• Víctor Küppers es profesor de la Universidad Internacional de Cataluña y de la Universidad de Barcelona. Da clases de dirección comercial, pero en su faceta de consultor y formador pone el foco en la dirección vital en conferencias sobre ‘Vivir con entusiasmo’  que llenaban los auditorios de toda España antes del coronavirus. Ahora sus sesiones se titulan ‘De perdidos al río: porque la alternativa es peor’. Una ducha de ánimo para sobreponerse a las inclemencias de la pandemia y sus circunstancias.

    Víctor Küppers ni es un gurú, ni coach, ni experto. Es un juntaideas con talento para servirlas en público y provocar un cambio de ánimo en el fondo interior de las personas de las gradas. La verdadera revolución de las sonrisas no está en las tazas de desayuno horteras que inundan los souvenirs. Más bien está en el zumo de la psicología positiva que este hombre exprime sin purpurinas hasta convertir sus enseñanzas en jugo de vida sana.

    Lleva casi dos décadas removiendo el gallinero hablando, entre otras cosas, de vivir con entusiasmo. Hasta que el coronavirus ha calado hasta la médula, y ahora ha matizado su discurso para hablar de ánimo, de actitud, de avanzar como se pueda entre la maleza de esta selva que nos ha puesto el mundo patas arribas.

    Küppers no ofrece ni recetas, ni mundos ideales, porque el universo es complejo y él no hace demagogia. Lo suyo es un realismo aferrado a las cosas buenas en medio de un Guernica. Más aristotélico que  platónico. Mucha gente paga por oír su compendio de sentido común diseñado para reflexionar en pause. Rompe moldes: “Lo de querer es poder es mentira, como hemos visto estos días”. Insiste en que “la vida no es Instagram” pero, aun así, puede ser todo lo maravillosa que queramos si la enfocamos con el zoom de lo positivo que también salpica cualquier biografía.

    Antes del coronavirus usted llenaba auditorios hablando de ‘vivir con entusiasmo’. Cuando todo el país ha sufrido los arañazos de una pandemia, ¿ha cambiado su discurso?
    Yo estaba acostumbrado a hacer sesiones sobre ánimo y actitud ante personas que no tenían ningún motivo para quejarse. Salvo en conferencias para ciertas ONG, colegios y hospitales, en mi trabajo, que se orienta sobre todo a las empresas, siempre pensaba que la gente, mayoritariamente, se quejaba de tonterías: que si el coche no me lo cambian, que si tengo mucha carga laboral, que si me valoran mal por objetivos… La gente no tenía problemas graves, y entonces yo iba muy motivado a animarlos a fijarse en lo importante, valorar lo que tenían, y crecer sin estancarse. Pero todos hemos vivido esta sensación de precipicio. Hemos empezado a tener problemas graves, y ahora me centro en hablar de enfocar las dificultades con realismo y con el ánimo suficiente para no pararnos nunca.

    ¿Cómo es el público que tiene ante su pantalla estos días?
    Ahora trabajo con personas que sí tienen problemas suficientes como para perder el ánimo: empresas que no ven claro su futuro, personas que están sufriendo la enfermedad, o que la han vivido muy de cerca en sus casas… Suelo leer todo lo que se dice sobre Psicología positiva, y tengo una cierta frustración, porque no encuentro muchas enseñanzas nuevas. Últimamente me cuesta encontrar palabras y reflexiones que puedan motivar a mirar al frente con optimismo realista. En mis sesiones de estos días trato de emplear las mejores palabras que tengo, y las que más me convencen, pero sé que están cojas. Estamos en una situación muy compleja que roza la hecatombe.

    ¿Y cómo aconseja llevar con ánimo este contexto general?
    Le he dado muchas vueltas a eso, porque no quiero hacer demagogia. Lo de “si quieres, puedes” es mentira. Hay muchas palabras bonitas que están en el aire, pero no son ciertas. Querer no es poder, porque todos tenemos nuestras limitaciones. Tampoco es cierto que de las crisis salimos fortalecidos, porque del desastre del coronavirus hay muchas personas que saldrán peor. Lo vemos cada día. Y eso de que toda crisis es una oportunidad… ¡Depende! Ningún experto en Psicología positiva anima a sonreír siempre y a estar contentos las 24 horas de cada jornada. No. Tenemos derecho a estar cabreados o preocupados puntualmente. La cuestión es no perder el ánimo. Sí, es cierto que esto está siendo muy duro, pero si perdemos el ánimo, nos paramos, dejamos de caminar, y ya da igual si el camino es un túnel o un pozo.

    ¿Cómo conseguimos cimentar ese ánimo?
    En primer lugar, entendiendo la importancia de acertar en el enfoque de los problemas. No podemos evitar tener preocupaciones e incertidumbres… Somos humanos, y tenemos emociones. Pero las emociones se tienen que gobernar. No nos podemos dejar llevar por el miedo o el pánico.

    ¿Cómo?
    Sin exagerar las preocupaciones. Si vemos los telediarios es fácil caer en una depresión. Los medios descubrieron hace tiempo que el miedo genera audiencia… Debemos salir del bucle que nos rodea de que todo va mal: la caída del PIB, el crecimiento del desempleo, un país estancado… Entrar en ese tornado nos paraliza para sacar lo mejor que llevamos dentro. Yo no sé si saldremos o no saldremos de esta, lo que sí sé es que si cuidamos el ánimo lo tendremos más fácil. Si nos pasamos los días hablando de brotes y rebrotes, se bloquearán nuestras capacidades de supervivencia.

    ¿Y si nos cuesta encontrar enfoques positivos que motiven nuestras acciones?
    Para dar lo mejor de nosotros mismos necesitamos pensar en positivo y hoy, para eso, hay que obligarse. Nos rodean muchos problemas y agobios que no son excusas, son obstáculos reales. Pero si nos fijamos solo en la dificultad, no avanzamos. Miremos nuestra familia, los amigos, los compañeros… Busquemos ilusiones realistas y evitemos anticipar los horizontes negros antes de que lleguen, porque somos muy de eso. Hay estudios que demuestran que los viernes somos más felices que los domingos, y eso que los domingos, por lo general, no se trabaja. Pero el viernes pensamos en el fin de semana, y el domingo, en la semana que comienza. Valoremos la naturaleza, un paseo… ¡Quién nos iba a decir que apreciaríamos tanto salir a pasear cuando empezaron las fases de la desescalada! Hacer ejercicio ayuda mucho a mantener el ánimo y evitar enfocarlo todo en la parte oscura de la vida. Sé que suenan a consejos tópicos, pero son los que nos funcionan a todos. En el fondo, se trata de pensar en positivo, porque la alternativa es terrible…

    Si a alguien le ha pillado la pandemia sin una estructura sólida que le ayude a crecerse, ¿cómo se arma el ánimo?
    Empezando por hacer balance, como cuando hay una guerra: qué tenemos, qué nos falta, cuál es el horizonte, cómo doy el siguiente paso… Veamos que quizás la familia funciona, que estoy en un ERTE, pero no me han echado del trabajo; que tengo la hipoteca avanzada, que estoy bien de salud… Y luego anotemos también lo malo, pero con el enfoque de solucionar lo que se pueda, no para tirarnos los trastos a nuestra propia cabeza. Es el momento de ser pragmáticos. Si buscamos una salida por el lado exclusivamente emocional, quizás caigamos en la demagogia, que no sirve para nada. Si la buscamos por el otro lado, el único camino es una revolución… A pesar del mapa real que tenemos entre manos, hay focos positivos que nos ayudarán siempre a levantar la mirada, aunque cuando miremos arriba, a quien maneja las riendas del país, temamos que no sean capaces de afrontar esta situación y eso genere un plus de desconfianza.

    ¿Hemos aprendido a sobrevivir mejor con el primer round de la pandemia?
    Nos ha pasado como cuando ves muy cerca un accidente de coche, y empiezas a conducir con más prudencia. Nos hemos llevado un buen susto, y la castaña nos ha servido para valorar lo importante.
    Quizás hemos dicho más ‘te quieros’ en cinco meses que en los últimos cinco años. Nos hemos dado cuenta de la importancia de volver a lo básico: cuidar bien a nuestros mayores, porque quizás pronto no estén; valorar las cosas pequeñas, disfrutar de lo cotidiano… ¡Lo de siempre es fabuloso! No hace falta viajar a las Maldivas. Ni comprarlo todo a todas horas. No hacen falta tantas cosas para ser feliz. En el camino hemos admitido que somos frágiles, y eso nos pone en nuestro verdadero lugar.

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  • Mujer de rojo sobre fondo político gris oscuro. Foto: Ragonar

    Otro rollo en los escaños azules. Una surfera en la cresta de la ola de un PP en calma chicha. Pablo Casado vio su determinación y la fichó como promesa que ya rueda sobre el terreno de juego. Clara. De frente. Sin complejos. Aficionada al ajedrez: sus dos torres son Almeida y Ayuso. Y considera un enroque el cese de Cayetana Álvarez de Toledo como portavoz popular en el Congreso. Profetiza que los madrileños harán jaque-mate al Gobierno de Sánchez después de “la pesadilla” de esta pandemia. Apostata de los argumentarios. Ni se maquilla, ni se peina. Huelga de tacones. Más allá de su equipo, admira a Toni Cantó, y a Girauta, y le tiene cariño a Santiago Abascal, a quien retrata como un “constitucionalista canallita”. Su casilla está en el País Vasco. Anhela que los votantes de Vox vuelvan a casa. Su feminismo es “el de cualquier persona con dos dedos de frente”. Espera un F5 de frescura y autenticidad para las Nuevas Generaciones, la cantera que la vio nacer. Vasca. Tasca. Zasca. Anticaspa. Una motera de cuero libre.

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  • Influencers y las marcas | Revista Influencers

    Más allá del engagement y la proyección, del encanto y del poder de convocatoria, los influencers deberán ser más trasparentes con la publicidad a partir de ahora si quieren ser reconocidos como líderes éticos. Se acabó la tendencia a aprovechar el tirón de las redes sociales para vender sin decir “esto es un publirreportaje en toda regla”.

    En enero de 2021 entrará en vigor el Código de conducta sobre el uso de influencers en la publicidad firmado por la Asociación Española de Anunciantes y Autocontrol y el Gobierno de España (Ministerio de Asuntos Económicos y el Ministerio de Consumo). Se trata, de momento, de una recomendación ética a la que podrán adscribirse voluntariamente las empresas que utilizan a los influencers como formato publicitario.

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  • Foto: Patricio Sánchez-Jáuregui

    Ana Oramas llegó a la política sin querer, pero el destino quiso darle cancha como concejala de carnavales justo en Santa Cruz de Tenerife. Despegó en vertical hasta convertirse en una dama sin careta en esta carroza de la política que “antes era dura”, pero ahora es “miserable”. Con su título de Economía ‘cum laude’ bajo el brazo fue de las finanzas a la arena pública pasando por todas las gradas de lo que unos llaman política y otros, coliseo. Alcaldesa in pectore de La Laguna. Firme, decidida, clara. En 2008 sustituyó a Paulino Rivero en el Congreso de los Diputados, y desde entonces ha sido la voz de toda Canarias y la llave de cuatro gobiernos de España. Le dijo “no, no y no” a Pablo Iglesias en la investidura de Pedro Sánchez, porque “en Canarias, Podemos es Venezuela”. Voto de conciencia. Abierta. Empática. Luchadora. Sube los audímetros cuando habla en plata. Es la transversalidad del Grupo Mixto. Experta en negociar dejando para el final las líneas rojas. Lectora. Radiófila. Chef. Una Emilio Castelar que ‘ora et labora’. Un manual de política madura para una Cámara Baja en horas más bien bajas.

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  • José Luis Garci sobre lienzo de filmografía. Foto: Juan Carlos Jiménez, de “El cine por los oídos”. 

    Garci es un cineasta crónico que no se da importancia. “No estoy entre mis directores preferidos”. Aunque sea el del primer Oscar español, que cumple 37 velas justo el año en el que un virus nos obliga a volver a empezar. Con un país en la cabina asfixiado de “anormalidad”, acaba de escribir Películas malas: etiquetas que pegamos en la pantalla injustamente. Dio a luz en 2019 El crack cero -¿la última de su fila?-, y mientras sigue escribiendo libros en sesión continua. Analógico. Anda el siglo sin móvil y a máquina. Olympia es su Windows 10. Añora los teléfonos de ficha y manuscribe mensajes para tirar en buzón. Profesional. Vocacional. Independiente. Un director de los que no grita. Sin prisas. Entre la Gran Vía y el Madison Square Garden. Entre los goles y los golpes del ring y de la vida que se ha llevado ya a casi todos sus amigos. De Alfredo Landa a David Gistau. No necesita goyas de honor. De una mano, Woody Allen, y de la otra, José Sacristán. Del NODO a The Crown. Un clásico libre. Una especie de cultura en extinción. 

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  • Foto original: Carlos Ruiz

    Ave, Santiago. Los que van a leer, le saludan. Posteguillo es un acueducto entre la antigua Roma y el siglo XXI por el que corren los best seller desde hace ya catorce años. La Ciudad Eterna es su Ítaca recurrente, porque parece escritor, pero en realidad es un pocero valenciano que saca petróleo de las fuentes clásicas y resucita a personajes que no pueden quedarse amarillos en las bibliotecas de los sabios. Investiga con pluma y construye palazzos de letras que hacen las delicias de millones de lectores en más de diez lenguas. Profesor por las mañanas. Novelista por las tardes. Trajo a las librerías ‘Y Julia retó a los dioses’ una semana a.d.C (antes del confinamiento) y la potente emperatriz, con pocos retales de Sissi, ha acompañado a mucha gente en el encierro de esta plaga. Ahora graba con Movistar El corazón del imperio, una serie en la que las mujeres romanas salen de las catacumbas para ponerse en el escaparate. En la semana del Premio Planeta, aquí el señor de las siete colinas, mar de fondo y pies en la tierra.

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  • La dieta mediterránea reduce un 30% los infartos, más de un 50% los problemas de circulación y más de un 60% el cáncer de mama. Además, es la prevención más democrática contra las pandemias como la del COVID. Comer con aceite de oliva virgen extra, frutas y verduras frescas, pescados, mariscos, huevos, frutos secos y vino con moderación es nutritivo y saludable. Según Miguel Ángel Martínez-González, catedrático de la Universidad de Navarra y Harvard, la alimentación “es una cuestión de vida o muerte” y, quizás, la primera forma de autocuidar nuestra salud en un mundo donde un virus imprevisible nos ha puesto patas arriba.

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  • Foto: Paola Gutiérrez

    Trayecto: Murcia, Almería, Valencia y Roma. Destino: un despacho-mirador con vistas al mundo entero desde la ciudad eterna. Mediterránea con ganas de conquistas personales y sociales. Una abogada, filósofa y teóloga que hace running, salta charcos, escribe poesía, admira los grafitis y conecta con Netflix. Y también impulsa colegios y comedores en barrios pobres, abrazos en barrios fríos, paz en barrios calientes y corazones generosos en barrios ricos. Una de las mujeres más influyentes de España. Desde hace una década Isabel Sánchez está en la cumbre del gobierno mundial del Opus Dei. Sobre su mesa de trabajo, un mapa sin fronteras en torno a un lema: “Para servir, servir”. Su misión es azuzar la audacia de mujeres que han puesto la misma vela a Dios y al universo que habitan. Acaba de sacar un Planeta: Mujeres brújula en un bosque de retos. Una propuesta de norte para las sociedades post pandemia donde nadie sobra, ni siquiera quienes dejen de leer aquí esta entrevista sin tabúes.  

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  • Una intelectual del 41. Una mujer que habla de feminismo constructivo con el aval de su propia vida. Filósofa, catedrática, divulgadora. Activa. Veinte libros con impronta. Dos premios de ensayo. Hace tres décadas escribió Virtudes públicas y sus recetas aristotélicas actualizadas están hoy más vivas que nunca. Valiente, incluso para ser libre en la arena política. Con su trienio de senadora por el Partido Socialista Catalán, pero sin carnet de amarres. Siempre en el césped como centro izquierda moviendo el balón de las ideas que cambian la sociedad. Lubricando con argumentos los triunfos para las mujeres que quieren ser mujeres. Consejera de Estado desde 2018. Siempre con la ética en los ojos, en el discurso y en el tono. Una Victoria de Samotracia del estado del bienestar guiando al pueblo. También ahora que el virus nos ha subido en la montaña rusa de la incertidumbre y faltan timones institucionales que nos saquen de la tempestad.

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  • La lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp es un cuadro de Rembrandt.  Un cadáver. Un foco de luz. Un maestro. Y siete discípulos con cara de beberse cada palabra, aunque haya uno que mira a la “cámara” con disimulo…

    Esta es la imagen gráfica que vuela en el éter tras la sesión con James Nachtwey. Una sala a oscura llena de discípulos. Palabras duras. Imágenes brutales que son bombas de racimo contra el aburguesamiento ante los problemas ajenos. Silencio. Gritos sordos, pero contundentes, impresos en la pantalla. A sangre y fuego. A guerra y paz.

    La lección de anatomía del Periodismo con Mayúsculas del Dr. James Nachtwey. Así se titula el lienzo de esta mañana de Universidad y maestro. Asombro. Reconocimiento. Cercanía. Arte. Humanismo. Comunicación.

    Doscientos fotógrafos, periodistas de guerra, periodistas de paz… y otros periodistas de fondo, se han congregado en torno a un señor canoso en vaqueros que tiene sobre sus espaldas casi todas las guerras de los últimos 30 años, y casi todas las grandes violaciones de los derechos humanos, y casi todos los rostros olvidados que importan cero al mundo que corre deprisa con el café caliente en las manos por estos pasos de peatones de Dios, y los últimos destellos musicales colgando del iphone…

    Se apaga la luz

    James Nachtwey, a pie de grada. Se apaga la luz. Se enciende una bombilla. Como en las clases de Arte de toda la vida, el proyector va contando el curriculum de este neoyorkino destructor del conformismo. Una imagen. Blanco y negro. Un muerto. Diez muertos. Una pierna huérfana. Odio en tres dimensiones. Una mujer violada. Un padre destrozado por la soledad de la violencia. Negro. Blanco. Silencio.

    Las fotos pasan rápido para el público. Nos gustaría contemplar cada milímetro con calma. La voz de Nachtwey comenta cada historia humana detrás de una instantánea. No habla de encuadres. No habla de luces. No habla de enfoques. Ni de cámaras. Ni de lentes. James Nachtwey sólo cuenta la historia de sus retratos. Un hombre. Una mujer. Injusticias. Gritos. Dolor. En los rincones perdidos de lo que también es mundo, una luz de denuncia sale del flash de Nachtwey para conmover hasta los corazones de piedra que se sientan, lejos, donde las decisiones se toman siempre cuando ya es demasiado tarde…

    La anatomía del Periodismo con Mayúsculas. Los órganos vitales de la integridad, la tolerancia, el respeto, el valor, la amistad, el buen humor, el perdón… Los músculos de una concepción de la vocación periodística como misión para hacer un mundo más humano. De verdad. Sin poses. No hay ni una muesca de gurú en su foto de perfil. La sangre de una buena persona. La piel de un caballero metido hasta las cejas en la caja negra de los hombres más malos, pero con la sensibilidad intacta para no perder nunca ni un pixel de esperanza.

    A vuelapluma y sin luz, anoto en el cuaderno: Maestro. Arte. James. ONU. Tarde…

    Se enciende la luz

    Hemos venido a conocer a un hombre que hace prótesis con su cámara de fotos. Hemos conocido a un señor que hace fotografías en forma de pésame. Hemos estado con un fotosolidario que revela sus instantáneas para convertirlas en perdurables.

    “Cualquier fotografía de la guerra es una protesta contra la guerra”. Y, sin embargo, yo creo que detrás de cada foto de Nachtwey hay más. Los ojos se centran en los ojos de un niño mutilado perdido en la putrefacción de un genocidio. Y ahí, en las pupilas, oímos muchas más cosas de las que vemos. Hay personas que no son estadísticas, ni un buen plano, ni una fuente informativa, ni una mierda de esas puramente eficaces, útiles, convertibles en monedas. El objetivo de Nachtwey –hoy lo hemos visto en primera persona del plural- es concienciación colectiva. Política de masas. Humanismo salvaje.

    Nachtwey, con bata blanca, al pie de la grada, y al pie del cañón. Miramos, por decir algo… ¿Cómo es posible estar ahí y no volverse loco de dolor? La misión. Nachtwey es periodista, porque tiene una misión. Y su vida es una misión. ¿Y yo? ¿Misión? ¿Visión? ¿Mansión? ¿Micción?…

    Nachtwey es un transformador de medidas imposibles. De la ira en voltios, a la paz en julios. De la histeria a kilos, a la mansedumbre en litros. Del odio en kilopondios, a la construcción masiva en kilómetros. De muralla, a puente. De foso, a cama elástica. De fotografía, a vida.

    Se apaga la luz, segunda parte

    Nachtwey, en la sala, recorre la geografía del mundo herido, desde Irlanda 1981, hasta Kabul 1992. Los juegos olímpicos de la brutalidad humana. Gritos sin anestesia acumulados en su tarjeta SD. O en sus carretes de tragedias unas veces marginadas, otras veces sumidas en la indiferencia más letal. Guerras. Enfermedades. Soledad. Tristeza. Negro y blanco, pero negro oscuro casi negro negrísimo al fin y al cabo…

    Nachtwey relata cada fotograma de una película sin decorados. Suerte. Audacia. Niños. Padres. Un hombre que abrió sus ojos con los Desastres de Goya en el Museo del Prado, está al pie de la grada combinando el arte de ser buena persona, con el arte de contar las historias, con el arte de ser médico sin morirse de pena con tanto dolor, y con el arte de no darse importancia en un mundo de flashes desproporcionados. Y más, en el cuore de Nueva York.

    Nosotros, que venimos con el avión empotrado en los Alpes a flor de piel, y la cara de su copiloto tatuada en lo más hondo de nuestra incomprensión, hemos recibido del Dr. Nachtwey una transfusión de lo mejor de los seres humanos. Llorar sin mover el culo no riega la tierra reseca. El bien aplasta al mal. Siempre.

    Se hace la luz definitivamente

    Ha dicho Gervasio Sánchez durante su presentación que James es un faro que ilumina el trabajo de muchos que están aquí, y otros muchos que están allá, en la acera, trabajando. Ha sido el delegado de una clase que ha querido aplaudir de pie a un profesional al que admiran. Allí estaban él, y muchos otros que también se han ganado las nóminas y el Cielo en el puro infierno. Aquí, o donde los mapas políticos borran los nombres de los pueblos.

    Conversaciones Con ha rendido hoy un homenaje global al fotoperiodismo sin fronteras, y a los fotógrafos que nos ilustran las páginas del día a día. A los que retratan el dolor, y a los que pintan personas con luz. A los que cuentan con una imagen, y a los que prefieren las palabras para ilustrar una foto. Éramos muchos. Y a pesar de que el fotógrafo es un profesional muchas veces anónimo para las masas, porque el Óscar de las audiencias va al que firma, o al que pone la cara…, entre las gradas de una Universidad para mayores de edad hemos visto a Alfonso Armada (ABC), a Moeh Atitar de la Fuente (periodista, fotógrafo y autor del blog Guerra y Paz), al reconocido fotoperiodista Olmo Calvo… Y a Paul Hanna (Reuters). Andrés Kudacki (AP). Carlos Montagud (El Mundo). Daniel Ochoa de Olza (AP). Begoña Rivas (freelance, y habitual de lo mejor de Yo Dona). Lupe de la Vallina, la cara del retrato sincero de Jot Down. Y a Susana Vera, de Reuters. Y a Óscar del Pozo (ABC)…

    Y hemos visto a plumas de periodistas como Isabelle Piquer (corresponsal de Le Monde), o Ángel Colina, reportero sin fronteras de la SER. O al caballero del ningún día sin poesía, aunque sea en imágenes: Antonio Lucas, de El Mundo…

    Lo de menos son los nombres. Lo de más son las vidas bien aprovechadas para ser periodistas de verdad, con boli, con ipad, con cámara de fotos, con cámara de vídeo, con voz, con alma…

    Conversaciones Con nos ha recordado que la fotografía nació para salvar al hombre, y no sólo para inmortalizar los gatos horteras, los pies desnudos, el yo-me-mi-conmigo… El doctor Nachtwey nos ha sacado de Instagram para meternos en la red social que une a los que transforman las cosas malas en luz ajena con luz propia.

    Rembrandt pintó las sombras y las luces, y le salieron joyas. La lección de anatomía del Periodismo con Mayúsculas, humanismo en carne y hueso, y profesionalidad en formato panorámico, está aprendida.

    Thanks, Sir.

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    Articúlo publicado en Conversaciones Con en marzo de 2015