El cine Feroz

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Los periodistas cinematográficos le ofrecen una manita de premios a Raúl Arévalo y su Tarde para la ira, mientras dejan en la cuneta a Rodríguez, Bayona y Almodóvar

La Asociación de Informadores Cinematográficos de España entregó ayer en Madrid su Premios Feroz, la antesala periodística de los Premios Goya. En la misma pista en la que Pedro Sánchez se puso de largo ante un mini PSOE cuando él era el salvador, los feroces periodistas del cine pusieron sobre su alfombra morada cómo ven el patio. Porque el cine español sigue teniendo algo de patio, con excepciones. Cada vez más.

El más-malo-hecho-en-España-con-cara-de-thriller, Antonio de la Torre, fue el director de orquesta. Muy Dani Rovira, pero con la escopeta más humeante. Sus breves apariciones fueron suficientes para laminar el ego y herir de ironía dura a más de uno. Especialmente a La reina de España. La película.

Él, que tiene tabla y madera, es el protagonista de la película que se llevó la palma de los Feroz: Tarde para la ira. Una película de agostos de crisis, de robos, de volver a empezar, y de esperanzas frustradas. Casi parábola del periodismo y sus trampas laborales… De las 8 nominaciones, conquistó 5: mejor película dramática, mejor dirección (Raúl Arévalo, el actor novato que pisa fuerte detrás de la cámara), mejor guion, mejor actriz de reparto (Ruth Díaz, premiada también en el Festival de Venecia) y mejor actor de reparto (Manolo Solo).  Ahora, a la reválida de los Goya, donde la ópera prima de Arévalo tiene 10 nominaciones. Una detrás de la otra.

Del Palacio del Duque de Pastrana otros salieron de los Feroz con la vista baja, y buscando aire. El cubo de agua más helada cayó sobre la cabeza de Alberto Rodríguez, cuyo El hombre de las mil caras estaba nominada a 10 Premios Feroz y sólo se hizo con uno: el mejor cartel… Ni él, ni José Coronado, ni Eduard Fernández, ni Marta Etura… Nada. El cartel. Y gracias… Los Premios Feroz son feroces con el talento de Rodríguez. Igual los informadores del gremio han querido lanzarle un mensaje, porque es más que previsible que en los Goya sea uno de los filmes más galardonados. Veremos si de la Academia sale con una de las mil caras más sonriente.

El otro director ferozmente apeado a pie de alfombra ha sido J. A. Bayona y su Un monstruo viene a verme. De 7 nominaciones, sólo un gato al agua: la mejor música original. El director español con más proyección internacional tragó el polvo mediático. Sus 12 nominaciones en los Premios Goya le darán aire y justicia. ¿O a la Academia le da envidia Hollywood? Si medimos con la regla de Penélope Cruz, no tiene por qué…

Como era ya casi un tópico desde que los Panamá Leaks le aguaran la fiesta, no hubo Romeo para la Julieta de Almodóvar. Cero premios de 9 nominaciones. Feroz y por la espalda. Como si los finalistas los hubiera votado sólo Boyero… Las 7 nominaciones que le aguardan en los Goya tendrán más eco en su eternidad, porque es previsible que al menos Enma Suárez se lleve un busto como el cine manda.

Las estrellas están, pero no brillan. Los medios han preferido dejarles de lado. Incluso Alejandro Amenábar, que entregó los galardones gordos de la noche, vivió en sus carnes el frío recibimiento de un público de actores y periodistas que le tienen en los altares, pero que le dejan en rincón oscuro de sus afectos. Porque los del cine son muy de amar en exceso, o de recelar sin descaros. No hay punto medio. Todo es clímax.

El lado friki de Kiki también tuvo su momento. Paco León y su afán de escandalizar conquistaron los premios cómicos con su biopic sexual de instituto hormonado y liberadas sin fronteras. Pero la gente le quiere, las cosas, como son. Al respetable periodístico-cultural-progresista le hace gracia esa revolución sin intimidad, aunque él sean tan suyo y termine provocando cierta inquina entre los amantes de la discreción cada vez que pilla micro.

Otros premios solitarios muy aplaudidos fueron para Roberto Álamo, mejor actor protagonista en Que Dios nos perdone, y Bárbara Lennie y su redbull, mejor actriz en María (y los demás). Y ya. De las 13 películas con opciones, entre 6 se lo liquidaron todo.

Gala Premios Feroz 2017 ©  Alberto R. Roldan / Premios Feroz 24 01 2017

Súper Chicho

Los Premios Feroz también hablaron de televisión. Y su momento más sonoro fue el Premio Feroz de Honor a Chicho Ibáñez Serrador, una institución querida, un referente contemporáneo, y un trozo de historia cargadito de historias para no dormir, y de 1,2,3, responda otra vez. En su silla de ruedas de tesón, Ibáñez Serrador, el que lo fue todo y cuyo espíritu sigue latente en las pantallas, prometió que antes de su the end habrá una película más en su lista de Wikipedia.

El oro de la tele fue para El Ministerio del Tiempo: mejor serie dramática, mejor actriz protagonista (Aura Garrido), y mejor actor de reparto (Hugo Silva): un galardón compartido con José Sacristán y su sana madurez en Velvet.

La histeria histriónica y la alegría en technicolor la protagonizaron los de Paquita Salas. Tres premios: mejor serie de comedia, mejor actor protagonista (Brays Efe), y mejor actriz de reparto (Belén Cuesta). Y, de regalo, un curso rápido de CCC sobre Cómo aprender a estar en un escenario sin dar vergüencita ajena.

Gala muy pautada, con pocos sobresaltos. Bien puesta. Un poco rígida, quizás. Ni tiempo hubo para hacerle un homenaje menos exprés a Bimba Bosé. Nula crítica política. Mucha ironía con el trabajo (superficial, acomplejado, tercermundista…) de los periodistas del sector, con amor, pero con limón y sal. Algún guiño feminista oportuno. Algo de frialdad para unos. Mucho calor entre los más jóvenes. Visible cantera de actrices versátiles, variadas, jóvenes, con empuje. Y muchos besos a mis padres, a mis hermanos, e incluso a la mujer de mi vida y a mis hijos, que son la razón de mi exisitir… Porque los actores siempre han demostrado que la familia sí importa.

En la alfombra morada pisada por los tacones y los abotinados de charol quedaron también algunos chispazos: Rodrigo Sorogoyen (Que Dios nos perdone) dará que hablar. La ficción televisiva toma altura. Hay sueños americanos locales del cine y la tele made in Spain que no han tenido que hacer las Américas.

¿Y qué ha pasado con los de siempre? ¿Qué ofrecen los periodistas cinematográficos a Carmen Machi, Rossy de Palma –excluida fríamente de los Goya-, Marta Etura, Alberto Rodríguez, Pedro Almodóvar, J.A. Bayona…? Los Feroz han cantado su bingo…

Doble guiño para la Academia de Cine y para Dani Rovira: de los Feroz se sale a las once de la noche. Y tan contentos. La mayoría.

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