HURACÁN URBANO. Entrevista íntegra.

El 8 de agosto publiqué en El Mundo “Un rebujito con… Huracán Urbano”. Pero las limitaciones del papel no me dejaron volcar todo el texto. Aprovecho que no hace falta papel aquí para colgarla enterita. A tu salud.

Urbano

Foto: Roberto Cárdenas

HURACÁN URBANO

17.00. En un lugar de la Villa entre la literatura y el periodismo de siempre, en el Café Gijón, quedamos a tomar una copa inmensa con Pilar Urbano. Es el rebujito más caro del verano, pero compensa. Los camareros la miran y escuchan. Todo con elegancia y casi de reojo. Viene con sus 74 años vestida de insultante primavera y juventud, con mariposas colgando del cuello. Pisa fuerte con plataformas contemporáneas. La Pilar que desestabiliza con sus libros tiene el genio justo. Sus gestos son la fuerza de sus palabras nítidas. La reina de los adjetivos no circunloquia. Dardos. Directos. Le ponemos la diana cerca y, a pesar de la tendinitis de su izquierda, dispara con arma blanca, y con una sonrisa. Pequeña, pero matona… y madrona…

Un curso movidito, ¿no?

Para mí, sí. Me han perseguido. Para el Rey, también. Le han abdicado.

¿Doña Sofía habla?

Cinco idiomas… Es una caja de doble fondo. Cuando quiere, descorre la cortinilla y suelta. Te aseguro, te prometo, te juro, que todo lo que yo he escrito en boca de la Reina Sofía en mis libros lo ha dicho ella, y lo ha dicho así.

¿Cómo se la imagina ahora después de la abdicación?

Como quien sale de una ducha de fuego.

¿Qué piensa que piensan sobre usted en La Zarzuela?

Les desconcierto.

¿Qué cuento le contaría a Felipe VI?

Esto era una vez un Rey que tenía tres hijos, y los metió en tres botijos, y los selló con pez… ¿Quiéres que te lo cuente otra vez?

Lo veo: Letizia-Urbano: dos periodistas mano a mano. ¿Caería la breva?

Yo soy más periodista que Letizia, y ella es más reina que yo. Pero tendría más preguntas que hacerme Letizia a mí que yo a ella.

¿El Rey le ha puesto la X?

El Rey no lee mucho, no es ‘rey león’, pero su staff le avisa cuando un libro traspasa la línea roja. El Precio del Trono es duro: retrato a un Juan Carlos camaleónico entre Franco y Don Juan; un futuro rey de alma esquizoide: doble obediencia, doble conciencia… Sin embargo, Zarzuela desplegó toda  su artillería contra La Gran Desmemoria. Quizá por el momento en que salió: el vuelco multitudinario nacional a la muerte de Adolfo Suárez. El Rey quería revestirse con el albornoz satén brillante de Suárez: “Adolfo y yo hicimos…” Y en ésas, zas, El Mundo saca un avance de mi libro: los tremendos reproches de Suárez, la Operación Armada al descubierto, la hora mágica del Rey el 23-F puesta en solfa… Entiendo que el monarca sintiera el mordisco.

¿Le quita el sueño?

A mí el Rey… Yo quiero al Rey, ¿eh?, pero me parece que lo voy a querer más ahora…

He leído diversas calificaciones de sus libros: libros de historia, historia novelada, entrevistas, reportajes, publirreportajes… ¿Con cuál se queda?

Historia. Investigación. Yo no hago rebujito, no mezclo.

¿Qué dice a los que le acusan de falta de documentación y contraste en su último libro?

Que no han leído las 90 páginas finales, que son el humus.

El 23-F lo vivió de pie en el Congreso. Dijo entonces: “Tuve una metralleta a un palmo de mi cintura. No me tiré al suelo. Aquella tarde y aquella noche supe de un modo definitivo que la libertad vale más que la vida”. ¿Lo volvería a decir ahora?

¡Mucho más alto! Lo volvería a decir, pero exigiría que la libertad fuera libertad, y no un híbrido, un sucedáneo, que es lo que hoy parece el periodismo.

¿Qué le pareció el falso documental de Jordi Évole sobre el golpe de Estado?

¡Pecado mortal! Una blasfemia contra la historia, un abuso de confianza histórica. Me habría montado una indignación sola en la Puerta del Sol. Estamos ante un agujero negro de nuestra historia al que le han echado siete llaves, y es un atropello que al pueblo soberano se le cuenten trolas donde hay ignorancia querida y mantenida por el poder. Al pueblo no se le cuentan mentiras para divertirse. Ante un ataque de lesa democracia sin investigar que cuando investigas casi te meten en la cárcel, no se puede jugar. Évole quizás hizo un juego, pero los culpables son los adultos que entraron a ese juego.

En una reedición de su libro sobre Garzón, ¿se seguiría subtitulando El hombre que veía amanecer?

No. Sería El Hombre que veía anochecer.

Usted entró en el CESID y nos contó historias de espías. ¿Le dejarían entrar ahora en el CNI?

Voy a intentarlo, un día de estos… quizás en estos días de agosto… Hacer ahora el wikileaks del CNI sería muy interesante.

¿Hemos perdido transparencia con el paso de la Democracia?

Sí. Aquí se ha jugado a parecer irreprochables no siéndolo; a parecer honrados, no siéndolo; a parecer éticos, no siéndolo. El disimulo ha obligado a demasiados gerifaltes a interponer cortinillas y cristales entintados entre ellos y los ciudadanos. Y al perder transparencia se ha perdido confianza. ¡De cajón! Los poderosos tienen la obligación de hacer streeptease ante el pueblo; porque si hay ocultación, no hay democracia.

¿Y capacidad de diálogo?

Diálogo nunca ha habido. Hubo consenso hiperforzado para la Constitución… Los Pactos de la Moncloa fueron un rebujito de cinco minutos.

¿Qué tienen los representantes de las instituciones de coto vedado de caza?

Son propietarios de parcelas, y el poder es de todos. Hay que ganarse el pan cada día.

Hubo libro sobre el 11-S. ¿No le interesó después el 11-M?

Supe desde el primer momento que aquello era de los moritos y era la factura de una foto de estudio de Las Azores. No me interesó porque estaba en otro asunto. Tenía en marcha dos libros sobre el Rey que eran dos mil páginas escritas y tres armarios de investigación, y no quería distraerme con otras cosas. Era otro 11-S, pero aquí.

¿Cómo se llamarían sus memorias sobre Rubalcaba?

No las haría nunca. Y no es que no me interese, si él quisiera hablar… El tiempo o lo atraviesas, o te atraviesa. Si te atraviesa, te cuartea y te envejece. Hay una oleada de susanas y de pedros. Soplan vientos de una nueva generación socialista y él no ha sabido liderar ese cambio. El PSOE es un cementerio de elefantes, ¡pero no los entierran, coño!

¿Qué opina del periodista-protagonista?

Es una tentación. Yo la tengo, pero no como periodista, sino como escritora que tiene que vender tu producto: ¡Aquí un chorizo!, ¡aquí un jamón!, ¡aquí un libro!, ¡aquí un Rey!

¿Cómo ve nuestra televisión?

En voz bajita tengo que admitir que tengo una profilaxis: ¡No veo la tele, ni cuando salgo yo! ¡Me parece todo una mentira! Es una cátedra que me pilla mayor…

¿Los periodistas somos corporativistas?

¿Corporativistas…? Para fusilar al amanecer o al atardecer, según la hora de la tertulia. Corporativistas para despellejar al colega, para hacer vudú. Ahí sí que se forman los escuadrones seguidistas del trending topic… Yo encajo todas las críticas, todas, siempre que se hayan leído lo que he escrito; ahora, ¿descuartizar un libro sin leerlo?, eso es indecente. Unos cuantos colegas lo han hecho. En el bufete de mi abogado hay varias querellas listas y con garantías de ganarlas, pero yo no soy pendenciera: perro no come perro, y menos aún perro rabioso. Además, los lectores ya han escogido a quien creer, y ahí están las cifras de ventas. Mira, una vez Arcadi Espada me hizo una crítica; el libro siguiente se lo dediqué, sin conocerlo personalmente: “A Arcadi Espada, que me enseñó a preguntarme ante cada afirmación lo que el lector se preguntaría: ¿y esto usted cómo lo sabe?”

¿La polémica sobre un libro es marketing o acaba generando desconfianza?

En principio es un buen marketing. La polémica vende, pero puede afectar a la credibilidad. Se concitan dos posturas: el periodista que ataca, y el periodista atacado. Yo lo que me he encontrado es gente que me ha dicho: creo en ti. ¡Adelante!. Lo veo en las firmas de libros.

Un periodista que quiere estar a bien con todos, ¿puede ser un buen profesional?

No. Pésimo. Una cosa es el periodista neutral, y otra cosa es un enfermo de pura pleitesía. Creo en la asepsia mineral, porque me esfuerzo. La libertad tiene un precio, que es la soledad. Ser buen periodista sin ser de nadie no es genético, hay que esforzarse, pero eso es lo honrado.

¿Qué tiene Urbano de pirómana?

Hay algo, ¿eh?… Me gustaría quemar los tronos, y no porque sea republicana. O todos sillas, o todos taburetes, o tronos para todos… Me gustaría quemar los aforamientos y los privilegios de cuna. Soy valenciana y, personalmente, cada noche hago mi falla, y quemo, y quemo, ¡y quemo!… Hay que hacer falla: el fuego purifica.

¿Qué persigue?

Emocionarme con el trabajo que tengo que hacer. Levantarme ilusionada, que me divierta, me apasione y me ilusione cada nuevo libro que tengo que escribir.

¿Quién persigue a la Urbano?

Aquellos que se sienten descubiertos. Aquellos que creen que he cometido la imprudencia de destapar algo que tenían oculto, una fealdad, un bulto, una mala actuación política o estatal…

¿Los decorados de sus historias son reales?

Los elementos son reales y lógicos. Todo lo que se narra está estudiado, otra cosa es si sucede dos o tres minutos después. Recreación no es invención, es juego escénico.

¿Hay gente tan aburrida como para dedicarse a la conspiración permanente?

Hay gente tan asustada que se dedica a asustar, no sé si por repartir sus propios miedos. Y hay gente tan paranoica que en todo ven tramas complejas de judíos-masones- opusdeistas-empresarios-Bildelberg… y unas gotitas de PSOE.

¿Alguna pista más de su próximo terremoto literario?

Podría ser CNI, pero no… Es posible que sea más interesante… No lo puedo decir… Lamento no poder ser transparente en esta ocasión…

¿Se arreglaron las cosas con la familia Suárez?

Sí. Cuando supe lo de la enfermedad de Suárez Illana nos escribimos varios mensajes de whatsapp (lee la conversación en el móvil). Le prometí oraciones, porque él es muy cristiano, y entre los dos dispusimos pasar página. Mi libro es un monumento a su padre.

¿Algún Yo Confieso de ese último libro?

Sí. Suprimí parte de un capítulo…

¿Por?

Por salvar al Rey.

¿Por qué habla mal de las Fuerzas Armadas en sus libros?

Tengo cariño visceral al Ejército: 47 primos y sobrinos militares, de todas las armas y cuerpos, y mi padre era general de Aviación. Pero en nuestra historia han protagonizado episodios muy negros. Alzamiento militar del 36. Pacto de 40 años con la dictadura. En la Transición, hostilizaron a la democracia. El fracaso del 23-F fue su gran frustración. Mucha prepotencia, mucho ‘aquí mando yo’. Hasta que Felipe González los puso en su sitio: ustedes son funcionarios y sus armas están para defender nuestra libertad, no para meternos miedo en el cuerpo. Las nuevas generaciones son distintas. Pero hasta hace poco en las academias militares no se estudiaba la Constitución Española.

¿Qué tiene de “chica Umbral”?

Umbral tenía una crueldad maleducada, entre comillas, un poco snob… No se medía… Yo sí me mido. Pero era genial, con o sin rebujito. Lo echo de menos, y no sólo su columna, sino su espíritu.

¿Cómo son sus agostos?

Muy trabajadores. Ordenador. Ventilador. Y ensalada. No me gusta veranear en agosto, no soy de playa.

¿Qué lee estos días?

Aquí sí hago rebujito. Ahora mismo leo una frivolidad que me entretiene mucho: El estafador, de John Grisham. Además, lo combino con República busca rey, de John Steimbeck; con Los domingos de un burgués en París, de Guy de Maupassant. Además leo a Tom Wolfe, que hay que estar leyéndolo siempre. En este caso, estoy con Lo que hay que tener. Y también con La liebre con ojos de ámbar, de Edmund de Waal. De César Antonio Molina leo La casa de los intelectuales. En plan religioso, releeo ¿Por qué sigo siendo cristiano?, de Von Balthasar y Ratzinger, cuando estaban en la frontera…

¿En España somos libres para todo, menos para ser católicos practicantes y hablar y actuar en conciencia?

Yo es que soy conversa y me convertí libremente. La fe tiene que ser por locura. Perdí la fe en un colegio de monjas, pero luego me convertí. Ejerzo libremente. No es fácil, pero no es complicado. Como creyente trato de ver lo invisible en lo visible, pero nadie me obliga ni nadie me pide cuentas. La religión es jauja.

SI FUERA UN LIBRO

Si Pilar Urbano fuera un libro, sería la personificación de Mi cuaderno callado con dos secciones: “Cosas que si no digo, reviento” y “Entrevistas más largas que las de Jot Down”. En la primera parte, estarían las cosas que se escuchan y se contrastan a pie de calle, entre los barrotes que teje el muro de las administraciones. En la segunda, conversaciones con calma y con chicha, sacando historia y petróleo de los que tienen cosas que contar pero no se atreven a hacerlo delante de cualquiera. Todo, entre el confesonario sin secretos de las conciencias dolidas, y los tacones de la mujer que creía en la verdad de las cosas. Con 74 primaveras, Urbano conecta. Urbano percute. Urbano remueve. Urbano imanta. Urbano vende…

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