Los periodistas son bipartidistas

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Mucho bla, bla, bla, y poco flow.
En tiempo de elecciones, se disparan las alarmas.
Ayer estuve en un acto (electoral) montado por Médicos del Mundo. Todas las fuerzas políticas con peso se unían en homenaje -ejem- a la ex ministra Ana Mato, autora política (que no intelectual, evidente) del decreto 16/2012 por el que se excluye de la atención sanitaria made in Spain a los inmigrantes sin permiso de residencia.
Hablamos de un decreto que es una pirueta importante en el ámbito metafórico del patinaje sobre hielo. Políticamente desacertado. Humanamente cruel. Y eso acaba sumando a todos los partidos en su contra. Y a mucha gente, empezando por los profesionales sanitarios, que flipan con ese maniqueísmo del PP en la atención a la salud.
Pero mi intención no es hablar de ese decreto, ni de Mato, ni de las connotaciones elitistas que pueda tener ahora el Sistema Nacional de Salud.
Ayer, el ojito derecho del acto fue Pedro Sánchez. El 85% de los medios presentes en el acto -por ser benévolo- acudieron a este encuentro, como podían haber acudido a ver a Pedro Sánchez jugando a la peonza en el Instituto Julio Verne. Da igual el contenido. Los medios van donde haya un candidato con boca.
Los periodistas presentes en la sala hablan, sin rubor, mientras sobre el escenario hay teloneros. Cuando Pedro Sánchez habla, piden que se cambie el micro, del que salían estertores desde el principio del acto. Pero antes, nada importa. Lo clave es recoger con fidelidad acústica la monserga del líder del PSOE.
Sánchez -serio, y con cara de agotamiento casi antes de que empiece la fiesta electoral- sube a la tarima. Tres minutos de discurso diseñado por el factotum real de la sanidad socialista: José Martínez Olmos. Cuando termina sus palabras, abandona el salón. Quinta planta del Círculo de Bellas Artes, en Madrid. Y la Bella Arte de la Buena Educación se quedó sin alma. Sánchez dejó el acto después de disparar sus palabras. No tenía tiempo para escuchar a los demás. Ya había puesto su piedra, y el resto no eran de su incumbencia. Porque las campañas electorales son así: muy de que cada palo aguante su candidatura, que yo con escucharme a mí tengo bastante.
Luego, los telediarios seleccionan dos minutos del acto, y todo queda como si hubiera sido impoluto. Pero no hay tiempo para contar la realidad que los telespectadores no pueden ver, y que a mí me parece determinante. Al final, los medios de comunicación pactan con los partidos políticos el diseño de una campaña irreal, porque acaban contando las cosas con un lacito de glamour que no existe, y no es verdad.
Cuando Pedro Sánchez soltó sus titulares, se fue sin mirar para atrás. Y las cámaras de televisión le siguieron el juego y se fueron con él. Revuelo en la sala. Los periodistas han venido a lo que han venido. Lo sabe el hombre de CiU que está ahora sobre el escenario. Y lo sabe mejor aún Gaspar Llamazares, que antes de subirse a la tarima, interrumpe un pensamiento en voz alta, algo así como “ya se sabe, así son los medios”.
Pedro Sánchez faltó al respeto. Se fue con el protagonismo a otra parte, y ya todo lo demás fue descafeinado.
Y los periodistas -incluyo cámaras, fotógrafos, y tal-, que también deben aprender a ser audaces sin necesidad de pisotear un mínimo de saber estar, fueron cómplices de este desplante. Luego serán los primeros que bramen contra el bipartidismo. Un clásico.
Y les cuento esto, porque cuando salí del Bellas Artes, tres allegados a Pedro Sánchez -una mujer, y dos hombres- comentaron discretamente a mi oído: “¿Qué le ha pasado a Pedro? ¿Se ha ido antes porque se ha enfadado? ¡La verdad es que estamos muy cansados de lo de ayer!”
Pedro se fue. No estaba previsto el desplante. No sabemos si fue cansancio o cabreo. O las dos cosas. Fuera lo que fuera, se le vio en la cara. En cualquier caso, él está en su derecho de hacer lo que quiera. Pero los periodistas no pueden, y no deben. Luego se quejarán de ser perrillos falderos del político de turno… Sí. Ya lo sé. No son ellos. Son sus jefes. Los de la pancarta anti bipartidismo. Los mismos que no quieren cambiar el guión que ya ha cambiado en las calles de España…

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