Antiburbujas y refrescantes

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Peter Morgan es mi mano derecha. Mi Perry Mason. Hoy aquí. Mañana allá. Un recurso literario eficaz y responsable. Un enviado especial. Mi webcam.

Le he enviado al Instituto Zaratustra, una referencia académica pujante, donde se forman, vía contribuyente, los líderes sociales que pagarán nuestras pensiones.

“Hola, Peter. Te necesito”. Y mi amigo fantástico acude veloz, como Kitt. Me gustaría encargarte una encuesta sencilla. Instituto. 1º de Bachillerato. Anónima. No resta puntos para la evaluación. Se puede escribir en rojo. Que sean libres para responder a esta pregunta: ¿Qué es para ti un/a laico/a?

Peter llega. Saluda a una profesora entusiasta que enseña humanidades. Un oasis. Ella, encantada con el experimento.

20 minutos después, Peter vuelve a casa leyendo las respuestas. Es primavera. También en El Corte Inglés.

“Un laico es el que ayuda al sacerdote a pasar la cesta del dinero en la misa”

“Un laico es un tío como de otra generación muy religioso. Mi abuelo creo que es laico”

“Laica es una chica con falda súper larga. Una especie de monja, pero que no está encerrada en un convento”

“Laica es la mujer que no puede ser sacerdota. Por ahora”

“Laicas son las del coro de la parroquia donde hicimos la Comunión. Sonia, Isa, y estas. Se casan. Muy majas, por cierto”

Y así, 36.

Ordenamos las respuestas. Las subrayamos. Las valoramos. Algunas nos hacen gracia. No es risa tipo hay-que-ver-cómo-está-el-mundo. No. Entendemos perfectamente lo que los alumnos del Zaratustra quieren decir. Nada más positivo que la realidad, y las percepciones también son realidad.

Laico-ca es un término confuso, también en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua. Dice la voz de la sabiduría filológica: “Que no tiene órdenes clericales”. En negativo. A la defensiva. Su origen también surge por contraposición. Significa “del pueblo” y se oponía a la voz de “clérigos”.

Tomamos notas, pensamos y exponemos un esquema. Mónica, la profesora, le ha pedido a Peter volver con su balance y él aterriza de nuevo en el instituto. Los jóvenes están de exámenes, pero tienen curiosidad por ver de qué va la fiesta.

Hemos preparado un Prezi muy chulo que se titula: “Cristianos en vaqueros y la humanización del futuro”.

Leo así, directamente de la pantalla.

Un laico no es un medio-cura. Es un cristiano corriente, que pilla el metro, usa whatsapp, lee la prensa, estudia o trabaja, tiene amigos, escucha Spotify, sigue Netflix, va a la moda, tiene personalidad, y sentido del humor, y va a Misa y quiere ser feliz.

Un laico es una persona como tú que, además, tiene una conciencia cristiana, se siente uno más dentro de la Iglesia, quiere, lee y secunda lo que dice el Papa, e intenta convertir su fe en hechos concretos de andar por casa, porque tiene el reto de ser coherente.

Laika era la perra del cohete de Mecano, y se escribe con k. Los laicos con c no viven en el extramundo. Buscan muchas cosas, aunque no siempre las consiguen. La vida es larga, y nadie dijo que el objetivo era ser perfectos a la primera. Pelean por ser buenos ciudadanos, una asignatura cuyo programa va desde mejorar la sociedad hasta tirar los papeles a la papelera. Pelean por ser buenos amigos. Y pelean por ser buenos profesionales. Como todos los cristianos, deben ser una referencia profesional en su ámbito y sacar el máximo rendimiento a su talento para la sociedad en la que vibran.

Un laico no es un verso suelto. Es una sinalefa: un puente de unión, un agente de unidad entre las personas con las que disfruta conviviendo.

Un laico no es un talibán de sus principios. Como cristiano, defiende la libertad de las conciencias por encima de todo.

Un laico es un foco de alegría. No sólo de jajajas. Sí, de aspiraciones de fondo en regla y santa paz.

Un laico es un tipo audaz que se mueve, que colabora, que ayuda, que tiene ilusiones, que busca, que encuentra, que anima, que moviliza. Un laico es un tipo al que le interesan las cosas, porque nada de lo humano le es ajeno. Un laico es antiburbujas y refrescante.

Un laico no apostoliza con sermones, no impone doctrinas, ni dogmas, ni da lecciones. No es de lo-que-tú-tienes-que-hacer-es-lo-que-yo-te-diga. Da ejemplo.

Una laica es esa madre estupenda que cuida a sus hijos como oro en paño, que une a las diferentes generaciones de la familia, que combina casa y trabajo, que ama, que disfruta de las cosas buenas que tiene la vida. Que abre sus ojos. Que ríe. Que llora. Que reza el Ángelus. Que va al supermercado. Que va al cine. Que se cuida. Que cuida.

Un laico es un caballero. Que combina casa y trabajo como la laica de antes. Que crece. Que hace deporte. Que prepara la comida. Que habla con sus hijos. Que ve el Madrid en pantalla grande. Que compra flores a su mujer. Que se confiesa. Que barre. Por dentro. Y por fuera.

Una laica no tiene edad media. Puedes ser tú. Con tus zapas molonas. Con tus carpetas forradas con arte. Con tus apuntes de colores. Con tus idas y tus venidas, tus cascos, tu parroquia, tus amigas, tus amigos, tu gente, tu cine, tu mundo, y el de todos.

Tengo laicos de 14, de 32, de 46, de 58, de 60, de 74…, con salud, con enfermedad, casados, soleteros, azules, verdes, pero nunca marcianos. Como ese: el de los vaqueros.

Me cuenta Peter Morgan que Astrid, la chica que muerde el boli con desdén en primera fila, se ha interesado por el tema.

Pues ya está.

Vete tú al Zaratustra con la Lumen Gentium. Vete, y nos cuentas.

Lo de “antiburbujas y refrescantes” es lo que más gracia les ha hecho. No habíamos caído, pero sí. Las bebidas isotónicas son una buena metáfora para explicar este capítulo.

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