Espumas

bañ

Suena el despertador.

Suena el despertador.

Suena el despertador.

¡Mierda! ¡Llegamos tarde! Enciende la luz. Sal de la cama. Abre la persiana. Coge la toalla. Despierta a los niños. Enciende la cafetera. Enchufa el termo. Entra en la ducha. Grita socorro. Órdenes inconexas. Palabras sincopadas. Ducha con taquicardias mañaneras. ¡Juan, tuesta el pan! ¡Niños, venga! ¡Haced la cama! Una voz intensamente activa implora temprano tras la cortina de plástico en el baño de una casa. Cae el agua con histeria.

Secarse con espasmos. Ropa sucia encestada con puntería. Huele a pan tostado y aquí el ambiente es de Solo en casa antes de volar sin Kevin.

Café cargado. Niño en toalla buscando calcetines limpios. Niña al baño María intolerante al estrés enciende la tele. Restos de galletas se sumergen entre los pliegues del sofá. Estampados como lelos, Julen y Mati contemplan los dibujos de La 1.

¡Niños, venga! Julen, cámbiate de zapatos. Mati, coge, cariño, el bolso de lule de flores de playa. Récord mundial de relevos de palabras por segundo. ¡¡¡¡Juan!!!!!

Silencio.

Ataque de hipertensión sobre el pomo del baño.

¡Juan, no te hagas el sordo!

Juan, el amor de su vida, posa entre burbujas del champú de marca blanca. El tsunami alborotado de una casa con prisas no le concierne. Él casi flota pacífico, in albis, porque está muerto. Y entonces se pararon los relojes.

Amanecer con drama ordinario en el segundo izquierda del número 67 de Menéndez Pincel… Era el último día de su verano…

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Relato para el concurso #AmoresdeVerano de Zenda

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“El dinero ha prostituido el deporte”

LRSol

Foto: Álvaro Sánchez León

Entre Sherlock Holmes y Conan Doyle. Corte clásico. Un catalán hecho a Madrid. Discreto. Cuesta sacarle esta historia. Serio. Actualmente, fiscal de la Inspección Fiscal de la Fiscalía General del Estado, valga la triple redundancia. Y escritor novel.

Con el juicio a la cúpula de la Caja de Ahorros del Mediterráneo recién clausurado, a Rodríguez Sol le choca que le llamen por sus libros. Hola, buenas tardes. He leído sus dos novelas. Me gustaría hablar con usted sobre ellas. Quedamos, porque su último libro no puede ser más oportuno en este verano de goles corruptos, Villar pasando por el trullo, amaños, fichajes mercenarios y presidentes de federaciones deportivas con caras de culpables.

Luis Rodríguez Sol ha escrito cuatro libros. Los dos primeros son puramente académicos: Registro domiciliario y prueba ilícita (1998) y Justicia Penal en la Unión Europea (2007). Sin embargo, después de 14 años en la Fiscalía contra la Corrupción y la Criminalidad Organizada, el fiscal discreto se ha dado a la autopublicación de novelas negras en Amazon. En marzo de 2016 fue La marca del volcán, una historia sobre blanqueo de capitales con epicentro en Ginebra. Y el pasado mes de noviembre, Pena máxima, una novela inspirada en la sospecha de amaño del Levante-Zaragoza de la temporada 2010-2011, que investigó Anticorrupción y que está pendiente de juicio.

Pena máxima conjuga maletines en la segunda división del fútbol español, penaltis comprados, representantes de deportistas con instinto asesino y mujeres de futbolistas que acaban siendo el rostro de la humanidad.

Encuentro con el fiscal. Al fondo, en la televisión, Villar entrando -luego saldría- en prisión, la jefa de la selección española y sus dos años en un hotel de cinco estrellas, dos partidos de Wimbledon bajo sospecha, el tufo de la FIFA, Sandro Rosell en Soto del Real y Pino Zamorano revelando mordidas, amaños y presiones.

De frente, Rodríguez Sol, que no ve prudente opinar sobre los casos abiertos, pero pinta un escenario, porque “el deporte español está para novelas de todos los colores”. “Afortunadamente, muchas podrían ser de género épico. Sin embargo, hay otras historias que no dan más que para novela rosa, a veces con tintes verdes. Y para novela negra, por supuesto, porque la novela negra bebe en la fuente de las pasiones humanas, como la ambición, el afán de superación, el odio o el deseo de venganza. Y todo eso está presente en el deporte”.

En su opinión, “el dinero ha prostituido el deporte”, y en ese capítulo incluye la responsabilidad de los clubes deportivos, las televisiones, las casas de apuestas… “E iremos a más. Es una ecuación matemática: cada vez se maneja y se invierte más dinero en el deporte, luego…”. A Rodríguez Sol le duele que el fútbol “se haya convertido en un negocio” y que “para algunos sea sólo un medio de ganar dinero”. Como fiscal que ve las cosas por dentro, pero también como aficionado, lamenta que “los sueldos actuales de los futbolistas los hayan transformado en mercenarios dispuestos a jugar por el equipo que les pague mejor, lo cual es la antítesis del deporte en su concepción original”.

Después de casi tres lustros en Anticorrupción, Rodríguez Sol confirma que son pocas las denuncias que llegan a la Fiscalía relacionadas con el mundo del deporte. Todavía. Sin embargo, su novela Pena máxima es una especie “de tarjeta amarilla: una advertencia con posibilidad de enmienda”. Y añade: “Se dice que, cuando se sacan demasiadas tarjetas en un partido, la culpa es del árbitro. Quizás deberíamos preguntarnos si realmente hay alguien que controla a las federaciones y si tiene los medios adecuados para hacerlo”.

Luis Rodríguez Sol escribe con el buen uso del español. Literatura sobria. Historias trepidantes, creíbles y atractivas. De guión de cine. Con conocimiento de causa, admite que los maletines que pululan en su libro pueden ser también protagonistas de la Liga española: “Si tenemos en cuenta todas las categorías, es posible que haya más de uno circulando en cada jornada”. Con ironía fina, admite que “si dieran algún trofeo, es posible que los grandes clubes fueran más ejemplares en el cumplimiento de la ley”.

Después de más de una década en Anticorrupción, sus novelas son negras, pero sin pesimismo existencial. Curiosamente, con la que está cayendo en los tribunales españoles, este Conan Doyle nacido en Lérida escribe con realismo, pero con esperanza. Con extractos de Dostoievski desperdigados entre sus páginas literarias, el fiscal destaca que “la propia experiencia personal nos enseña que el sentimiento de culpa existe, es absurdo obviarlo, y no hay nada más destructivo para el hombre que negarle la posibilidad de perdón. Por eso mis novelas son historias de redención que intentan dar una visión esperanzadora del hombre, por muy criminal que haya sido”.

Artículo publicado en el suplemento Crónica de El Mundo el 6 de agosto de 2017: http://www.elmundo.es/cronica/2017/08/11/59874ca6ca474197468b45fe.html

 

Talento por El Mundo

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Hoy El Mundo cumple 10.000 periódicos. Es un buen aniversario. Cuatro veces redondo. Me uno a esta fiesta ofreciendo tres entrevistas -importantes para mí- que ayudan a conocer mejor el talento del periódico.

Pedro J. Ramírez, Casimiro García-Abadillo y Antonio Fernández-Galiano.

Son tres entrevistas que también forman parte del emotivo homenaje al periodismo y la casa que ha montado la editorial en ese especial que hoy está en los quioscos y que, me parece, es un gesto de profesionalidad y respeto entre amigos y compañeros que lo fueron a pesar de las dificultades vividas en los últimos años.

Felices 10.000. Todavía queda Mundo por montera.

Pedro J. Ramírezhttp://www.elconfidencialdigital.com/medios/Rajoy-presidente-Gobierno-desaparecera-completo_0_2495150488.html

Casimiro García Abadillohttp://www.elconfidencialdigital.com/medios/Moncloa-queria-Mundo-periodico-salido_0_2436356345.html

Antonio Fernández-Galiano: http://www.elconfidencialdigital.com/medios/pluralismo-espanola-lamentablemente-mercado-permitir_0_2902509746.html

 

Antiburbujas y refrescantes

people

Peter Morgan es mi mano derecha. Mi Perry Mason. Hoy aquí. Mañana allá. Un recurso literario eficaz y responsable. Un enviado especial. Mi webcam.

Le he enviado al Instituto Zaratustra, una referencia académica pujante, donde se forman, vía contribuyente, los líderes sociales que pagarán nuestras pensiones.

“Hola, Peter. Te necesito”. Y mi amigo fantástico acude veloz, como Kitt. Me gustaría encargarte una encuesta sencilla. Instituto. 1º de Bachillerato. Anónima. No resta puntos para la evaluación. Se puede escribir en rojo. Que sean libres para responder a esta pregunta: ¿Qué es para ti un/a laico/a?

Peter llega. Saluda a una profesora entusiasta que enseña humanidades. Un oasis. Ella, encantada con el experimento.

20 minutos después, Peter vuelve a casa leyendo las respuestas. Es primavera. También en El Corte Inglés.

“Un laico es el que ayuda al sacerdote a pasar la cesta del dinero en la misa”

“Un laico es un tío como de otra generación muy religioso. Mi abuelo creo que es laico”

“Laica es una chica con falda súper larga. Una especie de monja, pero que no está encerrada en un convento”

“Laica es la mujer que no puede ser sacerdota. Por ahora”

“Laicas son las del coro de la parroquia donde hicimos la Comunión. Sonia, Isa, y estas. Se casan. Muy majas, por cierto”

Y así, 36.

Ordenamos las respuestas. Las subrayamos. Las valoramos. Algunas nos hacen gracia. No es risa tipo hay-que-ver-cómo-está-el-mundo. No. Entendemos perfectamente lo que los alumnos del Zaratustra quieren decir. Nada más positivo que la realidad, y las percepciones también son realidad.

Laico-ca es un término confuso, también en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua. Dice la voz de la sabiduría filológica: “Que no tiene órdenes clericales”. En negativo. A la defensiva. Su origen también surge por contraposición. Significa “del pueblo” y se oponía a la voz de “clérigos”.

Tomamos notas, pensamos y exponemos un esquema. Mónica, la profesora, le ha pedido a Peter volver con su balance y él aterriza de nuevo en el instituto. Los jóvenes están de exámenes, pero tienen curiosidad por ver de qué va la fiesta.

Hemos preparado un Prezi muy chulo que se titula: “Cristianos en vaqueros y la humanización del futuro”.

Leo así, directamente de la pantalla.

Un laico no es un medio-cura. Es un cristiano corriente, que pilla el metro, usa whatsapp, lee la prensa, estudia o trabaja, tiene amigos, escucha Spotify, sigue Netflix, va a la moda, tiene personalidad, y sentido del humor, y va a Misa y quiere ser feliz.

Un laico es una persona como tú que, además, tiene una conciencia cristiana, se siente uno más dentro de la Iglesia, quiere, lee y secunda lo que dice el Papa, e intenta convertir su fe en hechos concretos de andar por casa, porque tiene el reto de ser coherente.

Laika era la perra del cohete de Mecano, y se escribe con k. Los laicos con c no viven en el extramundo. Buscan muchas cosas, aunque no siempre las consiguen. La vida es larga, y nadie dijo que el objetivo era ser perfectos a la primera. Pelean por ser buenos ciudadanos, una asignatura cuyo programa va desde mejorar la sociedad hasta tirar los papeles a la papelera. Pelean por ser buenos amigos. Y pelean por ser buenos profesionales. Como todos los cristianos, deben ser una referencia profesional en su ámbito y sacar el máximo rendimiento a su talento para la sociedad en la que vibran.

Un laico no es un verso suelto. Es una sinalefa: un puente de unión, un agente de unidad entre las personas con las que disfruta conviviendo.

Un laico no es un talibán de sus principios. Como cristiano, defiende la libertad de las conciencias por encima de todo.

Un laico es un foco de alegría. No sólo de jajajas. Sí, de aspiraciones de fondo en regla y santa paz.

Un laico es un tipo audaz que se mueve, que colabora, que ayuda, que tiene ilusiones, que busca, que encuentra, que anima, que moviliza. Un laico es un tipo al que le interesan las cosas, porque nada de lo humano le es ajeno. Un laico es antiburbujas y refrescante.

Un laico no apostoliza con sermones, no impone doctrinas, ni dogmas, ni da lecciones. No es de lo-que-tú-tienes-que-hacer-es-lo-que-yo-te-diga. Da ejemplo.

Una laica es esa madre estupenda que cuida a sus hijos como oro en paño, que une a las diferentes generaciones de la familia, que combina casa y trabajo, que ama, que disfruta de las cosas buenas que tiene la vida. Que abre sus ojos. Que ríe. Que llora. Que reza el Ángelus. Que va al supermercado. Que va al cine. Que se cuida. Que cuida.

Un laico es un caballero. Que combina casa y trabajo como la laica de antes. Que crece. Que hace deporte. Que prepara la comida. Que habla con sus hijos. Que ve el Madrid en pantalla grande. Que compra flores a su mujer. Que se confiesa. Que barre. Por dentro. Y por fuera.

Una laica no tiene edad media. Puedes ser tú. Con tus zapas molonas. Con tus carpetas forradas con arte. Con tus apuntes de colores. Con tus idas y tus venidas, tus cascos, tu parroquia, tus amigas, tus amigos, tu gente, tu cine, tu mundo, y el de todos.

Tengo laicos de 14, de 32, de 46, de 58, de 60, de 74…, con salud, con enfermedad, casados, soleteros, azules, verdes, pero nunca marcianos. Como ese: el de los vaqueros.

Me cuenta Peter Morgan que Astrid, la chica que muerde el boli con desdén en primera fila, se ha interesado por el tema.

Pues ya está.

Vete tú al Zaratustra con la Lumen Gentium. Vete, y nos cuentas.

Lo de “antiburbujas y refrescantes” es lo que más gracia les ha hecho. No habíamos caído, pero sí. Las bebidas isotónicas son una buena metáfora para explicar este capítulo.

Roma, un spa vital

ROMA Y FLORENCIA UN VIAJE GUIA

Cada vez entiendo más el poder de las termas. Caracalla sabía de la vida. Hazme caso.

Acabo de aterrizar en Madrid tras diez días inolvidables en Roma. Ha sido un viaje de casa a casa a pesar del avión, los kilómetros, el idioma. No sé cómo explicarte que, a veces, entre salas de estar hay carreteras y cielos.

Han sido días de trabajo para un proyecto ilusionante que me traigo entre manos y que tiene Roma como epicentro, pero que mira a todo el mundo con un optimismo desbordante.

He estado diez días en Roma y no he pisado la Piazza Navona, ni el Colisseo, ni los foros… No ha caído mi moneda rancia sobre las aguas de Trevi. No era una promesa, ni mucho menos, pero no vine acá de turismo, ya tu sabes… Habrá tiempo para patear de nuevo esos lugares que ensanchan el alma y personifican la belleza. La verdad: no he echado de menos esos rincones ninguno de estos días.

La Roma que yo he vivido este mayo ha sido un spa vital, aunque Pepe se ría. Aire puro. Gente buena. Conversaciones estimulantes. Paz. Prayer. Y una gastronomía estupenda sin pisar un restaurante. Que los platos con arte abren los poros del humanismo realista y, a la vez, son un trampolín.

Olas tranquilas de ideas, proyectos, ilusiones, recuerdos que van, recuerdos que vienen y que no se han muerto en ninguna orilla. Burbujas de alegría, de jovialidad, de familia sin metáforas. Lluvia regeneradora. Vapores de autenticidad que humedecen hasta el más seco adoquín de un ferragosto al vacío.

Roma no es un sitio más. Es un lugar esencial.

Los tengo que venden alfombras. Alfombras que vuelan.

Avevo quasi dimenticato quanto sei bella, Roma. Grazie mille. 

Cuatro plumas (y ningún funeral…)

escritores

Día del Libro. Cuatro escritores. Cuatro entrevistas largas. Cuatro plumas y ningún funeral. Cuatro jinetes libres. Cuatro estilos. Cuatro por cuatro: equis talentos. Cuatro denadas.

Luis Alberto de Cuenca

http://www.elconfidencialdigital.com/vivir/democracia-convertirse-mediocridad-degenerar-demagogia_0_2784921493.html

Jorge Bustos

http://www.elconfidencialdigital.com/medios/habla-perdida-calidad-periodismo-lectores_0_2889911000.html

César Antonio Molina

http://www.elconfidencialdigital.com/politica/mensaje-PSOE-Espana-historia-confuso_0_2726127394.html

Lorenzo Silva

http://www.elconfidencialdigital.com/vivir/Votar-Espana-deprime-defrauda-triste_0_2474152586.html

 

10 fallos sistémicos del Tramabús

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Podemos ha sacado esta mañana su paso. En su pascua de resurrección, el partido de Pablo Iglesias admite que necesita hacerse oír. Él y su gente, dividida en bandos precoces, sabrán por qué el espectáculo, el montaje y el show antes que la política.

Este autobús no ha pasado por la ITV del sentido común. Aun así, la circulación pública es un bien de alto riesgo que conviene vigilar de oficio.

He aquí los 10 primeros fallos sistémicos que se observan a simple vista de este barco de Chanquete convertido en patíbulo civil:

El Tramabús:

  1. Convierte el discurso de Podemos en un cómic.
  2. Traviste la justicia en un bus condenatorio.
  3. Mezcla posverdades y posmentiras retratando el populismo señalador.
  4. Canoniza la incomprensión de Podemos hacia el papel de los medios de comunicación.
  5. Permuta “la sonrisa de un país” por “el exhibicionismo del odio con nombres y apellidos”.
  6. Consagra a Podemos como un partido a la defensiva poco constructivo.
  7. Delata el infantilismo inherente a la formación de Iglesias.
  8. Es una pancarta llena de venganzas sobre ruedas.
  9. Confunde la libertad de expresión con el vudú.
  10. Enciende la mecha de otras guerras. Al tiempo.

Feliz día de telediarios. Hacen ustedes la pascua a los que creíamos firmemente en que otra política no superficial era posible.