Un Papa Francisco para el PSOE

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Pedro Sánchez, que estás en el limbo. Busca tu sitio. Y sé feliz.

Lo vimos el 20-D y lo hemos ratificado en esta campaña. A pesar de su discurso de investidura, ser secretario general del PSOE es un cargo que le excede. Y en la vida es muy importante asumir las responsabilidades sin que las responsabilidades te consuman para siempre. Respirará hondo cuando encuentre su lugar. Andará suelto. Parecerá de verdad. Y, posiblemente, lo sea.

Pedro Sánchez no es líder, pero ha lidiado con valentía. Las cosas, como son. El periodo interelectoral lo ha gestionado con altura. El problema es que todo lo que peleó entonces por dar un Gobierno estable a España estará en tela de juicio para siempre según lo que responda en esta segunda oportunidad.

Pedro Sánchez en campaña ha sido como un personaje de látex, de aquí para allá, con una autonomía relativa, con gestos forzados, con poses de catálogo. He oído a gente decir “me da pena Sánchez” cuando salía en los debates de la tele como de prestado, como intentando ganarse un espacio imposible si no tienes ni armas ni sentido, y encima pareces una marioneta en directo. Como el único que no era único, y teniendo el escenario más difícil.

El PSOE tiene líderes con peso, con carácter, con ideas, con seguridad. Es verdad que no está en su mejor momento, pero lo encontrará cuando sea capaz de justificarse, precisamente, como socialdemocracia, sin confundirse con Ciudadanos, y sin volver a los tiempos de Zapatero, aportando algo más que bonitos discursos de investiduras fallidas. Sigloventiunizando sus siglas, su poso, su futuro.

Pedro Sánchez no es, ni siquiera, un candidato de transición. Tampoco creo que la opción sea Susana Díaz. Ni Fernández Vara. Ni Eduardo Madina. La opción del PSOE no es una persona. Ahora mismo, la opción del PSOE, la única, es adaptarse al siglo sin resultar innecesario.

Sí. Parece que Pedro se conformaba con evitar el sorpasso. Y lo ha conseguido con el apoyo de su partido, y de Felipe González, y de Rubalcaba, y de Zapatero. Y hasta de Alfonso Guerra. Todos los jarrones han desfilado por la campaña como un grito de socorro. Ahora es el momento de que los socialistas intelectuales repiensen su futuro. Rafaelbengoas hay unos cuantos.

Pablo Iglesias ha dicho que Sánchez representa la vieja socialdemocracia. Y ese ha sido el claim-bomba de la campaña socialista. Porque es verdad. Pero los partidos viejos renacen cuando cuentan con las personas adecuadas, y no las más oportunas… Al PSOE le hace falta un Papa Francisco que dé sentido contemporáneo a toda su trayectoria centenaria.

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