La estafa de los dircom

1082092516El tema de los gabinetes de comunicación se nos va de las manos. El camino que hay de lo que antes eran jefes de gabinetes de prensa a lo que hoy son dircom -con luz propia y destellos de flashes– es el mismo camino que lleva del final, al principio del túnel. De la claridad, a la oscuridad permanente. De la transparencia real, a la transparencia de salón, de diseño, de mentira…

Cualquier periodista sabe que acceder a las direcciones de comunicación de un partido político, de un ministerio, o de algo que no sea sólo un chiringuito, se ha convertido en prueba olímpica de salto con pértiga, porque son muros cada vez más altos.

Con la excusa de que hay demasiados medios de comunicación (las “cabeceras clásicas” de Bieito, las menos clásicas de internet, radios, televisiones, y el amplio etcétera que crece entre los grandes y los medios locales pagados con cargo a los contribuyentes locales), ningún pez gordo quiere ofrecer entrevistas. “Es que tengo muchas pedidas, y he decidido no ofrecer ninguna”. Tapón. Paz. Y después gloria. Y en ese caldo de cultivo de la impunidad para dar la cara se gestan muchos corruptos, porque cuando no hay focos de prensa, todo es mucho más fácil…

Los dircom -muchos, generalizar es siempre una injusticia- son hoy maestros de la esgrima, especialistas en esquivar al periodista, recitadores de frases huecas de argumentario, diseñadores de frases bonitas para colgar en las redes sociales, ideadores de hashtag… Son, como sus jefes, adictos a lanzar sus mensajes sin esperar oír ninguna respuesta de vuelta. El feed back ha muerto. Con los dircom, el emisor y el mensaje son los únicos elementos de la comunicación. El canal y el receptor no importan, porque ellos no buscan un diálogo, sino un monólogo sin gracia.

El otro día, Paco González, director de Tiempo de la Tarde de la Cadena Cope, me decía que los dircom del deporte hacen antiprensa (http://www.elconfidencialdigital.com/medios/verdadero-pueblo-Espana-deporte-politica_0_2448955102.html). Quiero decir, que este vacío y estos muros no los sufrimos sólo los freelance. Lo comprobé al poco tiempo cuando el dircom de un equipo de fútbol de primera división me respondió -dos meses después- así cuando le solicité una entrevista para uno de sus defendidos: “Lamentablemente sus agendas están saturadas. No podemos atender tu solicitud. Un saludo”. Y se fumó un puro gigante y desde aquí veo cómo sube el humo de su paz.

Más escándalo me produjo esa dircom de una institución pública como la del Defensor del Pueblo. Soledad Becerril no quiere entrevistas. No le gustan. Prefiere defender al pueblo desde la tranquilidad de su despacho gris-oscuro-casi-negro. Es flipante, lo mires por donde lo mires…

Los dircom -muchos, porque generalizar es una injusticia… apetecible…- son la tapadera de los silencios. Que no me vengan hablando de comunicación. Ellos son comerciales. Escupidores de comunicados. Comunicar y escupir comunicados no es lo mismo. O al menos, no es igual. Así, difícil. Muy difícil. Pero vamos, que las imprudencias en comunicación se pagan. Cada vez más…

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