Un Oscar disfrazado de Goyo

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Foto: Álvaro García Fuentes

Es el otro calvo de la lotería de la risa. Un premio Goyo al humorismo ilustrado para este experto en asuntos americanos. Trump y su mundo como ingredientes para la reflexión made in Spain. Derecho como el Tío de la Vara. En la cárcel entendió que su universo era apresar a los ciudadanos libres con sentido del humor. Vive de la España cainita, aflojando el paquete de angustia que nos genera tomarnos tan en serio. El apasionado de la divulgación científica que puso en Órbita Laika a Pedro Duque tiene un amigo ministro. Ahora hace de Jordi Hurtado en Código Final. Da culto a la improvisación mil veces pensada. Cultureta ajeno a los cultismos. Cómico para el vulgo, y valga la redundancia. Le encantaría vivir en el universo de Faemino y Cansado, y ama a José Mota. Ni campanadas, ni Goyas: “No tengo necesidad de que me crucifiquen”. Hace humor por caridad fina, y cuenta con el Guinness de ser cómico durante más de 30 años sin rastros de cinismo.

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Cinco madres, cinco hijos muertos, y cinco luces al final del túnel

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Foto: Álvaro García Fuentes

¿Puede una madre sobrevivir a la muerte de un hijo? ¿Debe? ¿Puede? ¿Cómo? Inma, Lola, Rocío, Candela y Valle están en ello, junto a otras 48 madres que se reúnen cada mes en la parroquia de Santa María de Caná, en Pozuelo de Alarcón, Madrid. Ante el dolor más grande del mundo, ellas se convierten en espejo para ayudar a salir del hoyo a las madres a las que les estalle la bomba más dura. Las cinco han conseguido ver la luz al final de un túnel que es eterno.

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Una Robles siempreverde

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Foto original: Carolina Roca

Escritora antes de la adolescencia. 14 libros maduros. Las tres décadas de la vida de Marta Robles, que dan para una asignatura de Historia Contemporánea del Periodismo Español, han venido después. A su lado, gente como Hermida, Gabilondo, Prego, Íñigo, Preciado, Maraña, Piqueras, Ramírez, Herrera o Griso. Versátil y móvil. Con carácter. Seria. Una periodista de Tiempo, asentada en la Cadena SER y convertida en icono con A toda Página en Antena 3. Ha hecho todos los formatos televisivos, aunque lo suyo son las entrevistas. Disfrutona. Culta. Ha sido la mujer araña y la voz de A vivir que son dos días. Escribe de muertes. Columnista de La Razón y filósofa in pectore. La primera biógrafa de Pedro J. Ramírez no puede vivir sin Borges. Harta de ser rubia de tópicos, pisa fuerte y pelea en el ring del trabajo. Entusiasta de las oportunidades. Ahora, en sus librerías, con La mala suerte. El detective Roures está en su ADN y ya es un Planeta de saga.

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Noches de tequila con merluza

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Todo fue muy rápido.

El autobús no frenó y atropelló a aquella señora mayor dejándola muerta en el acto. Llovía. Era un martes de otoño decadente, olía a castañas y aquella mujer no tuvo que abandonar nunca su mesa de camilla. Pero quiso comprar pescado fresco y al volver del mercado encontró la muerte. Horrible. Sangre que baja. Cara sonriente. Y la merluza desparramada por la carretera con alevosía.

Maira salió al día siguiente en los periódicos locales. Señora muere atropellada por bus conducido por conductor borracho.

Esquela. Requiescat in pace. Y todo seguía su curso rodando sobre ruedas en esta carretera, en este pueblo, entre estos vecinos alocados.

Yo estuve en shock dos semanas. Recorté su foto del periódico y la puse en mi escritorio. No quería olvidarme tan pronto de la tragedia. Los que mueren a mi alrededor se llevan una oración y quince días de recuerdos. Porque ya me dirá usted a dónde va una sociedad que vela a sus muertos con la misma intensidad con la que se acaban las vidas en un videojuego.

Maira era vecina de mi madre. Era de México, residía en Vallecas y estaba sola. Nunca supe su historia antes de aquel terrible desenlace. Y tampoco supe jamás por qué vino a saludarme cada noche de muertos. Por qué traía unas copas de tequila y una tapa de merluza. Nunca supe por qué entraba en autobús en mis sueños, por qué me sonreía, por qué tenía la cara de colores y por qué me cantaba al oído canciones de cintas de gasolinera. De hombres con bigote. De ponchos.

Hoy la espero aquí sentado. A ver si me da tiempo a que me explique este abordaje anual. Muy maja y muy natural la señora, por cierto.

Vicente Vallés: la televisión discreta

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Foto: Álvaro García Fuentes

Cuando Neil Armstrong puso el pie en la Luna, en julio de 1969, Vicente Vallés dio un pequeño paso en su vida, pero un gran salto para la televisión. Con 6 años recién cumplidos, supo que el periodismo sería mucho más que su satélite. Unas primaveras después es un veterano del gremio, reconocido por su credibilidad. “Friki” de la política. Colchonero con alergia al confort profesional. Empezó en la Cadena SER, y después ha sido sobre todo tele: TVE, Telemadrid, Telecinco, Canal 24 horas… En su octava temporada en Antena 3, ha colocado la plata a los informativos de la noche. Después de 25 años cubriendo elecciones americanas, ha escrito Trump y la caída del imperio Clinton. Añora las tertulias políticas y sueña con hacer un Mundial de Fútbol, pero sigue las máximas de Simeone y avanza “partido a partido”. El tiempo dirá las lunas que le quedan a un periodista con mucha toma de tierra y marcadamente discreto en medio de las salsas del prime time.

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Más cesáreas, por si acaso…

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El aumento de las cesáreas en la sanidad pública de España y otros países del mundo demuestra que las nuevas promociones de ginecólogos son más proclives a la intervención en el parto natural como respuesta a un clima de miedo ante las recurrentes demandas. Hacen más cesáreas, dicen, por si acaso.

El parto natural está en crisis. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la tasa recomendada de cesáreas debe rondar el 15 por ciento, pero los datos demuestran que en los países occidentales están en torno al 25 por ciento en la sanidad pública, y alrededor del 30-35 por ciento en el ámbito privado.Hay cambios reales que, en algunos casos, justifican este aumento. Según Luis Cabero, presidente de la Comisión de Bioética de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), “se observa un cambio en las edades de las nuevas madres” y eso ha hecho que muchos profesionales opten por la cesárea “pensando erróneamente que es más segura”.

Además, subraya que existen otros factores que no deberían suponer una excusa, y sin embargo están llegando a los quirófanos como argumentos de peso para intervenir en el parto vaginal: la presión social -“cada vez nos encontramos con más mujeres que demandan una cesárea que no es necesaria”- y la presión legal, ya que “cuando hay problemas, enseguida se pregunta si se hubiera evitado con una cesárea”.

Cabero ve también “otros condicionantes que parten del propio sector profesional, pues muchos ginecólogos se creen más seguros practicando una cesárea y menos expertos ante un parto vaginal. Algunos consideran que la intervención logra “un alumbramiento más sencillo”.

Falta de experiencia
La impresión de Cabero es que esta tendencia se asienta en los servicios de Ginecología, en los que en ocasiones se piensa que “o la mujer pare rápido, o se recurre a la cesárea, cuando hasta entonces la tococirugía había superado las circunstancias adversas”. En su opinión, “se está perdiendo experiencia entre los médicos jóvenes”, por ejemplo, en los partos podálicos.

Cabero no cree que haya razones políticas ni comerciales detrás de este incremento de las cesáreas, ni siquiera en la sanidad privada, y apuesta, sin embargo, por que la comisión nacional de la especialidad “considere las capacidades de los docentes de los centros para que se cumplan las pautas recomendadas”, una cuestión en la que se esfuerzan las administraciones sanitarias con la defensa del parto natural en forma de nuevos protocolos, como la Estrategia para la Atención al Parto Normal elaborada por Sanidad.

El Hospital de Cruces, de Bilbao, es uno de los centros de referencia con menos tasa de cesárea del país. En el punto medio recomendado por la OMS se encuentra otro hospital clave: el Huércal-Overa, de Almería. Su jefe del Servicio de Ginecología, Longinos Aceituno, es partidario de que el especialista sea más conservador. En concreto, su máxima de conducta ante el parto es “ser más expectantes y menos agresivos.

El ginecólogo debe ser lo menos intervencionista posible, ya que las cesáreas aumentan cuando se produce algún tipo de incursión exógena en el proceso, como la inducción de un parto sin motivo.

Aceituno lleva 30 años ayudando a dar a luz y piensa que “los ginecólogos nos estamos acostumbrando a lidiar con un panorama con demandas judiciales casi a diario. Muchas veces el profesional tiene miedo y acaba recurriendo a la cesárea por si acaso”.

El problema es que esta tendencia “hará que muchas cosas que hacíamos antes sin intervenir en el parto acaben por perderse y el futuro especialista no tendrá la práctica suficiente para combatir los problemas”.

El jefe del Servicio de Obstetricia del hospital almeriense reivindica también el papel de la matrona. Según él, estas profesionales son “las responsables del parto que evoluciona con normalidad. Si hay complicaciones, entonces es cuando debe entrar el ginecólogo”. De hecho, cree que el éxito en la materia de este centro andaluz reside en “la cohesión del equipo” que participa en esa espectacular tarea de traer nuevas personas al mundo.

Aceituno considera que la implicación de las administraciones sanitarias puede hacer que las aguas vuelvan a su cauce, pues los protocolos aconsejan “intervenir sólo si hay incidentes”.

Riesgos encubiertos
Tanto Cabero como Aceituno coinciden en que quizás se desconocen los riesgos de la cesárea. El presidente de la Comisión de Bioética de la SEGO apunta que “de 4.000 cesáreas de más hay un caso de mortalidad materna”. Además, su experiencia le dicta que recurriendo a la vía más agresiva se fomenta la prevalencia, por ejemplo, de las placentas previas. El niño también sufre más problemas respiratorios, señala Cabero, “y aumentan las posibilidades de muerte intrauterina en los que vengan después”.

Los dos especialistas ven que después de una cesárea crece el riesgo de nuevas patologías. Aceituno entierra otro mito: después de una cesárea puede haber un parto vaginal. Los postulados contrarios “están muy en entredicho”, aunque sean práctica más o menos común en la sanidad española.

El parto y su mitología: ¿Pasarán los ginecólogos-tocólogos de siempre al baúl de los recuerdos?

Artículo publicado el 7 de enero de 2011 en Diario Médico

Reyes Calderón: novela negra sobre fondo blanco

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Foto: Álvaro García Fuentes

Doctora en Economía. Su diagnóstico: “La reputación de los empresarios está bajo mínimos”. Profesora universitaria con ex responsabilidades académicas. Su evaluación: “La Universidad exige un replanteamiento en los tiempos de Google”. Doctora en Filosofía: “Los jóvenes son un punto de esperanza en la sociedad que no se lee en los periódicos”. Criminalista. Su autopsia sobre el Banco Popular está sub judice, pero “han sido los diez meses más difíciles de mi vida”. Madre de nueve: “Hacen falta más macarrones y guitarras, y menos cruceros”. Escritora de 10 novelas. Madre literaria de Lola MacHor, la avanzadilla del feminismo constructivo en la Justicia española. Premio Azorín. Artista y modeladora del fondo de ojo de la sociedad en sus libros, negros como el infierno interior y blancos como la luz. Acaba de sacar la paleta de colores con Clave Matisse: un planeta multicolor escrito con la minuciosidad de una escritora artesana y la agudeza de una perfeccionista de la independencia a conciencia.

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