Bea Fanjul, la nueva generación Z del PP

Mujer de rojo sobre fondo político gris oscuro. Foto: Ragonar

Otro rollo en los escaños azules. Una surfera en la cresta de la ola de un PP en calma chicha. Pablo Casado vio su determinación y la fichó como promesa que ya rueda sobre el terreno de juego. Clara. De frente. Sin complejos. Aficionada al ajedrez: sus dos torres son Almeida y Ayuso. Y considera un enroque el cese de Cayetana Álvarez de Toledo como portavoz popular en el Congreso. Profetiza que los madrileños harán jaque-mate al Gobierno de Sánchez después de “la pesadilla” de esta pandemia. Apostata de los argumentarios. Ni se maquilla, ni se peina. Huelga de tacones. Más allá de su equipo, admira a Toni Cantó, y a Girauta, y le tiene cariño a Santiago Abascal, a quien retrata como un “constitucionalista canallita”. Su casilla está en el País Vasco. Anhela que los votantes de Vox vuelvan a casa. Su feminismo es “el de cualquier persona con dos dedos de frente”. Espera un F5 de frescura y autenticidad para las Nuevas Generaciones, la cantera que la vio nacer. Vasca. Tasca. Zasca. Anticaspa. Una motera de cuero libre.

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Los influencers y las marcas transparentes con la publicidad serán también líderes éticos

Influencers y las marcas | Revista Influencers

Más allá del engagement y la proyección, del encanto y del poder de convocatoria, los influencers deberán ser más trasparentes con la publicidad a partir de ahora si quieren ser reconocidos como líderes éticos. Se acabó la tendencia a aprovechar el tirón de las redes sociales para vender sin decir “esto es un publirreportaje en toda regla”.

En enero de 2021 entrará en vigor el Código de conducta sobre el uso de influencers en la publicidad firmado por la Asociación Española de Anunciantes y Autocontrol y el Gobierno de España (Ministerio de Asuntos Económicos y el Ministerio de Consumo). Se trata, de momento, de una recomendación ética a la que podrán adscribirse voluntariamente las empresas que utilizan a los influencers como formato publicitario.

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Oramas, una canaria en una jaula de grillos llamada Parlamento

Foto: Patricio Sánchez-Jáuregui

Ana Oramas llegó a la política sin querer, pero el destino quiso darle cancha como concejala de carnavales justo en Santa Cruz de Tenerife. Despegó en vertical hasta convertirse en una dama sin careta en esta carroza de la política que “antes era dura”, pero ahora es “miserable”. Con su título de Economía ‘cum laude’ bajo el brazo fue de las finanzas a la arena pública pasando por todas las gradas de lo que unos llaman política y otros, coliseo. Alcaldesa in pectore de La Laguna. Firme, decidida, clara. En 2008 sustituyó a Paulino Rivero en el Congreso de los Diputados, y desde entonces ha sido la voz de toda Canarias y la llave de cuatro gobiernos de España. Le dijo “no, no y no” a Pablo Iglesias en la investidura de Pedro Sánchez, porque “en Canarias, Podemos es Venezuela”. Voto de conciencia. Abierta. Empática. Luchadora. Sube los audímetros cuando habla en plata. Es la transversalidad del Grupo Mixto. Experta en negociar dejando para el final las líneas rojas. Lectora. Radiófila. Chef. Una Emilio Castelar que ‘ora et labora’. Un manual de política madura para una Cámara Baja en horas más bien bajas.

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José Luis Garci: “Tienen ego los que han leído poco”

José Luis Garci sobre lienzo de filmografía. Foto: Juan Carlos Jiménez, de “El cine por los oídos”. 

Garci es un cineasta crónico que no se da importancia. “No estoy entre mis directores preferidos”. Aunque sea el del primer Oscar español, que cumple 37 velas justo el año en el que un virus nos obliga a volver a empezar. Con un país en la cabina asfixiado de “anormalidad”, acaba de escribir Películas malas: etiquetas que pegamos en la pantalla injustamente. Dio a luz en 2019 El crack cero -¿la última de su fila?-, y mientras sigue escribiendo libros en sesión continua. Analógico. Anda el siglo sin móvil y a máquina. Olympia es su Windows 10. Añora los teléfonos de ficha y manuscribe mensajes para tirar en buzón. Profesional. Vocacional. Independiente. Un director de los que no grita. Sin prisas. Entre la Gran Vía y el Madison Square Garden. Entre los goles y los golpes del ring y de la vida que se ha llevado ya a casi todos sus amigos. De Alfredo Landa a David Gistau. No necesita goyas de honor. De una mano, Woody Allen, y de la otra, José Sacristán. Del NODO a The Crown. Un clásico libre. Una especie de cultura en extinción. 

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Santiago Posteguillo: el Planeta acueducto

Foto original: Carlos Ruiz

Ave, Santiago. Los que van a leer, le saludan. Posteguillo es un acueducto entre la antigua Roma y el siglo XXI por el que corren los best seller desde hace ya catorce años. La Ciudad Eterna es su Ítaca recurrente, porque parece escritor, pero en realidad es un pocero valenciano que saca petróleo de las fuentes clásicas y resucita a personajes que no pueden quedarse amarillos en las bibliotecas de los sabios. Investiga con pluma y construye palazzos de letras que hacen las delicias de millones de lectores en más de diez lenguas. Profesor por las mañanas. Novelista por las tardes. Trajo a las librerías ‘Y Julia retó a los dioses’ una semana a.d.C (antes del confinamiento) y la potente emperatriz, con pocos retales de Sissi, ha acompañado a mucha gente en el encierro de esta plaga. Ahora graba con Movistar El corazón del imperio, una serie en la que las mujeres romanas salen de las catacumbas para ponerse en el escaparate. En la semana del Premio Planeta, aquí el señor de las siete colinas, mar de fondo y pies en la tierra.

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La dieta mediterránea ‘fetén’, la mejor ‘pre-vacuna’ contra todas las pandemias

La dieta mediterránea reduce un 30% los infartos, más de un 50% los problemas de circulación y más de un 60% el cáncer de mama. Además, es la prevención más democrática contra las pandemias como la del COVID. Comer con aceite de oliva virgen extra, frutas y verduras frescas, pescados, mariscos, huevos, frutos secos y vino con moderación es nutritivo y saludable. Según Miguel Ángel Martínez-González, catedrático de la Universidad de Navarra y Harvard, la alimentación “es una cuestión de vida o muerte” y, quizás, la primera forma de autocuidar nuestra salud en un mundo donde un virus imprevisible nos ha puesto patas arriba.

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Isabel Sánchez: una mujer-brújula en un bosque sin nortes

Foto: Paola Gutiérrez

Trayecto: Murcia, Almería, Valencia y Roma. Destino: un despacho-mirador con vistas al mundo entero desde la ciudad eterna. Mediterránea con ganas de conquistas personales y sociales. Una abogada, filósofa y teóloga que hace running, salta charcos, escribe poesía, admira los grafitis y conecta con Netflix. Y también impulsa colegios y comedores en barrios pobres, abrazos en barrios fríos, paz en barrios calientes y corazones generosos en barrios ricos. Una de las mujeres más influyentes de España. Desde hace una década Isabel Sánchez está en la cumbre del gobierno mundial del Opus Dei. Sobre su mesa de trabajo, un mapa sin fronteras en torno a un lema: “Para servir, servir”. Su misión es azuzar la audacia de mujeres que han puesto la misma vela a Dios y al universo que habitan. Acaba de sacar un Planeta: Mujeres brújula en un bosque de retos. Una propuesta de norte para las sociedades post pandemia donde nadie sobra, ni siquiera quienes dejen de leer aquí esta entrevista sin tabúes.  

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Victoria Camps: ética y virtudes públicas para curar un mundo polarizado

Una intelectual del 41. Una mujer que habla de feminismo constructivo con el aval de su propia vida. Filósofa, catedrática, divulgadora. Activa. Veinte libros con impronta. Dos premios de ensayo. Hace tres décadas escribió Virtudes públicas y sus recetas aristotélicas actualizadas están hoy más vivas que nunca. Valiente, incluso para ser libre en la arena política. Con su trienio de senadora por el Partido Socialista Catalán, pero sin carnet de amarres. Siempre en el césped como centro izquierda moviendo el balón de las ideas que cambian la sociedad. Lubricando con argumentos los triunfos para las mujeres que quieren ser mujeres. Consejera de Estado desde 2018. Siempre con la ética en los ojos, en el discurso y en el tono. Una Victoria de Samotracia del estado del bienestar guiando al pueblo. También ahora que el virus nos ha subido en la montaña rusa de la incertidumbre y faltan timones institucionales que nos saquen de la tempestad.

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La lección de anatomía del Periodismo con Mayúsculas del Dr. James Nachtwey

La lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp es un cuadro de Rembrandt.  Un cadáver. Un foco de luz. Un maestro. Y siete discípulos con cara de beberse cada palabra, aunque haya uno que mira a la “cámara” con disimulo…

Esta es la imagen gráfica que vuela en el éter tras la sesión con James Nachtwey. Una sala a oscura llena de discípulos. Palabras duras. Imágenes brutales que son bombas de racimo contra el aburguesamiento ante los problemas ajenos. Silencio. Gritos sordos, pero contundentes, impresos en la pantalla. A sangre y fuego. A guerra y paz.

La lección de anatomía del Periodismo con Mayúsculas del Dr. James Nachtwey. Así se titula el lienzo de esta mañana de Universidad y maestro. Asombro. Reconocimiento. Cercanía. Arte. Humanismo. Comunicación.

Doscientos fotógrafos, periodistas de guerra, periodistas de paz… y otros periodistas de fondo, se han congregado en torno a un señor canoso en vaqueros que tiene sobre sus espaldas casi todas las guerras de los últimos 30 años, y casi todas las grandes violaciones de los derechos humanos, y casi todos los rostros olvidados que importan cero al mundo que corre deprisa con el café caliente en las manos por estos pasos de peatones de Dios, y los últimos destellos musicales colgando del iphone

Se apaga la luz

James Nachtwey, a pie de grada. Se apaga la luz. Se enciende una bombilla. Como en las clases de Arte de toda la vida, el proyector va contando el curriculum de este neoyorkino destructor del conformismo. Una imagen. Blanco y negro. Un muerto. Diez muertos. Una pierna huérfana. Odio en tres dimensiones. Una mujer violada. Un padre destrozado por la soledad de la violencia. Negro. Blanco. Silencio.

Las fotos pasan rápido para el público. Nos gustaría contemplar cada milímetro con calma. La voz de Nachtwey comenta cada historia humana detrás de una instantánea. No habla de encuadres. No habla de luces. No habla de enfoques. Ni de cámaras. Ni de lentes. James Nachtwey sólo cuenta la historia de sus retratos. Un hombre. Una mujer. Injusticias. Gritos. Dolor. En los rincones perdidos de lo que también es mundo, una luz de denuncia sale del flash de Nachtwey para conmover hasta los corazones de piedra que se sientan, lejos, donde las decisiones se toman siempre cuando ya es demasiado tarde…

La anatomía del Periodismo con Mayúsculas. Los órganos vitales de la integridad, la tolerancia, el respeto, el valor, la amistad, el buen humor, el perdón… Los músculos de una concepción de la vocación periodística como misión para hacer un mundo más humano. De verdad. Sin poses. No hay ni una muesca de gurú en su foto de perfil. La sangre de una buena persona. La piel de un caballero metido hasta las cejas en la caja negra de los hombres más malos, pero con la sensibilidad intacta para no perder nunca ni un pixel de esperanza.

A vuelapluma y sin luz, anoto en el cuaderno: Maestro. Arte. James. ONU. Tarde…

Se enciende la luz

Hemos venido a conocer a un hombre que hace prótesis con su cámara de fotos. Hemos conocido a un señor que hace fotografías en forma de pésame. Hemos estado con un fotosolidario que revela sus instantáneas para convertirlas en perdurables.

“Cualquier fotografía de la guerra es una protesta contra la guerra”. Y, sin embargo, yo creo que detrás de cada foto de Nachtwey hay más. Los ojos se centran en los ojos de un niño mutilado perdido en la putrefacción de un genocidio. Y ahí, en las pupilas, oímos muchas más cosas de las que vemos. Hay personas que no son estadísticas, ni un buen plano, ni una fuente informativa, ni una mierda de esas puramente eficaces, útiles, convertibles en monedas. El objetivo de Nachtwey –hoy lo hemos visto en primera persona del plural- es concienciación colectiva. Política de masas. Humanismo salvaje.

Nachtwey, con bata blanca, al pie de la grada, y al pie del cañón. Miramos, por decir algo… ¿Cómo es posible estar ahí y no volverse loco de dolor? La misión. Nachtwey es periodista, porque tiene una misión. Y su vida es una misión. ¿Y yo? ¿Misión? ¿Visión? ¿Mansión? ¿Micción?…

Nachtwey es un transformador de medidas imposibles. De la ira en voltios, a la paz en julios. De la histeria a kilos, a la mansedumbre en litros. Del odio en kilopondios, a la construcción masiva en kilómetros. De muralla, a puente. De foso, a cama elástica. De fotografía, a vida.

Se apaga la luz, segunda parte

Nachtwey, en la sala, recorre la geografía del mundo herido, desde Irlanda 1981, hasta Kabul 1992. Los juegos olímpicos de la brutalidad humana. Gritos sin anestesia acumulados en su tarjeta SD. O en sus carretes de tragedias unas veces marginadas, otras veces sumidas en la indiferencia más letal. Guerras. Enfermedades. Soledad. Tristeza. Negro y blanco, pero negro oscuro casi negro negrísimo al fin y al cabo…

Nachtwey relata cada fotograma de una película sin decorados. Suerte. Audacia. Niños. Padres. Un hombre que abrió sus ojos con los Desastres de Goya en el Museo del Prado, está al pie de la grada combinando el arte de ser buena persona, con el arte de contar las historias, con el arte de ser médico sin morirse de pena con tanto dolor, y con el arte de no darse importancia en un mundo de flashes desproporcionados. Y más, en el cuore de Nueva York.

Nosotros, que venimos con el avión empotrado en los Alpes a flor de piel, y la cara de su copiloto tatuada en lo más hondo de nuestra incomprensión, hemos recibido del Dr. Nachtwey una transfusión de lo mejor de los seres humanos. Llorar sin mover el culo no riega la tierra reseca. El bien aplasta al mal. Siempre.

Se hace la luz definitivamente

Ha dicho Gervasio Sánchez durante su presentación que James es un faro que ilumina el trabajo de muchos que están aquí, y otros muchos que están allá, en la acera, trabajando. Ha sido el delegado de una clase que ha querido aplaudir de pie a un profesional al que admiran. Allí estaban él, y muchos otros que también se han ganado las nóminas y el Cielo en el puro infierno. Aquí, o donde los mapas políticos borran los nombres de los pueblos.

Conversaciones Con ha rendido hoy un homenaje global al fotoperiodismo sin fronteras, y a los fotógrafos que nos ilustran las páginas del día a día. A los que retratan el dolor, y a los que pintan personas con luz. A los que cuentan con una imagen, y a los que prefieren las palabras para ilustrar una foto. Éramos muchos. Y a pesar de que el fotógrafo es un profesional muchas veces anónimo para las masas, porque el Óscar de las audiencias va al que firma, o al que pone la cara…, entre las gradas de una Universidad para mayores de edad hemos visto a Alfonso Armada (ABC), a Moeh Atitar de la Fuente (periodista, fotógrafo y autor del blog Guerra y Paz), al reconocido fotoperiodista Olmo Calvo… Y a Paul Hanna (Reuters). Andrés Kudacki (AP). Carlos Montagud (El Mundo). Daniel Ochoa de Olza (AP). Begoña Rivas (freelance, y habitual de lo mejor de Yo Dona). Lupe de la Vallina, la cara del retrato sincero de Jot Down. Y a Susana Vera, de Reuters. Y a Óscar del Pozo (ABC)…

Y hemos visto a plumas de periodistas como Isabelle Piquer (corresponsal de Le Monde), o Ángel Colina, reportero sin fronteras de la SER. O al caballero del ningún día sin poesía, aunque sea en imágenes: Antonio Lucas, de El Mundo

Lo de menos son los nombres. Lo de más son las vidas bien aprovechadas para ser periodistas de verdad, con boli, con ipad, con cámara de fotos, con cámara de vídeo, con voz, con alma…

Conversaciones Con nos ha recordado que la fotografía nació para salvar al hombre, y no sólo para inmortalizar los gatos horteras, los pies desnudos, el yo-me-mi-conmigo… El doctor Nachtwey nos ha sacado de Instagram para meternos en la red social que une a los que transforman las cosas malas en luz ajena con luz propia.

Rembrandt pintó las sombras y las luces, y le salieron joyas. La lección de anatomía del Periodismo con Mayúsculas, humanismo en carne y hueso, y profesionalidad en formato panorámico, está aprendida.

Thanks, Sir.

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Articúlo publicado en Conversaciones Con en marzo de 2015

Seis meses y una pandemia sin David Gistau

Foto: Álvaro García Fuentes

Antes de que estos 22 años de periodismo fueran campo verde, David Gistau fue Matilde Urbach. Astróloga. Y escribía horóscopos en Paisajes sin ninguna vergüenza:about:blank

            Virgo: En la vida, como en el álgebra, los hay que montan el número y los hay que no se enteran de nada. Leñe, estoy casi segura de que esto venía a cuanto de algo… ¡Ah, sí! Advertencia: tras un nuevo suspenso en la asignatura sentimental, los Tauro no disfrutaréis del amor hasta que aprendáis como Venus manda la tabla de multiplicación (de la especie, se entiende).

David no era Tauro y el 19 de junio habría cumplido 50 años, pero se había aprendido “la tabla de multiplicación” poniendo pluma y corazón al western de la vida. Y hemos echado de menos sus cuernos libres durante toda esta pandemia.

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