ayudando a miles de personas a gestionar el miedo, una misión con amplia repercusión social que genera más valientes, más personas libres y una ola de paz, incluso después de todo lo que hemos vivido con la invasión del coronavirus. Sus reflexiones y consejos nacen de su propia experiencia y valen el peso de su valentía en oro puro.

Álvaro Sánchez León

Julio de la Iglesia es policía nacional desde 1991 y tiene una vocación de servicio más firme que un tanque. Su ideal de justicia y su pasión por la acción le acercaron al cuerpo azul después de haber sido empleado de banca, activista en Greenpeace, vendedor en el Rastro, pescador de tiburones, boina verde, educador en la cárcel, maestro ninja, patrón de yate, director de comunicación, emprendedor, y hasta tres veces número uno en oposiciones al Estado.

Inspiramos. Expiramos.

En el año 2000 se hizo TEDAX, esa élite donde no se admiten fallos y nunca se deja de aprender. En 2002, aprovechando un currículo de película americana y un deseo que le late hondo de reinventarse constantemente, se hizo coach como otra manera de servir. Fundó gestiondelmiedo.com, se hizo formador y conferenciante, y ha desactivado tantas cargas de miedo desde entonces que el miedo le tiene pánico y muchas almas respiran hondo viendo en su ejemplo un final feliz al fondo de un túnel paralizante.

Es la salida de emergencia de referencia en superación del miedo, liderazgo valiente y motivación para el éxito. Es la sabiduría a la que prestan sus oídos y su confianza los mejores directivos de este país y una espita abierta contra la angustia de estos días en los directos de Instagram.

Un hombre en forma, sonriente, empático y transformador. Con el uniforme de estar en casa dispuesto a todo y con una escaleta de trabajo a contrarreloj, nos concede este paseo por las veredas de las oscuridades que tenemos todos, aunque no queramos. Aviso: como cuando se anda hacia adelante de la mano de un padre, la seguridad total le rebosará desde el primer paso de esta conversación palpitante.

Una pandemia de miedo acaba de sacudirnos. ¿Cómo se reacciona personal y socialmente ante un virus de muerte, soledad, quiebra y dificultad para respirar futuro?

En primer lugar, aceptando la situación tal y como es, con una actitud de combate. Después, con reflexión -qué puedo controlar y qué no-; con decisión, porque rendirse no es una opción -qué voy a hacer-, y con acción. Todo lo que aprendamos de la acción es garantía de eficacia, porque lo contrario es improvisar o confiar en la buena suerte y si nos jugamos la vida o el pan de nuestros hijos, es una temeridad. Por último, con la flexibilidad adecuada para adaptarnos rápidamente. Debemos poner el foco en el bien común, y para ello es importantísimo la responsabilidad individual y la cooperación, con una misión clara: salvar vidas y empresas.

¿Tendremos que vivir dispuestos a que ese miedo vuelva? ¿Cómo?

El miedo ha venido para quedarse, pero no podemos dejar que tome las riendas de nuestra vida. Hay que escucharle para solucionar todo lo que tememos, pero sin dejarnos secuestrar por él. Es importantísimo confiar en nuestras propias capacidades. Las soluciones van a venir de la cooperación y la interrelación de los datos de diferentes campos de la inteligencia artificial, la ética, la robótica, la estadística, el diseño, la genética, la biotecnología, la inteligencia emocional, las artes y las ciencias.

¿Qué caracteriza a una persona valiente?

La determinación para enfrentarse a situaciones arriesgadas o difíciles, aunque tenga miedo, porque el miedo es de valientes, no de ilusos o temerarios. El valiente es el que tiene una misión, conoce su peligro, toma las medidas y decide actuar, a pesar del miedo.

En estos días hemos visto que el miedo paraliza y, a la vez, es un instinto de supervivencia. ¿Dónde está el punto de medio?

La seguridad total y el riesgo cero no existen. El miedo puede ser un consejero, un detector de peligros y amenazas, incluso te puede salvar la vida, pero también tiende a bloquear nuestro talento y creatividad por su afán de seguridad. El término medio está en lo que nos compensa entre lo que arriesgamos y lo que ganamos.  

¿Qué luz roja nos avisa de que hay miedo y es de los malos?

La certeza de que ese es el camino y aun así no avanzamos por miedo a lo desconocido.

¿Qué papel tienen la cabeza, la voluntad y el corazón en la lucha contra los miedos?

Yo cambio la palabra miedo por “falta de conocimiento”. La información veraz nos va a permitir situarnos en el mapa y elaborar un plan de acción realista. Sin voluntad no hay acción, y al miedo solo se le gana en la acción. En el corazón reside la motivación. Cuando tu pasión es superior a tu miedo, vencemos.

¿Qué da más miedo: enfrentarse a un reto o padecer su frustración?

En su lecho de muerte las personas se arrepienten de lo que no han hecho. Al final, la frustración viene de la mano del arrepentimiento. Cuando decides luchar, te podrán ganar, pero no rendirse marca toda la diferencia. Los sueños que no persigues, te persiguen.

¿Qué nos da más vértigo: el miedo a lo que nos pasa dentro, o el que nos sorprende desde fuera?

Por lo general, al ser humano no le gusta analizarse por miedo a no gustarse o a que haya consecuencias posteriores en su vida. Contra los miedos de fuera podemos encontrar ayuda buscando ejemplos en otros que lo hayan superado. Ayudando a los demás, también encontramos herramientas para superar las tinieblas que van por dentro.

¿Qué porcentaje de miedos se superan viviendo al día?

El cable rojo en la desactivación del miedo es la imaginación, que nos augura un futuro apocalíptico. Es la que piensa que todo va a salir mal. La angustia y el estrés están estrechamente relacionados con imaginar un futuro peor. Vivir el presente es lo único que podemos hacer. En el presente es donde podemos ser valientes plantando cara al miedo.

¿La antítesis del miedo es el amor o la seguridad?

Para mí, la seguridad. A más seguridad, menos miedo, pero quien vive enfocado en el amor ve menos amenazas, ve el mundo lleno de esperanza y para ser valiente se necesita mucha esperanza.

¿La transformación digital es la solución a todos nuestros males?

Si la transformación digital no viene precedida de una transformación de valores, la insatisfacción personal nos devolverá al consumismo feroz. La tecnología es una herramienta muy eficaz si la ponemos al servicio del bienestar, la salud y la sostenibilidad del planeta.

¿Preferimos un like a un acto digno de valor?

Ante un acto de valor el ser humano se inclina, guarda respeto y siente orgullo de defender la propia dignidad.

¿Las redes sociales atrapan nuevos miedos?

Las redes sociales son una proyección de nosotros mismos. En algunos casos, incluso son un altavoz de nuestra determinación por sacar a la luz la verdad. Tras ellas se puede normalizar la mentira sabiendo que no se corre peligro.

¿Qué es el coraje?

El coraje es la fuerza de voluntad ante lo que parece imposible. Decía Voltaire que el coraje no es una virtud, sino una cualidad de los grandes hombres y mujeres. El coraje es mayor cuando no hay vuelta atrás, cuando rendirte no te salva. Uno aprende a ser valiente siendo valiente.

¿Decir ‘no puedo’ es conocimiento propio o invocar a gritos al miedo?

Las dos palabras que invocan al miedo son “no-puedo”. Decirlas anulan directamente nuestras capacidades, porque conducen a la rendición. Si cambias “no-puedo” por “no-puedo-ahora” abres una puerta a la esperanza. No poder es no querer pagar el precio de formarte, esforzarte y dar el paso.

¿Decir ‘no sé’ es honestidad o parálisis?

La verdad llega de la pregunta, no de la certeza. Admitir que no sabes me parece un signo de inteligencia y valentía.

¿Liderar desde el miedo compensa?

No, porque se trabaja para cumplir y se anula el talento y la creatividad. El líder se tiene que preocupar más de acompañar, escuchar y estimular que de controlar.  El miedo crea jefes y anula el liderazgo.

¿El heroísmo es un valor sobredimensionado por Hollywood o una necesidad para las sociedades?

El heroísmo nace de la filantropía, del afán de hacer el bien por los demás. Hacer el bien siempre compensa, a ti y al otro. El héroe se pone al servicio de los otros. Su afán es servir sin esperar el aplauso, ni el reconocimiento. Su recompensa es el bien sobre el mal.

¿La coherencia es de valientes?

Ser fiel a ti mismo, ser auténtico, te permite conectar con tu propósito y avanzar donde otros se rendirían. Nuestra efectividad es muy superior cuando nuestros valores están alineados con lo que sentimos, pensamos, decimos y hacemos. Eso es la coherencia.

Usted ayuda a altos ejecutivos a despojarse del miedo. ¿Por dónde empieza?

Por preguntarles para qué quieren superar su miedo, qué beneficio encuentran en superarlo y con qué identidad quieren afrontarlo. Porque si no saben quién son, no sabrán nunca por dónde empezar. Cuando me enfrento a una amenaza, abandono mis identidades de hijo o padre y adopto la de TEDAX, y desde ahí sé cómo actuar.

¿Una economía del miedo lastra el despegue empresarial? ¿Los conservadores, los que prefieren seguir con el ‘esto siempre se ha hecho así’, en realidad son jefes crónicamente asustados?

El miedo al cambio siempre ha existido, pero no conozco ningún producto, ni ninguna empresa que hayan sobrevivido sin arriesgar. En cada decisión hay una pérdida y una ganancia. El cambio es inevitable. Es una constante en el universo. El progreso es opcional, requiere aprender a hacer cosas nuevas, arriesgar y ahí es donde aparece el miedo a fracasar, pero detrás del miedo está nuestro crecimiento, nuestra superación personal y el éxito profesional.

¿Qué nos mueve al triunfo y cómo afrontar los fracasos?

Estar donde no quieres te impulsa hacia dónde quieres. Ese miedo a fracasar puede ser un gran motivador para esforzarse más, para dar lo mejor de ti. El verdadero motor es tu motivación, tu pasión conectada con tu éxito. Ante un fracaso hay que hacer tres cosas: identificarlo, corregirlo y olvidarlo.

¿Cómo se desactiva a una persona tóxica?

Detrás de una persona toxica hay mucha soledad y mucha incomprensión. Se le desarma con amor y con firmeza. Normalmente esas personas son generadoras de miedos, ponen el foco en lo malo, viven en la carencia, siempre se están quejando y buscando el fallo.

¿Podemos desactivar el miedo sin ayuda de otras personas?

Sí, desarrollando nuestras capacidades y buscando una motivación, una misión, que sea más importante que nuestro miedo. Sin una misión, es difícil dar lo mejor de ti. Sin una motivación que nos empuje, estamos crónicamente en modo-supervivencia. Creo mucho en la determinación como motor del cambio, pero indudablemente rodearse de personas que ya hayan superado tu miedo es un ejemplo claro de que sí se puede. Einstein decía que “la única forma de influir es dando ejemplo”.

¿Qué opina del miedo a la soledad?

La soledad es la ausencia de uno mismo, no reconocer en nosotros la grandeza del ser humano. Es no sentirte parte del universo. La experiencia nos dice que, en la unión, en el equipo, están la fuerza y la supervivencia.

¿Si perdemos el miedo a morir llegaremos más libres a la meta?

El miedo a la muerte está ahí para salvarnos la vida. Para mí es la emoción más importante. Pero también nos puede amargar la vida. En el equilibrio está la virtud. La libertad tiene que ver más con ser los protagonistas de nuestras vidas, que con perder el miedo a morir.

¿Qué ha aprendido de la sociedad en la gestión del miedo durante la pandemia del coronavirus?

Que el ser humano en esencia es solidario. He visto que el cumplimiento del deber puede hacer que afrontemos situaciones sin pensar en lo que tenemos que sufrir y poniendo el foco en lo que debemos hacer. He redescubierto que la humanidad sigue valorando, por encima del dinero o la libertad, a sus seres queridos; que el humor y la creatividad son fundamentales para superar el miedo… ¡Y que los errores se perdonan, pero la mentira, no!

***

Charlar con Julio de la Iglesia es un antes de las bombas y un después de la reconstrucción personal. Sugerente, profundo, humanista de acción todoterreno. En su botiquín las medicinas no saben a medicamento. He aquí un TEDAX con la capacidad de poner su pecho para que las balas que nos dispara la vida pinchen en hueso. Cabeza, corazón, arrestos. Lo que hace este hombre con su talento es una bomba atómica de bienestar personal y social. 

PANTONE DE MIEDOS

El miedo más universal: miedo a la muerte, al dolor a sufrir.

El miedo más habitual de los hombres: a la impotencia sexual.

El miedo más habitual de las mujeres: miedo a envejecer.

El miedo rey de la madurez: a la enfermedad y a no tener tiempo de cumplir los sueños.

El miedo que ‘triunfa’ entre adolescentes: a ser un bicho raro (no aceptado) ¡y a la falta de wifi!

El miedo más absurdo: el miedo a morir, porque nadie se salva.

El miedo menos conocido: el que no se quiere ver.

El miedo que más duele: el miedo al abandono (la muerte de un ser querido o una ruptura) y el miedo a la indiferencia.

El miedo más fácil de curar: el que estás dispuesto a superar.

El miedo más complicado de gestionar: el miedo a lo desconocido.

El miedo más subjetivo: el miedo a no ser capaz.

El miedo más letal: el miedo a ser uno mismo.

El miedo que se cura con dinero: el miedo a ser pobre.

El miedo más crónico: el miedo al fracaso.

El miedo más tóxico: el miedo al diferente.

¿Un miedo insuperable?: el miedo a que les pase algo a sus hijos.

Publicada en la revista Influencers de verano de 2020

Ocho maletas de aire fresco para el verano de las mascarillas

Espido Freire, Nacho Guerreros, Ágatha Ruiz de la Prada, Goyo Jiménez, Natalia Sanchidrián, Cipri Quintas, Aurora Carbonell y Martín Giacchetta nos abren las ilusiones y esperanzas de sus equipajes estivales en el verano con más olas de incertidumbre del siglo XXI.

Sin deshacer las maletas del olvido, pero navegando hacia adelante. Posiblemente nos una que nos enfrentamos al verano más peculiar de nuestras biografías. Después de un confinamiento, hay ansias de pies mojados, risas al sol, descanso sin red, aire puro, horizontes lejanos, personas cercanas.

La maleta es el símbolo de nuestra madurez, nuestra independencia, nuestros deseos, nuestras aventuras, nuestros sine qua non, nuestros océanos. ¿Cómo serán nuestros equipajes en este tiempo estival de olas de incertidumbre? ¿Qué llevamos dentro cuando queremos salir fuera? ¿Qué parte de nosotros nos acompaña en cada paso, aunque sean pasos de avión?

Hemos preguntado a ocho personas que significan aire fresco. Nos han contado algunos flashes de su vida interior. Con ellas y ellos surcamos con optimismo un tiempo de esperanza que sería adviento si no quedara medio año para la Navidad del año que vivimos confinadamente.

Lea el reportaje completo en Influencers

‘Periodismófobo’, ácido y mártir: un mes en el escaño tuitero del diputado Echenique

Unos diez tuits por día. Casi todos en contra de: de los medios de comunicación, del PP, de Vox, de la Casa Real, de Díaz Ayuso, de Ciudadanos, de las grandes corporaciones… El resto de sus mensajes son para ensalzar al líder de Podemos o a los demás morados con plaza en el Gobierno. No hay críticas constructivas. Ni un “perdón”. Ni un “quizás esto podemos hacerlo mejor”. Muchos “el mundo está contra nosotros”. Unos cuantos nombres en su diana, más allá de Vicente Vallés. Los que trajinan con Pablo Echenique en el Congreso dicen que en la vida real es “divertido”, “listo” y “ocurrente”. Que se puede hablar con él. Su ‘escaño’ en las redes sociales habla a gritos desde las antípodas. 

Lea el reportaje completo en Confidencial Digital

Ángel Gómez de Ágreda: “La información es poder, pero la desinformación es mucho más poder todavía”

Foto: Patricio Sánchez Jáuregui

Paracaidista con argumentos testados en tesis. Aviador con una pancarta en la cola: “La verdad nos hará libres. Que lo sepan las máquinas”. Coronel del Aire con los pies en la tierra en un mar abierto de futuros navegables. El Orwell de ‘1984’ ha resucitado para que despertemos de la anestesia tecnológica. Con su distopía, Gómez de Ágreda es un ángel de la anunciación con una buena nueva llena de sentido común: El hombre se hizo libre para habitar entre nosotros. Sin cables de control remoto. No hemos dejado de ser ovejas para convertirnos en robots.  No tiene miedo a Rusia, ni a China, ni a Trump. Siente pánico ante una sociedad crónicamente adolescente. Su batalla es contra la comodidad de vender el alma a la tecnología y teledirigir nuestro futuro al abismo del nihilismo relativista.  Su guerra de paz es un despertador, porque mientras dormimos entre la ingenuidad y la desinformación, el poder y los algoritmos piensan y deciden por nosotros.

Lea la entrevista íntegra al autor de Mundo Orwell. Manual de supervivencia para un mundo conectado (Ariel, 2019) en Confidencial Digital.

Mónica Carrillo: “El periodismo necesita personas lúcidas y valientes que se atrevan a ser honestas hasta el final”

Foto: María Villanueva

La dama de Elche con los oídos libres de rodetes. La Premio Azorín del año que vivimos confinadamente. Periodista. Presentadora. Escritora. La reina tuitera del microcuento.  Lleva veinte años con el piloto encendido con un pie en el plató y el otro en muchas casas. Desde que terminó la carrera comenzó el despegue. Cada fin de semana, a las tres en Antena 3, junto a un tal Matías. Doce años de tango Carrillo-Prats haciendo periodismo con tono propio, cabeza, corazón y guiños. Mónica en tapa dura desde 2014. Primero, La luz de Candela. Después, Olvidé decirte quiero y El Tiempo. Todo. Locura. Ahora desnuda la triple vida surrealista que tenemos todos sin ser Fernando Pessoa. Porque las líneas heterónimas de nuestra intimidad no significan esquizofrenia, sino libertad.

Lea la entrevista íntegra en Confidencial Digital.

Primero: reconstruir la política. Después: levantar el país. Así habla el CIS real de la España post-Covid

El buzón abierto por el Congreso de los Diputados para la participación ciudadana en la Comisión de Reconstrucción sí que es un CIS: de quejas, de prioridades, de valoraciones, de estado de ánimo social, de aportaciones. Entre las propuestas particulares hechas, la responsabilidad política frente a la crisis, la reducción de los costes de la Administración, la mejora de la sanidad y la estabilización de los cerca de 800.000 interinos públicos son las propuestas más recurrentes. Las sugerencias transmiten una visión social pesimista, poco confiada en la eficacia de las Cortes, y con ganas de nuevas soluciones para la nueva normalidad.

Lea el reportaje íntegro en Confidencial Digital

El ‘positivo’ de Martínez-Almeida

Fotos: Josemaría Sotomayor

Fue el anti Madrid Central “sin argumentos” y ahora es un político “educado y competente” con quien algunos ciudadanos se irían de cañas. La gestión del covid en sintonía con la oposición le convierte en una referencia de buen gobierno a un pueblo que se ha despegado ya de su morriña por Manuela Carmena.

Lea el reportaje en Confidencial Digital

La pancarta por el todo

Margarita Robles: Si se “demuestra” que no debió celebrarse el 8M “no pasa nada por reconocerlo”. Punto.

Todos los indicios demuestran que las manifestaciones del 8M fueron imprudentes, porque se admitieron sin tener en cuenta las recomendaciones de salud pública. Busquen la huida en la Guardia Civil o en la ultraderecha, pero cuidado, porque el precipicio es transparente.

El Gobierno ha defendido la pancarta del feminismo como si esa fuera la esencia de toda su defensa de la igualdad de las mujeres. Y lo ha hecho como un Ejecutivo excesivamente simple: el 8M no se toca, caiga quien caiga. Solo cuatro ciegos ven en la manifestación el foco de la pandemia. La calle lo que ve es una imprudencia mantenida con el discurso, una irresponsabilidad con guinda de Pedro Sánchez: “¡Viva el 8M!”. ¿Habría sido mejor evitar esas concentraciones en toda España? Sí. Punto. No pasa nada: en 2021 se sale de nuevo si el virus nos deja y, mientras tanto, seguimos todos luchando por la igualdad tomando las calles sin necesidad de una foto cenital.

La batalla por la igualdad de las mujeres es una conquista social que nos concierne a todas y todos. Pero eso no significa que comulguemos con la estrategia oficial. Solo un movimiento excluyente se sentiría atacado entre opiniones expuestas en escala de grises. La pancarta es solo un símbolo. El todo es el diálogo que salva las injusticias y construye un futuro realmente igualitario. No se puede pelear con la igualdad buscando permanentemente la confrontación que lo divide todo.

La gente lo ha visto con sus propios ojos: de la cabecera del 8M han salido casos positivos de coronavirus. Puede ser una casualidad. Pero también puede ser una irresponsabilidad. Carmen Calvo, Irene Montero, Begoña Gómez y otras mujeres anónimas. África Lorente encabezó la manifestación del 8M en Castelldefels (Barcelona), y falleció por la covid-19 en los primeros días de mayo. ¿Casualidad? Puede ser. ¿Pero qué necesidad había de jugar con fuego? Ninguna, en los parámetros de la sensatez y la prudencia. Mucha, en la trinchera ideológica de convertir el día de las mujeres en una bandera exclusivista a la que ahora seguirá la sombra de los muertos.

Los jueces dirán la última palabra, porque este Gobierno no ha sido capaz de decir las primeras: “Quizás nos equivocamos”. Y ya es tarde. Cuando tomas la pancarta por el todo solo ves un palo donde hay un bosque de personas trabajando por la misma causa común. Algún día habrá que entrar al debate sereno sobre el uso político del feminismo. No me cabe ninguna duda de que la izquierda ha liderado esa defensa pública de la igualdad con palabras y con hechos. Y tampoco me cabe ninguna duda de que lo que era un puente se ha convertido en un muro y en un arma. Este feminismo generalizado genera menos anticuerpos sociales contra el machismo evidente, porque su permanente afán de tachar al que matiza o discrepa lo está convirtiendo en una secta.

El día que las mujeres -variadas, diferentes- se liberen del yugo oportunista de los partidos políticos todo será más auténtico, más creíble, más sensato, más constructivo, más sano y más real. Igualdad sin jaulas. Vuelen. Volemos.

Palabra, valentía, frío, distancia y acero

Me parece lista, interesante, capaz y necesaria. Es culta, está por encima de la media -que está por debajo de la media-, es valiente, y va a contracorriente en un mundo adicto al rebañeo. Hablo de Cayetana Álvarez de Toledo.

Mis peros al olmo:

Imagen: parece una mujer fría y distante que empatiza poco por dentro (su partido, otros compañeros de profesión) y por fuera (la calle). Romper ese hielo derretiría, quizás, el mote de marquesa. Imagínense a Cayetana con guantes de nitrilo y una mascarilla que baja a tirar la basura. Álvarez de Toledo proyecta una imagen de perfeccionismo-TOC y es difícil empatizar con un polo de Avidesa. La escuchamos valiente y aguerrida. La vemos como insegura con el cuidado obsesivo de su imagen. Hágase un Martínez-Almeida: hágase voluntaria de Cáritas o pasee por Villaverde. Si lo suyo son solo los análisis y los dardos de la palabra, la sabiduría popular la relegará a una biblioteca. O a un Instituto Cervantes. La vemos como una mujer para los momentos heroicos -voy a TV3 y la lío parda, me meto en las bullas sin que me tiemblen las piernas-, hecha solo para los momentos heroicos. Ofrézcanos momentos ordinarios. Un paseo. Una cerveza en terraza. Incluya humanidad en su política de acero.

Actitud: Tú me llamas marquesa en Boston, yo te mando al California del FRAP saltándome muchos pasos de prudencia en la misma jugada. Basta un gesto así para embadurnar de soberbia una trayectoria política. Porque ella lo tiene más difícil que muchos mediocres que juguetean en el Congreso. Debe asumirlo. Controlar su genio es un reto. Debe preparar sus intervenciones igual, pero cambiando el público objetivo. No le hable solo a Carmen Calvo. Hable a la gente de la calle que la ve distante, muy lustrosa en lo verbal, poco habitual en los hechos. Ir por libre en un partido es una apuesta sensata para la opinión pública, pero hágalo ganándose a su gente. Probablemente, muchas de las zancadillas que le ponen procede de su gente. Demuestre que es inteligente no solo en el uso de la palabra. Y pida perdón: eso lo humaniza todo casi instantáneamente. Podemos entender que tenga carácter, pero no que no sea capaz de mejorarlo. Porque, en el fondo, los ciudadanos entienden que un político que no admite sus errores, es incapaz de ver la realidad con honestidad. Y dé las gracias. ¿Le tienen demasiado respeto sus colaboradores más cercanos? ¿Alguno se acerca de cantarle las cuarenta con respeto? Dar las gracias sin que suene a ironía es un arte lleno de autenticidad.

Sinceramente, pienso que es la persona más preparada para ser portavoz del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso de los Diputados. Pero o derrite el hierro sin derretir sus esencias, o quemará sin querer todo lo que toca. A la cabeza y a la voluntad, unas gotas de corazón y justa vulnerabilidad le sientan a la perfección.

De la posverdad a la ‘qué-más-dad’

Posverdad es una palabra ideológica que entronizó el Diccionario de Oxford en 2016 para atacar de un tirón al Brexit y justificar la victoria de Trump echando la mierda encima de los medios de comunicación. En el fondo, desde el principio era un neologismo que pretendía plantar en la raíz de una democracia no compartida el prejuicio de la perenne mentira. No niego que detrás del Brexit y de la victoria de Trump haya mentiras así de grandes. Lo que digo es que las mentiras se han convertido en el hilo conductor del guion de una política impregnada de populismo. En 2016 y, con más fuerza, en pleno 2020 y después de una pandemia vírica donde el mal gobierno ha sido la tónica general.

En cuatro años, la posverdad ha ido engordando en los gabinetes políticos internacionales. En el caso de los partidos políticos ya es un modus operandi sin problemas de conciencia. En el caso de los partidos populistas de izquierda y de derecha radical es el bastidor de cada estrategia.

Los ciudadanos hemos aprendido a sufrir la política sorteando la posverdad y ya no nos creemos ni las verdades. Hemos aprendido a sobrevivir entre una pandemia de políticos mediocres adictos a la destrucción. Pero también hemos caído en el juego sectario de pensar que el partido al que votamos con la nariz tapada es una extensión de nuestra esencia. Hemos caído en la trampa de radicalizarnos en nuestras casas. Hemos caído en la tentación de hacernos hooligans de barrio defendiendo a unos políticos que nos usan como guantes de nitrilo para excusar su tremenda incapacidad de gobernar con hechos.

La posverdad ha derivado en qué-más-dad, porque el arte de empotrar mentiras en el discurso político con la máxima impunidad está en la edad de oro de la desvergüenza. No llueve, nos mean desde el balcón de los privilegios. No nieva, son copos de gapos congelados por la frialdad de unos servidores públicos aburguesados. No truena, son ruidos de la ultraderecha o de la ultraizquierda que buscan desgastar lo que está más tísico que el futuro de nuestras sociedades.

Qué-más-da todo. Una mentira en sede parlamentaria es una bengala de ingenio. Un bulo oficial es el axioma del argumentario. La ética política ha sido prostituida con alevosía por enfermos del vicio. Y detrás de todo este lupanar de política ficción se calienta una sociedad sin trabajo, sin derecho a quejarse, con miedo a que pinten en las jambas de su puerta: aquí vive un facha de manual.

Qué-más-da en boca de la portavoz del Gobierno. Qué-más-da en los ojos de un ministro acosado por un pronto de soberbia, que se nota en los ojos. Qué-más-da en una oposición que escupe “terrorista” y un Gobierno que pide a muchos miles de españoles que cierren al salir, porque este país es solo para quienes se han tatuado mi cara en los alrededores del pecho de lata. Qué-más-da la calle. Qué-más-dan los profesionales sanitarios que se han dejado la piel hasta las llagas de flagelo. Qué-más-da poner una multa social a la Guardia Civil, un Cuerpo maltratado por niñatos que juegan a ser políticos quemando nuestras instituciones.

Qué-más-da mentir a los medios, sortear sus preguntas, amenazar sus principios profesionales -los que los mantengan-, arruinar su veracidad con un tuit maquiavélico, insultarlos en abierto, empalar en plaza pública la libertad de expresión metiéndole un troyano de ética sin ética por donde cagan el alpiste las palomas. La triste levedad del odio palpitante es el motor que destruye la honestidad hasta convertirla en el mínimo común múltiplo en peligro de extinción.

Qué-más-da todo. Qué-más-da que votemos. Qué-más-dan estos partidos políticos envejecidos de ombliguismo barato, oportunistas, simples, ególatras, dañinos. Qué-más-da una justicia acosada sin rubor. Qué-más-da que nos escupan en Moncloa si, al fin y al cabo, Moncloa es el templo. Hemos sacado a Dios de las calles para convertir en dioses sin escrúpulos a unos políticos chacales. Qué-más-da si ha merecido la pena la idolatría.

Es injusto quemar a granel. Lo sé. En esta tierra quemada a conciencia hay excepciones de mujeres y hombres grandes. Es injusto no admitir que detrás de los buenos y de los malos -el fin desentraña a las personas- hay muchas horas de trabajo, muchas noches sin dormir. Efectivamente.

Hay gente que se agota levantando muros, incendiando vergeles e inundando de barro las esperanzas que nos quedan. Nada más triste que apostar la vida entera a correr en dirección suicida. Qué-más-da si en el camino hacia el fondo arrastran a una sociedad ejemplar en la pandemia, pero inmadura para tratarse de este síndrome de Estocolmo.