Nacho Guerreros: «Tener siempre la razón es una utopía absurda»

Fotos: Patricio Sánchez-Jáuregui

Actor sin padrino. Su carrera es un plano secuencia de tres lustros entre televisión, teatro y cine. Sin stop. Llegó a Madrid procedente de Calahorra con la ilusión de vivir de la interpretación y le tocó la lotería. Entró de rondón en Aquí no hay quien viva y desde entonces ha conquistado una plaza crónica en la comedia televisiva nacional. Coque en La que se avecina, elegante descoque sobre las tablas con Juguetes rotos. Comedia y drama. Mejor Actor de Teatro para la Unión de Actores en el año de las mascarillas. En sus bodas de oro vitales está lleno de proyectos sin fronteras y tan en forma que quiere hacer una spartanrace. Llano y fresco como una hortaliza riojana. Sociable como un gastrónomo en la calle del Laurel. Agradecido. Aunque cree que “el cine español es un coto cerrado” a los de siempre, empieza a rodar sus primeros largos. Admira a Banderas y a Maura. Y a quienes se labran una carrera con el sudor de sus horas de trabajo con las medidas exactas de realismo, idealismo e ingenuidad para no tirar la toalla en un camino donde brillan las estrellas, pero donde solo se mantienen los artesanos.

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