Querido Equis:

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Querido amigo, que no pasas de las tapas de los libros:

Me alegra saber de ti de cuando en cuando, aunque vuelvas con la escopeta de tu sordera cargada. ¿Qué tal? ¿Sigues tan a gusto en el pasado entre añoranzas y ojalases que tuercen en grises tus gestos? Anímate a descubrir la belleza de nuestros tiempos, a pisar la misma calle que todos, a curarte de esa alergia a la realidad y ese miedo a los futuros que no son como dicen tus manuales escolásticos.

Me acuerdo de ti con frecuencia cuando leo los comentarios a noticias de la prensa digital. Te imagino disfrazado detrás de un pseudónimo echando gasolina a los que no piensan como tú y encima se crecen cuando atisban que te encienden los contrarios.

¿Sabes? Hay un mundo tan apasionante fuera de tus esquemas que me da pena que te lo pierdas. Al fin y al cabo somos amigos y prefiero no tener amigos amargados ante la imposibilidad de salvar el planeta de todos los males que contraataca tu botiquín. Pero bueno, nos conocemos desde hace tiempo. Tú sabes por dónde voy y yo sé de dónde vienes.

A veces me planteo si los hitos precedentes de tu biografía fueron así de encorsetantes o si no los entendiste bien. Lo hablaremos con unas copas, si no te parece mal poner un gyntonic entre nuestras maneras de afrontar el presente.

¿Sigues viendo todo lo nuevo como una provocación? ¿Mantienes esa obsesión por leer sólo a la gente que piensa como tú? Si es así, ¿cuántos libros quedan en tu biblioteca? Igual tu mundo es más Matrix de lo que piensas cuando miras por la ventana entre las persianas de tu maduro y desmoralizante pesimismo.

Oigo las ironías con las que te comunicas con el mundo. ¿Has pensando escribir un libro de autoayuda para sacarnos a todos del pozo de este optimismo adolescente que juzgas como filosofía frívola de huida hacia delante?

¿A cuántas personas has mandado hoy al paredón? ¡Ya eres todo un sin techo de la sociedad que debías colorear con tus aportaciones! ¿Sigues etiquetando la vida desde ese sillón de pana? ¿Continúas dirigiendo el barco con el mando a distancia de tu frágil responsabilidad?

No te culpo. Te comprendo. Por eso te escribo. A veces me entran ganas de mandarte una caca de goma como homenaje a esa fatua importancia que te arrogas desde hace años. No te lo tomes a mal. Me encantaría echar aceite a esa cintura de mármol de Carrara fabricada en un chino.

Nos vemos cuando quieras. Abrazo enorme y feliz primavera, my friend.

(Artículo de opinión publicado en la Revista Palabra. Marzo, 2018).

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