Arrimadas: F5 y ‘flash back’

Fotos: Álvaro García Fuentes

Septiembre de 2015. Flash back. Inés Arrimadas es “sólo” candidata a la presidencia de la Generalitat de Cataluña. La voz de Ciudadanos en el Parlament con aspiraciones y talento. Llegaría a convertir a los naranjas en la segunda fuerza en esas mismas elecciones del 27-S. 

Cinco años después, Arrimadas es la presidenta de un partido con sus altos y sus bajos. Necesario, en mi opinión, para los contrapesos de esta política nacional de bipartidismo polarizado y hartazgo social. Ahora de baja maternal -enhorabuena, Inés-, es probable que Arrimadas tome aire y piense en cómo volver al terreno de juego con más relevancia que la que representan diez diputados en la Cámara Baja.

Pienso en voz alta. 

Desde aquella entrevista de hace cinco años donde nos reímos y brindamos con rebujito, Inés ha madurado políticamente, y también se ha distanciado un poco de la calle ciudadana. Se la ve seria. Como insegura. Mucho más insegura de lo que estaba en 2015. Estoy convencido de que es una mujer valiente y con capacidades por encima de la media de lo que vemos en la política española. Pero le falta naturalidad, perder el miedo a quedar mal, a salir con el pelo movido en una foto, a que la vean corriendo por el Retiro… Quizás sin darse cuenta, una mujer que vino a refrescar el panorama político de la mano de Albert Rivera se está convirtiendo en una señora-mayor y desaprovecha todo lo potente que tiene mostrar la juventud, la simpatía, la verdad en un escenario político tan prediseñado. 

Animaría a la presidenta de Ciudadanos a ser la que era en 2015, pero con la experiencia de 2020. Entiendo que las responsabilidades crecen y la prudencia dosifica las formas de ser, estar y aparecer. Pero la naturalidad me parece una gran virtud para la nueva política que demanda la nueva normalidad. Es compatible ser rotunda, clara y coherente, con sonreír más. Es compatible ser la única mujer presidenta de un partido político en España y pisar fuerte sin miedo a meter la pata. Si se mete la pata, se pide perdón, y se sigue. Es gratis y ejemplar. La sociedad no pide políticos perfectos, sino auténticos. 

Arrimadas debería conseguir salir de la torre de marfil a la que tienden las cúpulas de los partidos. Debería dejarse ver muy cerca de sus diez diputados sin parecer en un estrado superior. Debería salir más al asfalto, pasear a Álex, hacer deporte sin miedo al paparazzi, tomarse una caña o ir al Congreso en zapatillas de deporte para ponerse los tacones cuando pise suelo institucional… Como muchas mujeres y muchos hombres de su edad.
Arrimadas es también la voz de una generación en la que Pablo Casado y Pablo Iglesias ya se han hecho demasiado viejos.

Ella está a tiempo de mirar a Jacinda Ardern y sonreír más a cámara con la naturalidad de Jerez, la experiencia de Cataluña, y la sartén por el mango de Madrid. Creo yo. Lo sugiero con carácter constructivo, porque me parece que hay mucha madera en esta mujer. Y tengo mis dudas que sus asesores se lo digan todo. La naturalidad de Edmundo Bal en esta conversación me conquistó para siempre.

Deseando una nueva entrevista larga y a fondo. Quizás la entrevista política que más he disfrutado, junto a la que le hice a Núñez Feijóo. Cuando alguien va por la vida sin prejuicios y sin argumentarios gana mucho. 

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