Andrés Ollero: “En una democracia no se puede mandar a nadie a las catacumbas”

Foto: Santi G. Barros

Andrés Ollero (Sevilla, 1944) es el secretario general del Instituto de España, el órgano que integra a las Reales Academias del país. A esta cumbre académica y social llega avalado por mucha mili: es catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Rey Juan Carlos, fue diputado nacional del Partido Popular entre 1983 y 2003, y ha sido magistrado del Tribunal Constitucional entre 2012 y 2021.

Su biografía es, también, su bibliografía. Entre los numerosos libros destilados de su pluma, algunos hablan de derechos humanos, de discriminación, de igualdad, de universidad. Unos cuantos versan sobre fe y sociedad, Iglesia y mundo, religión y poder, laicismo y laicidad. Hace unos meses ha dado a luz otra obra sobre ese camino de cruces o ese cruce de caminos titulado Laicismo: sociedad neutralizada (Digital Reasons). El libro “incluye una serie de artículos sobre el fundamento jurídico de la laicidad como valor positivo frente al laicismo, pues garantiza el libre ejercicio de los derechos fundamentales para quienes profesan públicamente sus convicciones religiosas”. En esa harina hemos venido a meternos mirando de frente al mar del verano.

Sus esperadas memorias jurídicas –La justicia en el escaparate– están a punto de salir de la imprenta. Entonces, Ollero pasará unos meses en la vitrina de la opinión pública, porque la justicia está, también, entre la infección política, la saturación ideológica, la desigualdad social, el romanticismo, la jurisprudencia, los mosqueteros, el populismo, y el abusar y tirar.

Mientras humean las máquinas, nos centramos en el equilibrio de otra balanza: el derecho a la libertad de religión en el contexto de las sociedades occidentales contemporáneas. Minorías, armarios, tolerancia, leyes-torpedo, frivoleo constitucional, libertad, caza de brujas, argumentos, fe, esencias, altares y catacumbas.

Siglo XXI en punto. Vademécum de derecho y filosofía del derecho en vena. Con una cierta ironía granadina –aprendida en su etapa universitaria– y la experiencia de los años, conversamos con un universitario crónico que fue político siendo jurista.

Lee la entrevista en Aceprensa.

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