Luis Enríquez: “ABC es monárquico, pero no ciego”

Fotos: Patricio Sánchez-Jáuregui

Cirujano reconstructivo. Sastre. Luis Enríquez lleva veinte años tomando las medidas a la prensa, primero en Unidad Editorial, y desde 2011, en Vocento. Vocero de la esperanza en el negocio mediático. Alquimista de ideas y talento en busca de la fórmula del antienvejecimiento del papel. Boxeador. Romántico del periodismo de Tom Wolfe y Gay Talese. Entre Camba y Rosa Belmonte. Entre Ruano y Hughes. Amigo, compadre, fan y nostálgico de David Gistau. La corona del despacho de arriba de ABC ve a la cabecera centenaria en el mejor momento de su historia diaria. Vivió la fusión de Unidad Editorial y Recoletos, y tiene hambre de sinergias en este contexto del sector de novedades que florecen y clásicos que se otoñan. Proyecta su etapa en negro sobre blanco como una película de periodistas de Sorkin, y todavía confía en un giro de guion. Porte serio y transparente. Con cintura para cantar en público y para pedir perdón. Con canas de meter los bajos a las cuentas de resultado y soñar en planes b. Un “loco” del periodismo con más miedo a la autocensura y a la cobardía que al revés del poder que no entiende los medios. Y si le cierran el grifo por contar verdades, dice, ya imaginará él otros pozos. Alas para que las plumas cuenten. Espaldas para apechugar con los números rojos.

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