Ya huele a Feria

ya huele a feria

Soy sevillano. Pero no soy ciego. Gracias

Andalucía es una comunidad a cámara lenta. Con mucho talento, pero secuestrada por el talante políticamente empobrecedor de más de tres décadas con los colores de la Coca-Cola. Todo el mundo entiende –hasta los que llevan 30 años viviendo del cuento partidista, en la intimidad- que nada con 30 años del mismo gobierno puede convertirse en locomotora. Somos así. Si sólo hay que dejarse llevar, la inercia tira, pero también ahoga…

Chaves. Griñán. Zarrías. Susana…

Sin embargo, como es lógico, el PSOE está en su derecho de convertirse en régimen. Quizás no sea estético, pero tampoco sería ético jugar a perder, aunque parezca que lo han intentado en demasiadas ocasiones con esos escándalos que en Andalucía duran lo que una feria de abril. Como mucho.

Yo tengo mi teoría azul y verde, porque pienso que el PP nunca ha apostado por Andalucía en serio. Desde luego, Juanma Moreno y su copita de fino español no estaban a la altura de las circunstancias. En una comunidad a la que mayoritariamente le entra sarpullido cuando oye el nombre de Javier Arenas, el partido de Cospedal en el que convive Rajoy no ha dado nunca un duro por ganar Andalucía. Y se nota. Mucho. Ganaron las elecciones pasadas por contraste, casi por casualidad, por reacción, y porque Albert Rivera seguía pegado sólo a Cataluña, Rosa Diez buscaba sobrevivir en Madrid, y Pablo Iglesias no estaba ni en la mente de la Ley D’Hont…

Izquierda Unida es un bonito recuerdo para los que fueron de las juventudes comunistas. Y poco más. Maíllo es ese profesor de instituto simpático, sonriente, normalizador que ha intentado sacar al dinosaurio del puño y la hoz del armario, y se ha topado con que sólo le siguen los muy muy cafeteros, o los muy muy nostálgicos. Antonio será un gran diputado. Aunque tiene cara de no tener estómago para aguantar el pulla político más allá de una legislatura.

El Partido Andalucista tiene el mérito de seguir con vida gracias a la técnica política del ensañamiento terapéutico… Mire usted…

Juan Marín es demasiadas cosas antes de Ciudadanos, y eso siempre lastra. Dicen que agua pasada no mueve molino, pero en política el pasado es, precisamente, lo que acogota el presente y el futuro. No creo que gane gran cosa en estas elecciones, aunque me consta que muchos andaluces están dudando entre la papeleta azul y la naranja. Si Andalucía es el experimento electoral, pienso que no le servirá a Ciudadanos como reflejo de las autonómicas que vengan después. Marín es un candidato flojo.

Martín de la Herrán tiene cara de político honesto. Personalmente, ha sido el candidato sorpresa, aunque los que están a pie de Andalucía le conocen, porque es un político activo también cuando el humo de las elecciones no está cerca. Simpático. Normal. Cercano. Me he escrito varios mensajes directos de twitter con él, y me ha respondido siempre. Eso al resto de candidatos estirados le parecería una pérdida de tiempo para la compra de votos… La pena que me da es que en Andalucía el magenta se lleva poco. Hay perjuicios contra Rosa. Yo también los tengo. Con Martín me iría de tapas y de bares. Y eso también pesa en la balanza de un voto, sobre todo cuando sabes que, al final, gobernar-gobernar, gobiernan los de Europa…

Teresa Rodríguez es una mujer preparada. Me recuerda a las delegadas de mi facultad de Periodismo de Gonzalo de Bilbao. Al papel de estraza marrón colgando de las paredes anunciando botellones. A las asambleas interminables. A ese idealismo juvenil que se pasa cuando entiendes que la lírica es poco práctica para cambiar el mundo…

Teresa no es Teresa. Teresa es Podemos. Y esa es la incertidumbre. Entrarán con fuerza en el Parlamento, eso parece inminente. Entonces, Teresa ya no será Podemos. Será Podemos en acción después de la contemplación. Y será Podemos puede, o Podemos es bla-bla-bla.

El reportaje de hoy sería conseguirse cinco pantallazos de los grupos de whatsapp de las familias andaluzas indecisas, que son muchas. Ya no sólo se plantean ir a la playa, sino que están a punto de dejar en tierra su voto conservador que, hasta ahora, se encontraba en el primer puesto del podio electoral español. Lo digo porque, de una familia azul muy numerosa que conozco de cerca, la mitad no sabe a quién votar a estas horas…

En el albero nos encontraremos…

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