David Jiménez: “Los enemigos de la verdad van armados hasta los dientes”

Fotos: Patricio Sánchez-Jáuregui.

Un kamikaze zen. El blanco de muchos odios negros en esa profesión supuestamente corporativista de la que usted me habla. Fue reportero en Corea del Norte, Siria y Birmania, entre otros huecos del mapamundi. Ha visto lo barata que está la sangre del periodista de guerra y lo lejos que están de las redacciones los suspiros de la gente que sufre en el lado oscuro de la aldea global. Fue el tercer hombre de El Mundo, pero duró poco más de 365 telediarios. Un tipo curtido en los conflictos vio que las bombas lapas estaban en su despacho. Escribió su sentencia de marginación cuché con El director, pero aquel yo-acuso ha sido un bestseller y se hará película. Fue el tercer hombre de El Mundo asaeteado por la furia de Rajoy. Ha vuelto a las librerías. El corresponsal huele a napalm con la venia de Planeta. Sigue escribiendo en las páginas de The New York Times mientras espera el santo advenimiento de la regeneración del periodismo español. Confía en los millennials la misión que han vendido los crónicos gerifaltes de esta profesión.

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