Dafne Fernández, la ‘poliactriz’ de la elegante versatilidad

Entrevista publicada en la revista Influencers de enero-febrero 2020. Fotos: Jesús Cordero.

Dafne es un nombre propio que procede del griego y significa ‘laurel’. Una lauréola es el reconocimiento entregado como recompensa a poetas, deportistas y guerreros en la antigua Grecia y Roma. ¿Y han visto esos laureles que abrazan los logos de los premios de cine? Todo encaja, porque todo está en el ADN. Después de 24 años sobre las tablas y detrás de las cámaras, a Dafne Fernández le rebosan los laureles en la despensa de su trayectoria. Así, entre pionera, poeta, deportista y guerrera, la actriz poliédrica que ha maridado el cine con la danza reposa su carrera con la suave elegancia de una bailarina precoz que ya es madre, y que quiere rodar por los escenarios del cine sin fronteras.

Entre Marisol y Carmen Maura. Habitual en el drama y enamorada de la comedia. Una perfecta conocida entre los telespectadores de los cinco últimos lustros en pantallas de todos los tamaños: desde que Carlos Saura le dio el Pajarico, hasta que voló sobre el nido de Álex de la Iglesia. Desde Un paso adelante, hasta todo un camino vital. A veces en Tierra de lobos -porque ser artista es vivir en una montaña rusa de estrellas e incertidumbres-, y a veces con nombre de tango, como Malena, con la dulzura de una actriz elegida para bailar muy pegada al cine español.

Álvaro Sánchez León | @asanleo

Érase una vez una niña madrileña que recitaba poemas, hacía teatro y bailaba en casa. Jugaba a sentirse actriz, a representar papeles soñados, a reverenciar al público doméstico. Se maquillaba. Se disfrazaba. Luces, cámaras y acción de andar doméstico. Se iba a llamar Luna María Graciela, pero el mito de Apolo golpeó a sus padres y entonces Dafne Fernández empezó a desplegar su lozanía artística entre las cuatro paredes de su hogar, en el brasero auténtico de su familia. Ahí empezó todo.

Fue un día anodino sin fecha, y fue en un periódico. Sus padres leyeron un reclamo de “se busca niña de entre 8 y 10 años para un anuncio de publicidad” y allá que llevaron a la moza precoz. Más que un “mamá, quiero ser artista” su historia empezó con un “esta niña vale, ayudémosla a ser artista”. Aquel fue su primer casting y su primera elección. Sus primeros pinitos en el arte de dar la cara en público fueron aquellas fotos, pero ella quería vida, realismo, movimiento. Y por eso entendió desde muy joven que lo suyo era el cine y era la danza, como las dos ramas paralelas que afloran de las manos de la Dafne original antes de convertirse en laurel mientras huía de Apolo.

Agarrada a la barra de madera maciza de su familia, donde se apoya y practica los ejercicios, Dafne Fernández avanza entre adagios y alegros. Con sutil audacia e infantil tenacidad, entre grands battmente y petites battmente, la joven de la perla con talento es seleccionada entre dos mil chicas de su edad para entrar en el Conservatorio Profesional de Danza. Arranca el pisoteo elegante de una niña que gira y ya es adolescente; que gira y ya es joven; que gira y ya es mujer.

En ese último giro en el tiempo estamos ahora, sentados en pecera de cristal después de una sesión de fotos donde han quedado inmortalizados algunos ángulos de su natural versatilidad. Risueña. Valiente. Tímidamente resuelta. Feliz de ser madre. Con la ilusión de dar a luz mucho más cine, a sus 34 primaveras, y con la madurez “de haber descubierto, por fin, qué es el amor y qué es el miedo; dos condiciones necesarias para ser una actriz de verdad”.

El primer papel

En 1994 Almudena Grandes publicó en Tusquets Malena es nombre de mujer. Fue su tercera novela y todo un éxito editorial. Dos años después, aquel libro fue la primera película de la vida de Dafne Fernández gracias a la oportunidad de Gerardo Herreros. “Allí, en aquel rodaje con Ariadna Gil, Marta Belaustegui, Carlos López, Luis Fernando Alvés, Isabel Otero, Alicia Hermida o Alicia Agut, aprendí del director -fundador de Tornasol Films– lo que eran los pequeños detalles en el mundo cinematográfico”. Según el Ministerio de Cultura, la película en la que Dafne hizo su debut como Malena-niña, tuvo 344.192 espectadores y recaudó 1.145.346,37 euros.

Con paso firme, en 1996 hizo también de cría inocente en la serie Canguros, para Antena 3. En aquellos platós de su infancia, coincidió con Maribel Verdú y Luis Merlo, y con otros niños que iban para actores hechos, como Aarón Guerrero, Jimmy Castro, Yohana Cobo, Alicia Beisner, Álvaro Monje o Lidia San José.

Entre plano y plano, Dafne tiene la ilusión “de no defraudar a sus padres y a todas las personas que apuestan por ella”. Se forja así un carácter híper responsable que se acentúa durante la primera juventud y que ahora combina con el disfrute de un trabajo que es pasión. Pero la vocación germinaba por entonces con cabriolas de prometedora proyección. Al compás de sus saltos con tutú, Dafne va creciendo en homogénea proporción “con un estilo propio, muy identificativo. Tengo un carácter de elegancia natural por mi paso por la danza clásica, pero eso no significa un muro infranqueable para mi trabajo, porque igual que me atraen los papeles suaves, también me encanta interpretar a personajes de barrio”. Pero la prensa le piropea con odas así: “Solo una bailarina clásica es capaz de convertir cualquier leve movimiento en pura elegancia”.

En 1997 el director Carlos Saura posa en ella su objetivo para su película más sentimental y la convierte en Fuensanta, coprotagonista de Pajarico junto a Alejandro Martínez. Vuela allí libre la primera adolescencia de la actriz junto a grandes de su gremio, como Paco Rabal. Con Saura ella descubre “la auténtica sensibilidad” en el séptimo arte.

Entre películas –Resultados final (1998) o Goya en Burdeos (1999)- y series –Paraíso (2000) u Hombres Felices (2001)-, Dafne desemboca ante las cámaras de otro gran director en La caja 507 (2002). Al borde la mayoría de edad, con Enrique Urbizu descubre “el salvajismo, que iba desde aprender a liarme un porro para la escena, hasta quemarme viva y disfrutarlo”. En aquel rodaje coincide con Jose Coronado, Antonio Resines, Sancho García, Goya Toledo… y vivió de primera mano el trabajo de orfebrería profesional que avala que la película recibiera ese año el Goya a la Mejor Dirección de Producción.

Un paso adelante

En 2002 llegó Un paso adelante, un fuerte punto de inflexión en la carrera de Dafne. Cine y danza se casan entonces en su interpretación gracias a la serie creada por Daniel Écija. Por aquella época, ella está terminando la carrera en el conservatorio y pasapalabra a la propuesta de actuar en la primera temporada. “Cuando la empezaron a emitir dije: ‘¡Madre mía, si es que esta es mi vida! ¡Me encantaría ser yo la que cuente cómo es esta profesión! Por suerte, me volvieron a llamar para la segunda temporada”, y hasta 2005 y su sexta temporada en Televisión Española, Dafne es actriz principal. Coincide en ese baile juvenil con Beatriz Luengo, Miguel Ángel Muñoz, Mónica Cruz, Juan Echanove o Esther Arroyo.

Para todos los papeles entre 1996 y 2002 la buscan. ‘Dafne, te necesitamos’. Dos o tres grabaciones cada año. Empalma Un paso adelante con sus papeles de Lucía y Rebeca en Hospital central. Y con las peripecias pop de Upa Dance. Y en 2008 fue Luna en la octava temporada de Los Serrano, junto a Lydia Bosch y Julia Gutiérrez Caba.

En estos primeros años del milenio, se desata su fama. “Fue horroroso. Empecé a tener fobia a los espacios muy abiertos y a las multitudes. En realidad, todo aquello me abrió muchísimas puertas. Lo disfruté una barbaridad”. La fama cuesta, también porque Dafne es “tremendamente tímida. Creo que soy actriz para no juzgarme desde mí misma, sino hacerlo a través de otros personajes”. Y en su currículo oculto, además del talento avalado por diferentes directores y muy diversos compañeros de rodaje, se incluye el perfeccionismo, “porque siempre me ha gustado tener el control”.

Se diluye la carrera en el universo de la danza, pero todo aquello le imprime un carácter para siempre. Soñó con formar parte del American Ballet y de la compañía de Nacho Duato, pero el cine apostó más fuerte. “Cuando terminé de formarme en el conservatorio tuve que decidir: la danza y sus siete u ocho horas al día, o la inestabilidad de ser actriz. Yo siempre he querido ser muchas personas y vivir muchas vidas, así que opté por lo que intuía con la cabeza y hacia donde me arrastraba el corazón”.

Siguieron llegando guiones y papeles para series –UCO (2009), SexoEnChueca.com (2010), Inquilinos (2013) o Tierra de lobos (2010-2014)- y largometrajes -(Malamuerte (2009), Entrelobos (2010) o Real Playing Game (2013)-.  Entre 2014 y 2016 fue Mati Herranz en El Chiringuito de Pepe y en 2017 forma parte del reparto de una de las películas del año: Perfectos desconocidos. Con Álex de la Iglesia “aprendí de técnica, porque todo él es técnica, y todo lo que hace es una locura deliciosa”. Junto a Belén Rueda, Ernesto Alterio, Juana Acosta, Eduard Fernández, Beatriz Olivares y Eduard Noriega, se confirma que la versatilidad de Dafne Fernández está llena de cobertura, comunicando cine vivo con denominación de origen polifacético.

Joven, madura, realista

Desde Malena es nombre de tango (1996) hasta Perfectos desconocidos (2017), “he pasado por muchas fases”, confiesa Dafne. “Al principio todo era un juego más que un trabajo. Después, para estar más segura, fui estudiando interpretación. Combiné el tirarme a la piscina con tener fuste. Ahora, a los 34 años, tengo mucha experiencia profesional y más vivencia personal. Todos los personajes que he hecho me han servido para conocerme mejor. Ser madre me parece una gran herramienta para ser actriz, porque aporta muchos matices reales que son esenciales para actuar con credibilidad”.

Ahora que los Goya han puesto a Marisol en la vitrina de honor del cine español, se observa que la malagueña y Dafne tienen un principio común: el arranque en la más tierna infancia o la dulzura de muchos personajes. Pero la experiencia de la poliactriz es sana, divertida, por eso sigue enamorada del cine, al que pide ahora “papeles de treintañeras” y que no vea la maternidad como un freno: “Lo único malo de ser madre es que en el mundo cinematográfico se te descarta a priori, no sé muy bien por qué. Yo puedo trabajar embarazada y durante el periodo de lactancia sin problemas”.

Después de una etapa-vergel, Fernández transita ahora la cuesta de los treintaypocos: “Que nadie se engañe: ser actriz ofrece muchas oportunidades maravillosas, pero no es oro todo lo que reluce. En esta carrera de fondo también hay momentos de sequedad y de mucha incertidumbre. A las actrices noveles que se adentran en este mundo les aconsejo que no dejen nunca de estudiar el cine clásico, que vean las series y las películas que hay que ver, porque muchas veces eso se olvida. Las animaría a que se formen constantemente, a que no desaprovechen ninguna oportunidad, y a que sepan que un día estás arriba y otro día estás en el banquillo, por eso hay que saber gestionarlo bien para andar con soltura entre detrás del telón”.

Apasionada con “seguir contando historias” ante las cámaras, Dafne sigue andando la película de su primera madurez. Con proyectos e ilusiones.

             -¿Qué factores hacen falta para que un director cuente con una actriz con experiencia, de las muchas que sois en España? ¿Currículo de trabajo bien hecho? ¿Suerte? ¿Factores que no se controlan?

             -Afecta mucho el trabajo bien hecho, y la suerte, porque puedes haber hecho muchos trabajos buenos y caer lentamente en el olvido. Además, hoy cuenta mucho un factor que me parece muy relativo: constatar muchos seguidores en las redes sociales…

Pulcra, con piel dramática, con dulzura elegante y con vis cómica. De las que dan el cien por cien sobre la tarima “y encima, ahora es cuando empiezo a disfrutar de verdad de lo que hago”. La versatilidad en zapatillas de ballet. De Versalles y de barrio. De Apolo y de Urbizu. De seda y sedal. Con carrete para seguir grabando la mucha vida que le quede por delante.

El laurel es un árbol de hoja perenne y tronco recto con aires de arbusto. Sus hojas azuladas, alternas, lanceoladas y aromáticas la hacen inconfundible en un mar de plantas diversas. Dan flores en primavera, pero desprenden su candor durante las cuatro estaciones con envidiable vivacidad. Sus ramas de contornean con el viento, cuando hay viento, y se mantienen enhiestas cuando aflora la sequedad. Digna, bella, fresca, lozana, mediterránea, saludable, inspiradora, medicinal. Dafne Fernández pudo ser Luna María Graciela, pero se llamó como anunciaba su profecía.

FLASHES DE FOTOMATÓN

¿Qué actrices españolas te inspiran?

Carmen Maura, Carmen Machi, Natalia de Molina, Anna del Castillo…

¿Una película por la que fuiste actriz?

El día de la bestia. Me conmovió muchísimo.

¿Un director con el que te encantaría trabajar?

Rodrigo Sorogoyen.

¿Otros?

José Antonio Bayona, Alejandro Amenábar, Pedro Almodóvar…

¿Te ves de chica Almodóvar?

¡Sí! Me encanta que me dirijan como hace él.

¿Los Javis nunca te han guiñado un ojo?

Veo todo lo que hacen, porque tienen un talento enorme. Pero ellos trabajan siempre con las actrices de su club…

¿Con qué actores te gustaría coincidir en un proyecto cinematográfico?

Con Javier Rey, Luis Tosar…

¿Con Antonio de la Torre?

También, pero en este país hay más actores que Antonio de la Torre…

¿Te gustaría entrar en el mundo de las plataformas digitales?

Sí. Están haciendo cosas muy buenas y, además, es lo único que veo con salida.

¿Qué estilo de serie te atraería?

Una de mujeres treintañeras.

¿Tipo Las chicas del cable?

Estaría encantada, entre otras cosas porque me encanta el look de la serie, pero no es mi tipo. Si se puede elegir, prefiero una más gamberra. Algo como Sexo en Nueva York, pero made in Spain. Una serie que cuente la realidad de las mujeres de mi edad. La vida perfecta aborda algo de esto, pero aquí hay más filón.

¿Una vida para encarnar en el cine?

¡Muchas!

¿Cómo va lo de ser Isabel Preysler?

Pues es un proyecto parado desde hace tiempo.

Igual ahora ese papel lo podría hacer Tamara Falcó, que está muy mediática.

¿Pero Tamara no quería ser monja?

¿Le atraen los musicales?

Sí, hice Fama.

¿Y musicales en modo película?

¡Me encantaría!

¿Un La La Land?

¡Guau! Un La La Land, un Moulin Rouge, un El amor está en el aire… ¡Me chiflaría!

¿Y un Tarantino?

Físicamente podría ser una Kill Bill danzando sobre la sangre (risas).

¿Una música para bailar a solas?

Cualquiera, menos la que grita, porque no es bailable. En casa siempre me pongo música clásica.

¿Una pieza para bailar en público?

Bad guy, de Billy Elliot.

¿Un lema para tatuarte de por vida?

Actúa con el corazón sin hacer daño a nadie.

¿Te gustaría que tu hijo se dedicara al cine?

Si es lo que quiere, me encantaría. SI una persona es artista, es artista, y eso no se puede tapar, aunque esta sea una vida muy inestable. Si quisiera dedicarse al mundo de la danza tendría más dudas… Uno de mis agobios es dejar algo en el futuro por si a mi hijo le da por entrar en el cine y pueda hacerlo sin estar pendiente de las necesidades.

María de León: “Un influencer sin misión ni es influencer, ni durará mucho”

Entrevista publicada en la revista Influencers de marzo-abril de 2020

Pionera, emprendedora, dinámica, apasionada y preparada. La influencer humanista lleva años en las redes sin atarse a lo políticamente correcto, ofreciendo contenidos, y mostrando con naturalidad sus esencias. El poder de lo auténtico ha hecho que esta experta en comunicación se convierta en una joven influyente con estilo propio. Con su proyecto Think 2BU, María de León acompaña también a quienes surcan el mar 2.0 para que no se ahoguen entre las subidas y las bajadas de las olas que ella ya ha surfeado hace tiempo.

Álvaro Sánchez León | @asanleo

Base: María de León (Sevilla, 1981) no es una influencer al uso. Lleva más de una década ofreciendo estilo y contenidos. Lleva más de una década transmitiendo mucho más que una imagen. Lleva más de una década caleidoscópica entre moda, arte, filosofía, salud, deporte, gastronomía, lifestyle, cultura, asesoramiento, solidaridad, comunicación, coaching y optimismo vital.

Fuste: En estos diez años, María de Leon ha combinado el prestigio con la formación permanente. La cosecha, con el cultivo de nuevos retos. La marca personal con la lógica aplastante de la coherencia. En su columna vertebral no hay restos de postureo. Por eso no es una influencer al uso.

Capitel: Además, esta joven fotogénica a la que todo le sienta bien, que sonríe desde Instagram, personifica la esencia de la belleza, interior y exterior. En sus hojas de acanto hay viajes solidarios al Congo, donde perdió la audición. Y ánimos para las pymes promocionando productos de “nuestra tierra” que ayudan a consolidar el trayecto de los emprendedores. Y muchas amistades, y muchas jóvenes que se miran en su espejo. Y muchas mujeres top que quisieran haber sido, en realidad, como ella.

Café con esta columna-Cariátide en una esquina de Madrid. Café intenso.

Comunica naturalidad y estilo. Diversión y cultura. Alegría y responsabilidad. ¿Es un modelo de influencer bastante a contracorriente?

Es un modelo de comunicación natural, porque me gusta transmitir mis esencias. No navego en los mares de las tendencias. Me expongo atendiendo a lo que me dictan mi cabeza y mi corazón.

Con mucha personalidad, pero abierta a un mundo apasionante de moda, belleza, tendencias, viajes, seguidoras y seguidores. ¿Cómo se consigue gustar sin necesidad de ser aséptica para gustar más?

El secreto está en tener la confianza suficiente para ser una misma y no dar ningún paso en dirección contraria a lo que dictan nuestras esencias. El postureo vacío puede gustar, pero es falso. Tarde o temprano eso se cae. Para mí, el éxito no es que a los demás les guste lo que hago, que es un sano reconocimiento, sino ver que en el trayecto mejoramos como personas, siendo coherentes con nuestra forma de ser, y ofreciendo un servicio de calidad.   

¿Lo auténtico vende mejor?

En estos tiempos en los que se mide todo en clave de productividad cada vez es más importante saber qué misión tiene cada uno en las redes sociales. Yo diferencio al influencer de mirada miope, que utiliza el universo digital para su exclusivo beneficio, y el de mirada amplia, que trabaja en clave de beneficio social a través de su comunicación.

¿A más autenticidad, más crece como personas y más la quieren las personas que la siguen?

Ya nos hemos dado cuenta de que la imagen no es lo único importante. Ha llegado el momento de profundizar, también en el mundo de las redes sociales. Pensar por libre es un reto prioritario en la era de la infoxicación, y para eso es clave decidir qué leemos y a quiénes seguimos.

Como experta en comunicación, ¿cómo se logra que la marca personal no transmita egolatría?

Avanzando mirando siempre a los demás. Llevo presente en las redes sociales desde hace tiempo y he visto la evolución. Instagram, por ejemplo, antes me parecía más natural. En estos años he ido viendo que algunas chicas jóvenes que querían influir y se han visto muy afectadas en su autoestima viviendo crisis psicológicas potentes. Por eso puse en marcha Think 2BU coaching, para aportar mi granito de arena. Me especialicé como coach en liderazgo en red en la Universidad Francisco de Vitoria. Ese peso académico me facilita transmitir mi experiencia con rigurosidad. En el fondo, me dedico a acompañar a personas a reflexionar sobre las decisiones de su vida.

¿Qué le parecen esos conatos de campaña social para tumbar el fenómeno influencer?

Las personas influyentes han existido siempre: deportistas, personas del ámbito de la cultura, actores, actrices, literatos, artistas, científicos… Hay que aceptar que el mundo de la comunicación ha evolucionado y ahora la conexión personal gana impacto en el eco de la comunicación. Los influencers sirven para comunicar, pero es importante que las personas influyentes sean conscientes de su responsabilidad.

No todos los influencers son iguales, claro.

Yo, por ejemplo, le dedico mucho tiempo a trabajar las cosas que transmito. Detrás de mis propuestas de viajes hay muchas horas, y eso no se puede menospreciar. El rigor, el criterio, la autenticidad, la honestidad, la responsabilidad y la coherencia en los contenidos son elementos suficientes para valorar a las personas que influyen en las redes sociales, entre otras cosas, porque, a veces, somos más independientes que los periodistas. Dicho esto, es importante saber que muchos lectores se quedan en la imagen y en las etiquetas, y no se leen los contenidos. Es una pena, pero es la realidad.

Algunas personas hacen del fenómeno influencer una profesión…

Ser influencer es una consecuencia, y depende de los demás. Yo no soy influencer. Soy una persona emprendedora, trabajo en el ámbito de la comunicación, me reinvento constantemente. Dependo de mí misma desarrollando campañas de comunicación con empresas diferentes. Ser influencer de profesión es ridículo. Además, un influencer sin misión diseñado solo para vender, en realidad ni es influencer, ni durará mucho.

¿Las marcas están usando bien a los influencers?

Las marcas deben ver qué personas influyentes de verdad casan con sus valores de marca. El reto está en saber elegir con quiénes cuentan como altavoces, no solo para vender, sino para contar qué hay detrás de su producto.

¿Cómo navega usted las redes sociales?

Las redes sociales son fundamentales. Nos permiten tener voz propia a todos, algo inimaginable hace poco. Además, en estos momentos de incertidumbre masiva, redes como Twitter nos permiten ir directamente a las fuentes sin pagar el peaje subjetivo de los intermediarios. Las redes sociales se pueden usar para bien y para mal. Lo importante es que en este escenario convulso donde la credibilidad está por los suelos y donde vemos pocos líderes que representen grandes valores, respetemos estas plataformas de comunicación.

¿Qué personas públicas le atraen por su modo de ser, estar y aparecer?

Rafa Nadal representa mis valores a la perfección.

Además de comunicar mucho, escucha y acompaña como coach para ayudar a otras personas a desbloquear enquistamientos o encender la audacia de los retos. ¿La confianza en uno mismo es un tesoro en peligro de extinción si nos comparamos siempre con lo que vemos en las redes?

Efectivamente. Por eso es importante que cada persona se atreva a pensar y tenga su propio criterio libre y argumentado. Aceptarse de verdad es un reto clave en nuestro desarrollo personal. Lo contrario -negarse, compararse, etc.- solo sirve para perder energía y frustrarse más de la cuenta en el camino.

¿Qué moda le interesa?

La moda española. Soy una gran defensora de nuestras marcas y del talento en el sector que deslumbra en nuestro país.

¿Por qué viajar nos hace más universales y por qué ser más universales es positivo?

Cuando salimos de nuestra zona habitual vemos el mundo con más objetividad, con menos personalismo, y con una educación y una cultura más amplia. Conocer otras ciudades y otros continentes nos ayuda a empatizar con personas diferentes, nos hace más comprensivos, más tolerantes, más flexibles.

¿Qué imagen espera que tengan de usted sus seguidores?

La que proyecto… Más que la imagen, lo que me preocupa es que mis contenidos les sirvan y les ayuden. Veo que a la gente le gusta que transmita mis creencias, mis cosas con naturalidad. ¿Tiene sentido censurarnos a nosotros mismos por miedo a que nos etiqueten? ¡A mí me da igual! ¡Ya me han etiquetado decenas de veces!

Usted transmite también que nos sobran cosas y nos faltan experiencias.

Como diría López Quintás, estamos en un nivel cósico. Tampoco podemos ver las experiencias como el ansia de meter ruido en nuestras vidas. Entiendo el sentido sano de las experiencias como vivencias que nos ayuden a evolucionar. No se trata de coleccionar experiencias, sino de vivirlas para crecer. Cada vez me agobia más tener cosas. Con los años me doy más cuenta de eso. Uso cosas, muchas me vienen bien, y cada vez tengo menos y comparto más.

¿Por qué no tiene haters?

Seguro que tengo, pero me respetan mucho. Creo que eso es producto de la coherencia. Pero seguro que están ahí… A las personas que me critican de manera constructiva las escucho siempre. A las que insultan no les doy ninguna importancia.

UNA EMBAJADORA DE LA SEVILLA UNIVERSAL

María de León anda de aquí para allá con una maleta llena de paraquienes en un universo digital muy dado a la parafernalia. Vive en Madrid y es una mujer de mundo, pero las raíces están en Sevilla, su rincón por excelencia. El lugar preferido al que volver siempre. A quienes visiten esta primavera la capital hispalense les recomienda comer en La Terraza de María Trifulca. Además, les aconseja un pequeño tour por la ciudad que incluya una parada de tapeo en Bodeguita Morales, un paseo en bici por el Parque de María Luisa, e ir a misa en la Capillita de san José. Si el viaje coincide con la Semana Santa nos propone buscar estas cuatro levantás por las calles de la ciudad: El Cristo de Pasión, por el Palacio de Lebrija; el Cachorro, por el Puente de Triana; la entrada de la Virgen de El Baratillo en su templo, y La Candelaria, por los Jardines de Murillo. Y para quien esté preparando las maletas para desembarcar en plena Feria de Abril, la embajadora de las esencias de Sevilla propone “arrimarse a los mejores tablaos flamencos que organiza Cedric Reversade”.

Fernández-Arias: “Es difícil encontrar un país donde se viva mejor que en España”

Entrevista publica en la Revista Influencers de enero-febrero 2020

La Escuela Diplomática Española lleva 77 años formando a nómadas con patria que van de aquí para allá como influencers discretos de los intereses del país. Fernando Fernández-Arias es ahora el director de esa orquesta precisa que consigue que la música de fondo de España suene con precisión sobre el escenario del mundo, aunque toque siempre detrás del telón. Acaba de cumplir 30 años en el cuerpo diplomático y en su hoja de servicios destaca su especialización en las Naciones Unidas, la huella de su tarea en Nueva York y su impulso a los Derechos Humanos, especialmente de las personas con discapacidad.

En pleno corazón palpitante de Moncloa -universitarios, ciencia y saber- tiene su sede la Escuela Diplomática Española: el cuartel general de nuestro ejército de diplomáticos. Su misión: la preparación y la formación continua de hombres y mujeres con talento que colocan la bandera de España en los rincones más influyentes de la geografía universal. Tiene 77 años, pero esta capital de las relaciones internacionales made in Spain avanza joven y dinámica.

Fernando Fernández-Arias es su director desde hace un año y medio. Acaba de aterrizar, literalmente, de Letonia. Un helicóptero Hércules se ha posado hace solo unas horas en Torrejón de Ardoz y el convoy de la 71 promoción de esta escuela liderado por él ha tocado tierra después de visitar la misión de la OTAN en la que participan tropas españolas.

Justo ayer celebraba el 30 aniversario de su inmersión en este engranaje de élite. Sin jet lag. En estos años ha estado al frente de la Oficina de Derechos Humanos del Ministerio de Asuntos Exteriores, fue consejero en la Misión de España ante Naciones Unidas y también coordinador político de España en el Consejo de Seguridad. Ha estado destinado en las embajadas en Estados Unidos, Finlandia, Israel y Reino Unido. Fue cónsul en Londres. Entre 2008 y 2009 fue director de la Oficina de Relaciones Internacionales del Ministerio de Igualdad y de 2009 a 2010 trabajó en Washington en el Programa Trasatlántico del Departamento de Estado de Estados Unidos.

Acostumbrado a ir y venir. Preparado para rodar con la vida a cuestas sin perder la más mínima compostura. Tres décadas entre maletas, despachos ilustres, capitostes mundiales, gerifaltes que lo pintan todo, reuniones largas, convenios duros, análisis de situación, mapas políticos y decisiones trascendentales. Cualquiera diría que este caballero impoluto es un nómada. Un nómada con patria.

¿Cómo despertó su interés por la diplomacia?

La carrera diplomática es muy vocacional. En mi caso, la vocación ha ido creciendo. Hice Derecho y estudié idiomas, porque me gustan. Hablo bien inglés y francés -los que se exigen en la oposición-, y me manejo con el chino y el árabe. Claramente, tenía una proyección internacional. Me gustan mucho las Naciones Unidas y, al final, he dedicado más de la mitad de mi carrera a las cuestiones multilaterales de las Naciones Unidas, pero cuando terminé mi formación universitaria no había ningún examen para que los españoles pudiéramos ingresar en la ONU, y entonces vi que existía la opción de ser diplomático, y allá que fui. La vocación de servicio público la he tenido siempre.

Y, desde entonces, tres décadas con la vida a cuestas…

Con una patria clara, pero con la vida a cuestas. Me atrae la excitación de llegar a un sitio nuevo, y me encanta el confort de acabar volviendo a España.

En estos 30 años, ¿a qué gente influyente ha tratado?

En esta profesión se está cerca de mucha gente. He conocido a la reina de Inglaterra y a Boyencé; a Steven Spielberg y a Henry Kissinger. A Bill Gates y a Ted Turner. He estado muy cerca de los reyes de España y de los reyes eméritos, de muchos políticos internacionales, y de muchos compañeros de profesión con un talento formidable.

¿Qué personas de esas esferas le han causado mayor impacto personal?

Una mujer que me impresionó desde que la conocí en mi paso por la ONU es Shirin Ebadi, abogada iraní y activista de los Derechos Humanos, ganadora del Premio Nobel. Otra persona que me dejó huella fue el rey Hussein de Jordania. Mi primer puesto diplomático lo obtuve en Jordania en plena primera guerra del Golfo.

¿Cuáles han sido los momentos más satisfactorios de lo que lleva de carrera?

Los que tienen que ver con la protección de españoles en situación difícil fuera del país, incluso de personas detenidas en el extranjero y que requerían nuestro apoyo, porque también son compatriotas.

¿Cómo se ve España fuera?

En estos 30 años de experiencia he constatado que España es un país muy querido. No tenemos enemigos y somos bien recibidos en todas partes. Se nos ve como un país moderno, pero también tradicional; un país democrático, pero con muchísima historia a cuestas. En general, somos percibidos de manera positiva, y eso es algo que hay que mantener.  Tenemos unas marcas nacionales muy buenas y reconocibles, que empiezan en los equipos de fútbol, no nos vamos a engañar, si siguen con la Corona –Felipe VI y Doña Letizia dan una imagen del país muy importante- los reyes eméritos, nuestra comida, nuestros vinos, nuestra cultura… Solo se observa con cierta negatividad la tauromaquia, que se ve como algo ajeno al siglo XXI que debería desparecer.

La monarquía tiene una imagen potente, dice, y los equipos de fútbol, algunos actores y actrices, y cantantes, supongo, y el Museo del Prado, nuestra gastronomía… ¿La política española tiene algún prestigio fuera de aquí?

La política, en general, no tiene prestigio en ningún lugar, con todos mis respetos a quienes la ejercen… A esa lista de cosas positivas añado otra cosa que, quizás, se valora del todo: fuera de España se admira nuestra historia. La evolución de uno de los estados-nación más antiguos del mundo en la forma actual del país se aprecia bastante.

El Gobierno puso en marcha hace tiempo la campaña Marca España. Más allá del marketing internacional más o menos eficiente, por lo que cuenta, la marca España existe, ha cuajado, es positiva… Incluso fuera se valora más de lo que hacemos nosotros desde dentro.

Efectivamente. La imagen que se tiene de España fuera es bastante mejor que la que tenemos los españoles de nuestro propio país. Hay mucha labor que hacer aquí dentro. Después de estas tres décadas de carrera diplomática y 20 años viviendo en el extranjero, he madurado esta sentencia: es difícil encontrar un lugar donde se viva mejor que en España. Cuantos más países conozco, más valoro lo que tenemos. Por muy crispante que sean algunos contextos, por muchas peleas diarias entre unos y otros y esa sensación de que no nos ponemos de acuerdo en nada, la calidad de vida en España es espléndida. No solo somos el primer país en número de trasplantes, somos los primeros en donación de órganos del mundo. La generosidad de los españoles no tiene límites. Cuando hay una catástrofe y el Gobierno ofrece equis euros para paliar sus efectos, los españoles, de modo individual, solemos ofrecer la misma cantidad a través de oenegés y fundaciones varias. Y no somos conscientes de ello.

¿Cómo es nuestro cuerpo diplomático?

Tenemos un servicio diplomático muy bueno. La prueba está en que solemos tener éxito en nuestras negociaciones internacionales, porque somos negociadores natos y así se nos reconoce. Además, seguimos atrayendo mucho talento. Veo ahora a estos 32 hombres y mujeres de entre 26 y 35 años de esta última promoción y me asombro de la preparación, de la seriedad, de la dedicación. Esta gente podría irse al sector privado y ganar mucho más dinero, pero han optado por engancharse a este mundo con una clara intención de servicio público, que es algo que nos identifica a todos los diplomáticos. 

¿Qué hace falta para ser diplomático?

Además de ser español, mayor de edad, tener un título universitario y aprobar una oposición, para ser diplomático hacen falta dos cosas: en primer lugar, una vocación de servicio público y la conciencia de servir a tu país. Eso es absolutamente central. Podemos decir que, en eso, nos asemejamos un poco al Ejército. En segundo lugar, se requiere un espíritu de aventura y una curiosidad por el mundo y por las cosas. El afán de querer vivir en otros países, conocer a otra gente, mezclarse en otras sociedades, meterse en culturas diversas, especializarse en regiones del mundo o estudiar otro idioma son aspectos que se incluyen en el perfil de todos los que hemos optado por esta profesión.

¿La carrera diplomática tiene algo de tender puentes y dejar de poner cruces?

Por supuesto. En eso consiste la diplomacia, pero con el elemento internacional que nos distingue. Nuestra primera labor es la proyección de nuestro país hacia afuera. La segunda, proteger a nuestros compatriotas que están en el exterior: los que viven fuera, pero siguen siendo de nacionalidad española, y los que pasan por ahí y necesitan nuestra colaboración. También forma parte de nuestro cometido defender los intereses de España e informar de lo que vemos y oímos al Ministerio de Asuntos Exteriores, que es quien toma después las decisiones en materia de política exterior.

Muchos políticos alertan de la crisis de la Unión Europea. ¿Cómo lee usted el futuro europeo en este escenario del Brexit?

¿Cuál es la región más prospera del mundo? ¡La Unión Europea! ¿Dónde quieren entrar todos loa años cientos de miles de inmigrantes? ¡En la Unión Europea! ¿Por qué? El éxito de Europa es absolutamente innegable. Las dos sombras más inciertas que veo son el envejecimiento de la población -y la inmigración es uno de las grandes herramientas para solucionarlo, no nos engañemos-, y la falta de innovación tecnológica, un terreno en el que, objetivamente, vamos a remolque. Ahora bien, ¿cuáles son los países donde más se respetan los derechos humanos? ¿Cuáles son los países con mayor índice de bienestar social? ¡Los países de la Unión Europea!

¿Qué pasará con el brexit?

El brexit es la gran incógnita, aunque, sinceramente, creo que la incógnita es todavía mayor para el propio Reino Unido. Me duele mucho decir esto, pero, desgraciadamente, no le veo mucha prosperidad a los británicos después del brexit. De todas formas, seguirán con posiciones muy cercanas a las europeas, porque son más las cosas que nos unen.

¿Cómo se crece como persona siendo diplomático?

La carrera diplomática es como la vida: un aprendizaje continuo de tus errores y tus aciertos. Se aprende, sobre todo, lo que no hay que hacer.

¿Qué piensa un diplomático cuando un puesto de embajador se lo dan a un político?

España es uno de los países con menor incidencia de políticos en puestos diplomáticos. Ahora mismo son tres. En Estados Unidos, la mayor parte de los embajadores son políticos y donantes en las campañas electorales del presidente de turno. No digo que después no hagan un buen trabajo, pero… En España, prácticamente todos los políticos con plaza diplomática lo han hecho bien. Un político puede aportar, pero creo que nosotros podemos hacerlo igual de bien. Comprendo las razones por las que todos los gobiernos han decidido adjudicar cargos diplomáticos a personas de su cuerda. No me supone una afrenta. Sí me lo supondría si viéramos que la cifra fuera en aumento. Pienso que en España existe un consenso entre política y ciudadanía por no politizar nuestra diplomacia.

UNA MALETA LLENA DE ‘HOBBIES’

En estas tres décadas de Risk diplomático, Fernando Fernández-Arias ha aprendido a viajar ligero de equipaje, pero con muchas aficiones. Cuando estaba en la Universidad escuchó a un diplomático un consejo que ha seguido a rajatabla: que los que se decidieran a entrar en este mundo debían tener muchos hobbies que traspasaran las fronteras. Más allá de fabricarse sus propias corbatas y pañuelos, el director de la Escuela Diplomática España es un gran lector, un enamorado de la naturaleza, un apasionado de la cocina, un disfrutón de la ópera, y un caballero de gimnasio, caminatas y canchas de baloncesto, y permanece en forma para correr la próxima San Silvestre. Su libro de cabecera es Las ciudades invisibles, de Ítalo Calvino. Sus películas preferidas: Cayo Largo, el clásico de clásico de John Huston, y Alien, “pero que nadie me hable de secuelas, que no las soporto”. La vio en su primer viaje iniciático a Estados Unidos cuando vestía 14 años mientras descubría el mundo en todas sus dimensiones. Fernández-Arias es vegetariano y ya no le gusta viajar. Al destino de sus vacaciones -enclaves naturales perdidos de aquí cerca- se va en tren. Desde la locomotora de su puesto en la diplomacia española mira hacia adelante “sin ambiciones, pero disfrutando mucho del presente”. 

Chuso García-Bragado: los ocho Juegos del atleta español con más marcha

2019. El campeón llega a la meta de Doha con 49 años y se clasifica para Tokio 2020.

Entrevista publicada en la revista Influencers abril-mayo 2020 (al leer, cambiar Tokio 2020 por Tokio 2021)

Uno de los mejores atletas de la historia de España colgará las botas en Tokio 2020 tras ocho juegos olímpicos. Admirado por su talento y su talante deportivo, Jesús Ángel García Bragado -que copó los podios mundiales de su especialidad entre 1993 y 2009- se ha convertido en nuestro deportista profesional más veterano compitiendo en plena forma a los 50 años.

Jesús Ángel García Bragado cumplió 50 años en octubre de 2019. El veterano atleta estará en sus octavos juegos olímpicos vistiendo la camiseta de España en los 50 kilómetros marcha y cuando termine la prueba con la dignidad que le caracteriza a un deportista de élite humana, colgará las botas para siempre. Dejará de ser marchador, pero siempre seguirá unido al atletismo como entrenador de la joven cantera que pisa con fuerza el tartán español.

La meta de la carrera de fondo de Chuso está en Tokio 2020. Hacia ella se prepara estos días con sus series, sus calentamientos, sus ilusiones, sus balances, sus alegrías y una sensación evidente de trabajo bien hecho con el que culmina una trayectoria personal y deportivamente ejemplar, reconocida por todo el atletismo español y admirada por el mundo del deporte. A la vez, profundiza en su profesión de podólogo para la cuesta que sube a partir de septiembre, porque, aunque la decisión está tomada, “a veces es más fácil seguir que dejarlo. No veo mi vida sin deporte”.

Bragado

De Vallecas al mundo

García Bragado está en la pista desde 1986. La historia de este atleta supino arranca en el Colegio Tajamar, un centro educativo del barrio madrileño de Vallecas muy volcado al deporte. El joven Jesús Ángel cursa allí la Formación Profesional y engancha con Lázaro Linares, un zahorí del talento deportivo. “Me vio y pensó: este chico le pone ganas. Me llevó a Carlos Montes, que entrenaba en el Retiro”. Este chaval con ilusión y materia prima ha recorrido desde entonces cerca de 150.000 kilómetros entre preparaciones y competiciones, moviendo la cadera con maestría en una prueba que también se despide de los juegos olímpicos precisamente en esta cita japonesa.

En estos 34 años de pantalón corto y dorsal, García Bragado ha sido campeón del mundo en Stuttgart 1993 en la distancia de 50 kilómetros marcha y tres veces subcampeón en los años 1997, 2001 y 2009. Con Tokio 2020 serán ocho sus juegos olímpicos, más los trece campeonatos mundiales. Es el atleta con más participaciones en ambas competiciones de toda la historia.

Sus momentos especiales en este itinerario son, precisamente, aquél Mundial de Stuttgart un año después de estrenarse en las Olimpiadas de Barcelona 92–“con mis padres en la meta, sanos, con un recibimiento en familia”-, y la última medalla conseguida en Berlín en 2009, “con casi 40 años, con mis padres de nuevo en la meta, junto a mis hijas, dieciséis años más tarde. Ahora veo aquellas fotos y agradezco mucho la suerte de haber podido vivir todo eso”.

Entre la salida y la llegada, el tablero aguardaba de todo, “porque soy perfectamente consciente de que mi trayectoria ha sido una carrera hecha de triunfos y de fracasos, de grandes resultados y de momentos en los que me he caído con todo el equipo. Mi experiencia ha sido que los fracasos me han permitido siempre replantearlo todo para seguir creciendo y mejorando”.

García Bragado es considerado uno de los mejores atletas españoles por su valía y por su palmarés. En su haber está ser el deportista español con más participaciones en unos juegos olímpicos, ser el español con más medallas en mundiales de atletismo, y ser el atleta internacional con más participaciones en mundiales de atletismo y juegos olímpicos.

Como admirador de Alejandro Magno, Bragado lleva más de diez años compitiendo como veterano, sin lograr medallas, pero consolidando sus marcas, su prestigio, y su legado, “tratando de avanzar constantemente, de ir más lejos, sin mirar hacia atrás, con un toque de épica que me ha acompañado hasta el final de la carrera”.

Así, 100 kilómetros a la semana, 50 semanas al año, durante unos 30 años, “por redondear. Los mismos que un coche castigadillo”. Así, tras pasar por quirófano en dos ocasiones para corregir problemas de cadera después de miles de giros sobre las arenas, las hierbas y los asfaltos del mundo.  Hablamos de un caballero que late dentro de un cuerpo de superhéroe, que “mentiría si dijera que no tengo molestias constantes a estas alturas de mi vida. Pero a los 50 años y en alta competición, si no te duele nada es que estás muerto. Siempre hay alguna dificultad en el tren inferior, por eso ahora paso más por el fisioterapeuta”.

  ¿Alguna cosa de estos años que duela más que lo físico?

García Bragado responde: “Yo conseguí triunfos deportivos siendo, relativamente, bastante joven. Entonces, todo el mundo te halaga, te quiere y te llama. Cuando los resultados no acompañan, ves perfectamente cómo te ignoran. Eso duele un poco, obviamente, pero con los años aprendes a relativizar esos desplantes. Tengo asumido desde hace tiempo que tengo que pasar a ser una persona anónima, sin teléfonos que suenen, sin compromisos con los medios. El ejemplo de Blanca Fernández Ochoa pone de manifiesto que todavía tenemos que avanzar mucho en resolver el gap entre el deporte de élite y la vida ordinaria. No hemos encontrado aún la manera de que el deportista tenga una salida digna al mundo laboral, y no se trata de que nos regalen nada”.

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Equipo, valores, ética y estética

Entre Barcelona y Madrid, entre subidones, bajones, y algún abandono, sus padres han sido los seguidores más leales. Desde el principio hasta ahora. Los que más han apostado por él. Los que más han disfrutado sus batallas. Además, sus ángeles de la guarda sanitarios tienen un hueco especial en este balance profesional. En su llegada a la meta tiene un hueco en el podio final “el doctor Xabier Leibar, al que conozco desde hace 25 años, que me ha enseñado muchas cosas en la relación entre rendimiento, deporte y salud, y siempre me ha dado la tranquilidad de no cruzar ninguna línea roja. Si hubiera traspasado esa muralla ética, no estaría aquí con 50 años, porque mi organismo estaría muy dañado desde hace tiempo”. El fisioterapeuta Miguel Ángel Cos también tiene su espacio, “porque desde Barcelona 92 hasta ahora hemos acabado siendo amigos íntimos”; igual que Manuel Rafael Román, fisioterapeuta de la Real Federación Española de Atletismo, y el doctor Rivas “que me operó las caderas en 2006 y 2008 y me ha enseñado mucho sobre la calidad de la profesión médica y el trato de excelencia con los pacientes que me ha servido para mi tarea como podólogo”.

Entre la primera salida y la última meta, García Bragado ha convivido entre el tartán y la política. Fue concejal por el Partido Popular en el Ayuntamiento de Lérida entre 2006 y 2007. En las elecciones municipales de 2011 fue el candidato de los populares a la alcaldía de San Adrián del Besós, resultando la segunda fuerza más votada y convirtiéndose en jefe de la oposición. En las elecciones municipales de 2015 volvió a encabezar las listas de su pueblo de residencia por el PP y, a pesar de quedar séptimo en los comicios, mantuvo su acta de concejal.

Mientras el campeón sigue conquistando posibilidades deportivas, Chuso mejora. “Miro atrás y me doy cuenta de que fui una persona arrogante, con cierto mal carácter, cascarrabias. He combatido eso en estos años. Últimamente, hasta mis compañeros de oposición política me decían que estaba diferente, más abierto, más afable. He progresado como persona gracias al deporte y a muchas circunstancias, y eso que la política amarga mucho, y más, en el momento actual”. García Bragado lamenta “algún mal gesto en su carrera, como cuando acabé el campeonato del mundo de 2004 tan molesto porque no había conseguido medalla, que me enfadé con todo el mundo y no atendí a los medios de comunicación, como si ellos tuvieran la culpa”. También ha lidiado con un divorcio “que yo no quise, pero que se me impuso, y que también me ha hecho sufrir hasta que he aprendido a pasar página, a perdonar, a restablecer, por iniciativa propia, relaciones de amistad que se habían congelado”.

Cuando en Tokio compita con garra, vista la camiseta española en sus octavos juegos olímpicos y cuelgue unas zapatillas llenas de historias, Chuso compatibilizará la Podología con el entrenamiento de las nuevas generaciones de atletas, “a los que espero inculcar mi amor al deporte, mi afán de superar los retos y mis ganas de llenar de honestidad el esfuerzo”. Exigencia y sacrificio. Austeridad y perseverancia. Mirar siempre adelante, sin rendirse. Esas son las palabras hechas vida tatuadas en su escudo que tratará de infundir en los futuros corredores que se le acerquen en el camino.

El atleta español por antonomasia está feliz de haber vestido la camiseta de España todos estos años, “y más ahora, que vivimos en una batalla de banderas. He viajado mucho y he palpado en directo el reconocimiento con que nos miran a los españoles, aunque después aquí nos pasemos el día peleándonos. Frente a los nacionalismos y a los que solo ven España con pesimismo, billetes de avión. Salir fuera ayuda mucho a contemplar con objetividad que somos ciudadanos de un gran país”.

Suenan de fondo los aplausos previos al adiós. Los homenajes al veterano de guerra. Las páginas laudatorias en los diarios deportivos. Mientras él sigue calentando las distancias para aterrizar en Tokio 2020 con toda su carne en el asador. Ahora, con la edad, “soy más emotivo”. Aunque cuesta que le roce la mejilla una lágrima furtiva, en la memoria queda latente esa escena de los Juegos de Río 2016 en la que sus colegas le hicieron un pasillo de admiración. Duro, pero no de esparto. Recio, pero con corazón. A Bragado le interesa más “el cariño de la gente” que un podio. Y el cariño está ahí, palpable, porque este señor lleva corriendo 34 años muy cerca de muchas generaciones de españoles dejándose el alma como un deportista griego.

Cuando toque cerrar definitivamente una etapa en Japón, García Bragado espera que se le recuerde “como una persona normal con una trayectoria deportiva de victorias y fracasos que ha tratado de conseguir retos de la manera más honesta posible. Le he puesto mucho corazón a esta pelea, a veces, incluso más que cabeza, que es la que toma el protagonismo en este tramo final”.

Alemania ha sido el escenario de muchos de sus triunfos deportivos.

HITOS DE UNA CARRERA DE FONDO

  1. Campeón del mundo en 50 km. marcha en el Campeonato Mundial de Atletismo (Stuttgart).
  2. Mejor atleta español.
  3. Subcampeón del mundo en el Campeonato Mundial de Atletismo (Atenas).

1997-2000-2007-2012: Campeón de España de 50 km. marcha.

  1. Subcampeón del mundo en el Campeonato Mundial de Atletismo (Edmonton).
  2. Medalla de bronce en el Campeonato Europeo de Atletismo (Múnich).
  3. Quinto puesto en los Juegos Olímpicos de Atenas (diploma olímpico).
  4. Subcampeón de Europa en el Campeonato Europeo de Atletismo (Gotemburgo).
  5. Cuarto puesto en los Juegos Olímpicos de Pekín (diploma olímpico).
  6. Subcampeón del mundo en el Campeonato Mundial de Atletismo (Berlín).
  7. Mejor marca de veteranos mayores de 35 de 50 km.
  8. Mejor atleta español.
  9. Quinto lugar en el Campeonato Europeo de Atletismo (Barcelona).
  10. Mejor marca de veteranos mayores de 40 de 50 km.
  11. Mejor marca europea de veteranos mayores de 40 de 10km.
  12. Mejor marca de veteranos mayores de 40 de 50 km.

 

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