He vuelto estos días a algunas entrevistas que hice durante los últimos diez años. Las había leído por separado, cada una pegada a su momento, a su libro, a su protagonista y a las urgencias políticas y sociales de entonces. Pero al buscarlas y juntarlas en este preciso momento -correcto o incorrecto- de nuestra historia, he descubierto algo que no había buscado: llevo casi una década haciendo, de distintas maneras, la misma pregunta: ¿Qué nos está pasando?

Hay algo inquietante en las respuestas. Cambian las palabras, pero el paisaje se parece demasiado. Malestar. Incapacidad para construir un relato común. Bloques. Tribalismo. Pérdida de grandes ideas.

Entre estas conversaciones y el otoño de 2026 han pasado diez años y no estamos exactamente en el mismo sitio, aunque tampoco tengo claro que hayamos avanzado algo. Una década compleja después parecemos más cansados, más quemados, más desconfiados y menos esperanzados en el futuro.

La buena noticia es que, al releer estas cinco conversaciones, también aparecen algunas pistas para salir.

2016. José Luis Pardo: el malestar

En octubre de 2016 entrevisté al filósofo José Luis Pardo a propósito de Estudios del malestar. España llevaba meses sin Gobierno y Europa empezaba a descubrir que muchas de las certezas políticas de las décadas anteriores estaban dejando de funcionar. Pardo hablaba entonces de malestar, conflicto permanente y turbulencia. Advertía contra una tentación que sigue siendo bastante reconocible: cuando una sociedad no entiende bien lo que le pasa, aparecen enseguida quienes aseguran tener una solución sencilla para todo.

Su propuesta era bastante menos espectacular: antes de solucionar un problema hay que comprenderlo. Vivimos rodeados de respuestas y cada vez dejamos menos espacio para las preguntas. Tenemos opinión sobre casi todo antes de haber tenido tiempo de pensar casi nada. La política ha descubierto que moviliza mucho más una certeza rotunda que una duda razonable. Diez años después, quizá la primera parte de cualquier reset debería ser volver a hacernos buenas preguntas.

Entrevista a José Luis Pardo.


2016. César Antonio Molina: ¿qué tenemos en común?

Unos meses antes había conversado con César Antonio Molina de política, cultura, educación y, sobre todo, de España. La cuestión de fondo era incómoda entonces y sigue siéndolo ahora: ¿qué relato compartimos? Una sociedad debe discutir sobre impuestos, pensiones, vivienda, inmigración o sanidad. El problema empieza cuando ni siquiera comparte un suelo suficientemente sólido desde el que discutir.

El ex ministro socialista planteaba la necesidad de sentarnos a pensar juntos quiénes somos, cuál es nuestro futuro y cuáles son nuestras prioridades. Me interesa especialmente el verbo «sentarnos», porque quizá uno de nuestros problemas sea precisamente que llevamos demasiado tiempo discutiendo de pie. Preparados para marcharnos, para interrumpir, para responder, para levantarnos de la mesa en cuanto el otro dice algo que no nos gusta. En aquella conversación había una frase sencilla que, diez años después, conserva toda su fuerza: «Estamos a tiempo».


Conversación con César Antonio Molina


2021. Ignacio Urquizu: argumentos contra argumentarios

Cinco años después entrevisté al socialista Ignacio Urquizu. Estábamos ya en la España del «bloquismo». Ya no se trataba solo del malestar o de nuestra dificultad para construir un relato compartido. La división había empezado a convertirse en una manera estable de hacer política.

Urquizu defendía algo que hoy casi parece revolucionario por su sencillez: argumentos frente a argumentarios. Un argumento admite respuesta. Un argumentario, no. El argumento nace de una convicción, pero acepta la posibilidad de que el otro tenga alguna razón. El argumentario llega precocinado, coloca al interlocutor en una casilla y sirve, fundamentalmente, para que los nuestros reconozcan que seguimos siendo de los nuestros. Así es muy difícil encontrarse.

Su libro tenía un título deliberadamente esperanzador: Otra política es posible. Cinco años después, sigo pensando que la frase más importante no es «otra política», sino «es posible». Aunque las dos sean urgentes.

Conversación con Ignacio Urquizu

2024. Daniel Gascón: de ciudadanos a tribus

En 2024 hablé con Daniel Gascón y en nuestra conversación salió a la palestra una palabra todavía más incómoda: tribalismo. El titular de aquella conversación contenía una contradicción formidable: «Defendemos el pluralismo, pero somos crecientemente tribales». Nos gusta considerarnos abiertos, tolerantes y plurales., hasta que aparece alguien que piensa exactamente lo contrario. Entonces empiezan los matices.

Una sociedad tribal no necesita escuchar al adversario, porque ya sabe de antemano por qué está equivocado. Es más: necesita que esté equivocado. El contrario cumple una función esencial, ya que confirma nuestra pertenencia. Nosotros y ellos. Buenos y malos. Progresistas y reaccionarios. Fachas y rojos. Patriotas y traidores. El menú cambia según la mesa. La mecánica es sorprendentemente parecida.

Gascón reivindicaba, entre otras cosas, la desconfianza hacia los falsos dilemas. Quizá sea una magnífica gimnasia democrática. Ante dos opciones, sospechar que puede haber una tercera. O una cuarta. O, simplemente, una realidad bastante más complicada.

Conversación con Daniel Gascón

2024. Víctor Lapuente: levantar la mirada

También en 2024 entrevisté a Víctor Lapuente. Después de tanto malestar, bloques y tribus, aquella conversación apuntaba hacia un territorio distinto: el sentido cívico, las grandes ideas, la cultura, los valores y nuestra necesidad de mirar un poco más allá de nosotros mismos. Quizá hemos confiado demasiado en que la política resolvería problemas que no son exclusivamente políticos.

Ninguna ley puede obligarnos a escuchar. Ningún decreto consigue que dejemos de despreciar al que piensa distinto. Ningún Gobierno puede fabricar buenos ciudadanos por orden ministerial. Y probablemente ninguna regeneración institucional será suficiente si no viene acompañada por cierta regeneración personal.


Conversación con Víctor Lapuente

Sería absurdo convertir cinco entrevistas en una teoría sobre España. Tampoco todos estos autores piensan lo mismo ni ofrecen las mismas respuestas. Releerlos juntos produce cierto vértigo, porque muchas de las preguntas de 2016 siguen abiertas en 2026 y es probable que nos hayamos acostumbrados a vivir en esta tirantez crónica. Al ruido. A la bronca. A los frentes. A la descalificación. A la polarización.

El acostumbramiento puede ser bastante más peligroso que la indignación.

Seguramente, nos vendría bien un reset modesto. Pensar antes de reaccionar. Hacernos mejores preguntas. Buscar aquello que todavía podemos compartir. Cambiar argumentarios por argumentos. Desconfiar de los falsos dilemas. Recuperar el sentido cívico. Aceptar una idea dificilísima: que puedo estar profundamente convencido de algo y, aun así, no tener toda la razón. Estamos a tiempo.

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