La revolución de los retratistas ‘housesofcards’

Los fotógrafos institucionales que más influyen en España dan la cara

Reportaje publicado en la revista Influencers enero-febrero 2020

La fotografía de calidad, humana, fresca, coherente, con relato y con épica urbana, ha dado un golpe de estado en la política española. Aprovechando la nueva generación de dirigentes, el poder de las series, la influencia de Instagram, y el ejemplo de la comunicación institucional americana, los departamentos de Comunicación de los partidos empiezan a dar realce y libertad a sus fotógrafos para que ilustren sus historias políticas en el lenguaje del siglo XXI. Las fuerzas políticas comienzan a entender que esmerarse en la imagen es tan importante como pulir un discurso, una necesidad que todavía no vislumbran ni la Casa Real, ni Moncloa.

Álvaro Sánchez León | @asanleo

Dice el tópico que una imagen vale más que mil palabras. Y, sin embargo, los responsables de Comunicación de las instituciones públicas y los partidos políticos llevan muchos años perfilando titulares, mimando los textos de sus notas de prensa, y colocando muy en segundo plano a sus fotógrafos. En plena era audiovisual, muchos, todavía, no se han enterado. Otros, cada vez más, surfean la nueva ola impulsada por las redes sociales y el tsunami icónico de las series de televisión y ya se han convertido en exponentes de cómo conseguir que el poder de la imagen sea importante en la construcción de un líder político.

En la cresta de esa onda está Pete Souza, fotógrafo de Reagan y de Obama. A él le siguen exponentes extranjeros como Soazig de la Moissonniere -retratista de Enmanuel Macron-, Adam Scotti –fotógrafo de Justin Trudeau-, Marcelo Segura -disparador gráfico de Sebastián Piñera– o Tolani Alli, fotógrafa personal del vicepresidente de Nigeria; y españoles que empujan con prestigio, como Pedro Ruiz, Dani Gago, José Antonio Ramos, Ramón González Araújo, Moeh Atitar o Luis Gaspar.

Aunque todavía hay instituciones y partidos políticos que usan fotos novatas hechas con móviles para su comunicación pública, descuadradas y del montón, los aires de transición irrumpen en la fotografía institucional española de la mano de fotógrafos independientes y de los partidos políticos. Suena casi a golpe de estado, porque la inercia es publicar fotografías grises, predominantemente informativas, y poco más. La revolución de los housesofcards ve tantas palabras detrás de una fotografía que sus militantes con objetivos beben de la estética cinematográfica para convertir en planos de historia los momentos políticos ordinarios. Desde luego, en el siglo de Instagram, esta batalla era ineludible.

Hemos hablado con algunos de los cabecillas españoles de este movimiento vanguardista contra las estampas sin alma de los organismos oficiales. Son pacíficos, pero están muy cerca de conquistar un panorama lleno de tópicos arriesgando con arte para que el gris de la política no infecte más al fotoperiodismo contemporáneo, ni el desencanto global con la actividad pública.

Pedro Ruiz: la mirilla sobre Albert Rivera

Uno de los fotógrafos de cámara más laureado por sus colegas es Pedro Ruiz, responsable de la comunicación gráfica de Ciudadanos. Aterrizó en el partido naranja por casualidad y ha sido el fotógrafo personal de Albert Rivera desde 2016 hasta el día de su dimisión. Desde entonces sigue los pasos de Inés Arrimadas. Ruiz procede del mundo audiovisual, pero se ha hecho fotógrafo de prestigio muy pronto.

El objeto de su objetivo es convertir cada instante en un fragmento de historia, revelar el lado humano que late siempre dentro de un político, exponer la cercanía de un líder. Gracias a la confianza cosechada cerca de Rivera, ha podido estar muy pegado al ex presidente de Ciudadanos y eso ha empoderado su cámara hasta convertir su trabajo en la envidia de muchos fotógrafos políticos, censurados desde dentro por el miedo a la imagen de muchos candidatos ajenos a su tiempo. El resultado es evidente: de esa conexión entre político y fotógrafo resulta buena parte del éxito de la construcción de este relato audiovisual creíble. Aunque en el caso de Rivera los resultados electorales truncaron su carrera, al echar un vistazo al perfil de Instagram de Pedro Ruiz (@pedroruiz_csphoto) se observa a la primera cómo es un político que quiere ser presidente sin despegarse de los ciudadanos.

Dani Gago: un objetivo para Pablo Iglesias

Desde 2015, Dani Gago trabaja para Podemos con la experiencia de haber pasado por las redacciones de Diario 16 y EFE. La complicidad absoluta entre él y Pablo Iglesias han logrado un trabajo uniforme en la comunicación gráfica institucional de la formación morada, siendo parte importante de la imagen pública y social del líder de Podemos. “En Podemos me he encontrado mucha libertad y un reconocimiento a nuestro trabajo que no he visto en muchos otros sitios”. Parece que el poder de la imagen lo han descubierto los nuevos políticos. Seguramente hay ejemplos precedentes que demuestran que no, que siempre ha habido buenos fotoperiodistas en el gremio. Lo que está claro es que no han conseguido establecer una tendencia, algo que sí están cosechando ya estos primeros espadas, gracias, también, al efecto viral de las redes sociales.

José Antonio Ramos: versatilidad y liderazgo

Detrás del perfil @santanadeyepes de Instagram opera José Antonio Ramos, actual responsable de fotografía de la Junta de Andalucía, al borde, siempre, de la agenda institucional de Juan Manuel Moreno Bonilla. Sin haber hecho nunca fotografía política, aterrizó en la campaña electoral andaluza de 2014. Su mundo era más bien el espectáculo, pero terminó subido en las tarimas de Moncloa. Mientras Moreno Bonilla se preparaba, sin sospecharlo, para ser el primer presidente no socialista del gobierno andaluz, Ramos fue fichado por Mariano Rajoy en 2015. El fotógrafo malagueño imprimió otro tono a la comunicación gráfica en Moncloa, aunque las cosas de palacio van muy despacio y casi todos los políticos y sus asesores prefieren no innovar demasiado, por si acaso. Hay retratos suyos de Rajoy que mejoran, incluso, el perfil humano de su entrevista con Bertín Osborne en Mi casa es la tuya. Y es un solo plano, y sin músicas de fondo.

Ramos fue también el fotógrafo de Soraya Sáenz de Santamaría durante las primarias del Partido Popular tras la marcha de Rajoy. Su experiencia es que “el trato cercano entre dirigente político y fotógrafo es esencial para la fotografía política institucional”. Aunque es consciente de que en este género fotográfico prima la información, apuesta por un toque en cada estampa que no envejezca a sus protagonistas. Admite un cierto miedo a hacer cosas nuevas en este ámbito, “porque, con el ruido de las redes sociales, es muy fácil malinterpretar una fotografía y convertirla en un meme”.

Ragonar: otro enfoque en el hemiciclo

Ramón González Araújo, más conocido como Ragonar, trabaja en el Congreso de los Diputados para el partido de Pablo Casado. Entre otras cosas, ha sido el fotógrafo de los diferentes portavoces del Grupo Parlamentario Popular en la Cámara Baja –Rafael Hernando, Dolors Montserrat y, ahora, Cayetana Álvarez de Toledo-, y cubre también las campañas electorales del PP y otros actos del partido. Precisamente, Pedro Ruiz y José Antonio Ramos tienen un hueco especial entre sus referencias fotográficas para cumplir la misión de retratar la política azul en el epicentro del Congreso, desde donde llegan fotos muy similares cada día y desde, sin embargo, él está sabiendo mostrar enfoques novedosos, imprimiendo sobre el registro informativo un plus de nombres y apellidos personales bajo el rótulo de los políticos que más se exponen a su objetivo.

Disparos puntuales en el blanco

Luis Gaspar es un reconocido fotógrafo con una obra predominantemente artística, pero con algún que otro roce con la política. En concreto, él fue el que unió a Íñigo Errejón y a Manuela Carmena para quererse en blanco y negro desde el cartel electoral de Más Madrid de las elecciones de abril de 2019. Una imagen que fue un éxito, porque es natural, porque es real, y porque se nota que el fotógrafo está a solas con los candidatos, “algo que es importante para nuestro trabajo. Si fluye la conexión entre retratados y fotógrafo, gana la comunicación. Si hay equipos de revisores y extras del gabinete revoloteando en torno a la sesión de fotos, se nota”. Comparte la idea de que “el fotógrafo siempre ha sido el último mono en el mundo de la comunicación institucional, incluso en la publicidad. Dar el peso que se le debe a la fotografía no es una cuestión de dinero, sino de saber que la imagen importa mucho más de lo que han querido creer los expertos en comunicación política”.

Moeh Atitar ha trabajado para El País y para El Español, entre otros medios. Lidera una corriente de retratos con alma que le tiene, desde hace tiempo, de acá para allá posando el objetivo de su cámara en muchos rincones de la España. En 2014 fue el fotógrafo de la campaña de Eduardo Madina en aquellas primarias del PSOE de las que salió elegido Pedro Sánchez. En la galería de aquellas imágenes se muestra a un candidato más allá del estilo oficial: en bares, en el backstage, entre la gente real.

Atitar reivindica un trabajo fotográfico que trascienda la pura información del momento, porque entiende que parte de su tarea es “documentar, con coherencia, la historia de un político, de un candidato, de una etapa determinada de un partido. No tiene sentido que un partido político o una institución no invierta en fotógrafos y en editores gráficos. Igual que no tiene ningún sentido que haya medios de comunicación sin fotógrafos ni editores gráficos en plantilla, como sucede en todos los nuevos digitales”.

LAS CORRIENTES QUE LLEGAN DE FUERA

Manu Brabo es un fotoperiodista español que ejerce de freelance en lugares de conflicto como Haití, Bolivia, o Kosovo. Desde 2011 no ha dejado de ganar premios internacionales de fotografía, como el Pulitzer en la categoría de Breaking News Photography que obtuvo en 2013. Con el reconocimiento general por su trabajo y mucho conocimiento de causa, señala que “en España todavía se entiende la fotografía como mero registro de lo que sucede y no como un mensaje que se potencia con la excelencia estética”. Precisamente en ese escalón levanta el pie la revolución de los housesofcards. Y precisamente en esa avanzadilla han destacado ya algunos fotoperiodistas en el resto del mundo que están en la recámara de referencia de los fotógrafos españoles. Ellos ya lo han conseguido.

Pete Souza: el pionero

Cuando se habla de fotografía institucional de calidad, todos los teleobjetivos miran a Estados Unidos. Allí destaca como una estrella de Hollywood Pete Souza, jefe de fotografía de la Casa Blanca entre 1983 y 1989 durante el segundo mandato de Ronald Reagan. Después fue fotoperiodista del Chicago Tribune y siguió de cerca la carrera de un senador que apuntaba maneras llamado Barak Obama. Cuando el primer presidente negro de Estados Unidos llegó a la cumbre, Souza volvió a liderar su equipo de fotografía convirtiendo a Obama en un icono político universal. Con él hemos visto al presidente de los Estados Unidos casi en directo, porque nos enseñó con transparencia cada paso, cada visita, cada acto. Su cámara convirtió a Obama en un líder humano sonriente, como avala el relato histórico de sus miles de fotografías que quedarán para la posteridad.

Soazig de la Moissonnière: la dama europea

Para los fotógrafos españoles, el trabajo de Soazig de la Moissonnière, retratista oficial de Enmanuel Macron, es el Olimpo. Un presidente con la corbata floja, entre los miembros de su equipo, de espaldas, de frente, mirando por la ventana, abrazando a una abuela, sonriendo a un niño. Soazig está consiguiendo enfocar a Macron como un líder mundial de carne y hueso, trabajador y cercano, con horas de asfalto y con un punto de glamur. Todo ello, con una visión estética muy contemporánea. La dama de la fotografía política europea domina el blanco y negro y comunica mucha política y mucha ciudadanía en cada una de sus instantáneas con las que ilustra sus perfiles en Twitter e Instagram.  

Adam Scotti: la sombra de Trudeau

Justin Trudeau acaba de revalidar su mandato como primer ministro de Canadá. Parte de esa victoria se la debe a Adam Scotti, su fotógrafo oficial desde hace cinco años. Con sus imágenes, busca “contar una historia, el estado de ánimo, el desarrollo de los acontecimientos”. Scotti convierte a la opinión pública en espectadora en primera fila de la vida política del líder canadiense. Su talento, de alguna forma, le viene de sangre: su padre fue el fotógrafo del primer ministro Mulroney, allí en Canadá, en la década de 1980. “Crecí mirando sus imágenes y las de sus amigos”. El alma es la misma, pero en sus estampas vitales hay un 3.0 que convierte la trayectoria de Trudeau en algo más de andar por casa, y a la vez, más de transitar los despachos de poder de la historia actual.

Más allá de Occidente

Marcelo Segura es otro referente de la fotografía institucional. Después de 13 años publicando reportajes y retratos en la prensa chilena, el pasado marzo de 2018 Sebastián Piñera le echó el guante.  En su opinión, “la fotografía es sumamente importante para transmitir correctamente en política. Además, las redes sociales cada vez se fortalecen más como plataforma de discurso político, y ahí la imagen tiene un poder indiscutible”. Su objetivo en el trabajo es “buscar el lado más íntimo del presidente para acercarlo a las personas”.

Tolani Alli es la fotógrafa de cabecera del Gobierno de Nigeria. Con un impacto particular por un mundo, a veces, ajeno a Instagram, su trabajo se centra en “contar la historia desde los momentos ocultos a la mayoría, desde las instantáneas sinceras, con un afán por reflejar cómo se unen las cosas y los momentos históricos que están destinados a suceder. Crear una imagen que capture recuerdos intemporales para el futuro es y será siempre mi objetivo”.

El desenfoque de Casa Real y Moncloa

Todos los fotógrafos españoles consultados coinciden en que la Casa Real y Moncloa están fuera de tiempo y de lugar en su comunicación gráfica. Así como los partidos avanzan en sintonía con el siglo de la imagen, las instituciones más importantes del país han abandonado la fotografía en el diván de los elementos secundarios. Hablamos, por ejemplo, de esa Casa Real que no hace mucho contaba con Goya o con Velázquez para retratar a sus miembros, y que ahora difunde imágenes amateurs para contar su día a día.

Dice Atitar: “Con lo fácil que sería hacer fotos buenas a unos Reyes atractivos, jóvenes y modernos, y, sin embargo, nos llegan desde Zarzuela fotografías estéticamente nulas y mal hechas, descuadradas, con pésima iluminación. ¡La monarquía es imagen! He visto fotografías en la web de la Casa Real en las que se le corta la frente al Rey. Las imágenes oficiales de la abdicación de Juan Carlos I fueron pésimas. A veces parece que la comunicación gráfica la lleva el mayor de los republicanos. Forma parte del respeto a la institución ofrecer fotografías de calidad, o, al menos, que no estén torcidas… No hay más que mirar el ejemplo de las imágenes de la Casa Real Británica, que ofrece siempre auténticos fotones. La Casa Real debería tener en nómina a un fotógrafo, o a un equipo de fotógrafos, y a un editor gráfico. ¡Es básico! La Corona no se merece las chapuzas que vemos, que son pura desidia y dejadez”.

Luis Galán es igual de contundente: “Las fotografías de la Casa Real son la mayor jugada del independentismo. Hacen daño a la monarquía. Tenemos unos reyes que darían mucho juego para una imagen de calidad”. Ragonar coincide en parte de esta sentencia: “Las fotografías de la Casa Real son demasiado institucionales. Por lo general, son poco artísticas y personales”.

Según Dani Gago, “esta realidad no es por culpa de los fotógrafos de allí, a los que no dejan hacer su trabajo como deberían”. En eso discurre igual Pedro Ruiz, que añade que “no se trata ahora de que la Casa Real fuerce la máquina, pero sí de que muestre algo de cariño y humanidad en sus imágenes oficiales”.

Atitar considera que, efectivamente, la transición hacia una fotografía de nuestra era debe ir “de forma gradual, como hacen los que saben de comunicación. Ser una institución conservadora no es sinónimo de seriedad, ni de caspa. No se trata de entrar hasta la vida privada de la Familia Real, es, simplemente, que la Corona debe poder permitirse contratar a un Goya también en el siglo XXI”.

Estas críticas llueven también sobre el trabajo fotográfico actual de Moncloa.  Manu Brabo cree “ni en Moncloa cuentan con alguien con cultura fotográfica, ni el fotógrafo, que tiene un puestazo institucional, va a arriesgar pudiendo ganarse la plata sin darle vueltas al coco ni exigirse a sí mismo. Es la misma cantinela de siempre: gente que no quiere o no sabe hacerlo bien y clientes que no tienen cultura fotográfica y no saben lo que se puede obtener con una buena imagen”. Porque, según Ragonar, “las fotografías de Moncloa deberían cuidar más la temperatura de color y no hacer fotos en automático en el balance de blancos, porque se nota demasiado y perjudica drásticamente en el resultado final. También mejoraría algunos encuadres”. Moeh Atitar “esperaba que con Pedro Sánchez cambiara el papel de la fotografía institucional en Moncloa, que fue correcto con Rajoy sin ser fotogénico. Pero no. La cantidad de fotos llenas de malos gestos indican que, en esta etapa, en Presidencia del Gobierno existe una nula sensibilidad en torno al poder comunicativo de la fotografía”.

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