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    c3bfmhgweaemx56A los grandes periodistas se les huele de lejos.

    Suelen ser discretos, porque han logrado domar el ego. Es fácil: ¿cuánto cobro? ¿Cuántas horas trabajo? ¿Cuánto dura en la humanidad mi trabajo? ¿Qué hacen en la intimidad con las páginas de los periódicos? Y ya. Raso. Serenos.

    Leen y escuchan. Quizás no vomitan tuits compulsivos, ni ven la tele. Leen clásicos. Y leen a sus compañeros y a sus rivales. No son onanistas del gremio.

    Conversan con amabilidad, saben retirar el foco de atención, cuentan sus secretos, comparten su experiencia. Si el periodismo es servicio, formar a los periodistas es un servicio previo.

    Abominan de la frivolidad sin aspavientos, pero con coherencia. Ni la editan, ni la exigen, ni la venden. Son conscientes de que su ejercicio profesional es serio. Y son conscientes también de que la frivolidad periodística ha rebajado el oficio hasta límites insospechados.

    No tienen miedo. Ni a que les echen. Ni a los políticos sin escrúpulos que no entienden los medios. Ni a la crisis publicitaria. Ni a la valía de sus subordinados. Ni a ser normales.

    Innovan. Son creativos. Arriesgan con sensatez. Son aventureros prudentemente valientes. Nuevos géneros. Nuevos formatos. Nuevas apuestas. Nuevos temas. Nuevos enfoques. Nuevas maneras. Sus medios son organismos vivos. Se regeneran a diario, porque no son conservadores. Los conservadores periodísticos siempre son mediocres.

    Valoran a su plantilla: sus condiciones laborales, su actualización profesional. Dan importancia a cada persona que participa en un proyecto periodístico.

    Entienden los valores del periodismo y los defienden con los hechos. No son poetas de la profesión. Son prosistas de la coherencia.

    Son fiables y transmiten su confianza sobre el medio. Tienen amigos. Tienen enemigos. Y tienen fuentes en los dos bandos.

    Creen en los hechos, por encima de los análisis y de las opiniones. La verdad, por encima de todo. Y encima, ganan dinero, hacen que su medio suba, se convierten en un valor de marca. Y disfrutan. Disfrutan mucho. Se les nota.

    Hoy estamos siguiendo los pasos de Marty Baron, director del Washington Post que ha venido a Madrid de la mano de Conversaciones Con. Cientos de periodistas se pegan a él. Con eso, te lo digo todo.

  • ferozfoto

    Los periodistas cinematográficos le ofrecen una manita de premios a Raúl Arévalo y su Tarde para la ira, mientras dejan en la cuneta a Rodríguez, Bayona y Almodóvar

    La Asociación de Informadores Cinematográficos de España entregó ayer en Madrid su Premios Feroz, la antesala periodística de los Premios Goya. En la misma pista en la que Pedro Sánchez se puso de largo ante un mini PSOE cuando él era el salvador, los feroces periodistas del cine pusieron sobre su alfombra morada cómo ven el patio. Porque el cine español sigue teniendo algo de patio, con excepciones. Cada vez más.

    El más-malo-hecho-en-España-con-cara-de-thriller, Antonio de la Torre, fue el director de orquesta. Muy Dani Rovira, pero con la escopeta más humeante. Sus breves apariciones fueron suficientes para laminar el ego y herir de ironía dura a más de uno. Especialmente a La reina de España. La película.

    Él, que tiene tabla y madera, es el protagonista de la película que se llevó la palma de los Feroz: Tarde para la ira. Una película de agostos de crisis, de robos, de volver a empezar, y de esperanzas frustradas. Casi parábola del periodismo y sus trampas laborales… De las 8 nominaciones, conquistó 5: mejor película dramática, mejor dirección (Raúl Arévalo, el actor novato que pisa fuerte detrás de la cámara), mejor guion, mejor actriz de reparto (Ruth Díaz, premiada también en el Festival de Venecia) y mejor actor de reparto (Manolo Solo).  Ahora, a la reválida de los Goya, donde la ópera prima de Arévalo tiene 10 nominaciones. Una detrás de la otra.

    Del Palacio del Duque de Pastrana otros salieron de los Feroz con la vista baja, y buscando aire. El cubo de agua más helada cayó sobre la cabeza de Alberto Rodríguez, cuyo El hombre de las mil caras estaba nominada a 10 Premios Feroz y sólo se hizo con uno: el mejor cartel… Ni él, ni José Coronado, ni Eduard Fernández, ni Marta Etura… Nada. El cartel. Y gracias… Los Premios Feroz son feroces con el talento de Rodríguez. Igual los informadores del gremio han querido lanzarle un mensaje, porque es más que previsible que en los Goya sea uno de los filmes más galardonados. Veremos si de la Academia sale con una de las mil caras más sonriente.

    El otro director ferozmente apeado a pie de alfombra ha sido J. A. Bayona y su Un monstruo viene a verme. De 7 nominaciones, sólo un gato al agua: la mejor música original. El director español con más proyección internacional tragó el polvo mediático. Sus 12 nominaciones en los Premios Goya le darán aire y justicia. ¿O a la Academia le da envidia Hollywood? Si medimos con la regla de Penélope Cruz, no tiene por qué…

    Como era ya casi un tópico desde que los Panamá Leaks le aguaran la fiesta, no hubo Romeo para la Julieta de Almodóvar. Cero premios de 9 nominaciones. Feroz y por la espalda. Como si los finalistas los hubiera votado sólo Boyero… Las 7 nominaciones que le aguardan en los Goya tendrán más eco en su eternidad, porque es previsible que al menos Enma Suárez se lleve un busto como el cine manda.

    Las estrellas están, pero no brillan. Los medios han preferido dejarles de lado. Incluso Alejandro Amenábar, que entregó los galardones gordos de la noche, vivió en sus carnes el frío recibimiento de un público de actores y periodistas que le tienen en los altares, pero que le dejan en rincón oscuro de sus afectos. Porque los del cine son muy de amar en exceso, o de recelar sin descaros. No hay punto medio. Todo es clímax.

    El lado friki de Kiki también tuvo su momento. Paco León y su afán de escandalizar conquistaron los premios cómicos con su biopic sexual de instituto hormonado y liberadas sin fronteras. Pero la gente le quiere, las cosas, como son. Al respetable periodístico-cultural-progresista le hace gracia esa revolución sin intimidad, aunque él sean tan suyo y termine provocando cierta inquina entre los amantes de la discreción cada vez que pilla micro.

    Otros premios solitarios muy aplaudidos fueron para Roberto Álamo, mejor actor protagonista en Que Dios nos perdone, y Bárbara Lennie y su redbull, mejor actriz en María (y los demás). Y ya. De las 13 películas con opciones, entre 6 se lo liquidaron todo.

    Gala Premios Feroz 2017 ©  Alberto R. Roldan / Premios Feroz 24 01 2017

    Súper Chicho

    Los Premios Feroz también hablaron de televisión. Y su momento más sonoro fue el Premio Feroz de Honor a Chicho Ibáñez Serrador, una institución querida, un referente contemporáneo, y un trozo de historia cargadito de historias para no dormir, y de 1,2,3, responda otra vez. En su silla de ruedas de tesón, Ibáñez Serrador, el que lo fue todo y cuyo espíritu sigue latente en las pantallas, prometió que antes de su the end habrá una película más en su lista de Wikipedia.

    El oro de la tele fue para El Ministerio del Tiempo: mejor serie dramática, mejor actriz protagonista (Aura Garrido), y mejor actor de reparto (Hugo Silva): un galardón compartido con José Sacristán y su sana madurez en Velvet.

    La histeria histriónica y la alegría en technicolor la protagonizaron los de Paquita Salas. Tres premios: mejor serie de comedia, mejor actor protagonista (Brays Efe), y mejor actriz de reparto (Belén Cuesta). Y, de regalo, un curso rápido de CCC sobre Cómo aprender a estar en un escenario sin dar vergüencita ajena.

    Gala muy pautada, con pocos sobresaltos. Bien puesta. Un poco rígida, quizás. Ni tiempo hubo para hacerle un homenaje menos exprés a Bimba Bosé. Nula crítica política. Mucha ironía con el trabajo (superficial, acomplejado, tercermundista…) de los periodistas del sector, con amor, pero con limón y sal. Algún guiño feminista oportuno. Algo de frialdad para unos. Mucho calor entre los más jóvenes. Visible cantera de actrices versátiles, variadas, jóvenes, con empuje. Y muchos besos a mis padres, a mis hermanos, e incluso a la mujer de mi vida y a mis hijos, que son la razón de mi exisitir… Porque los actores siempre han demostrado que la familia sí importa.

    En la alfombra morada pisada por los tacones y los abotinados de charol quedaron también algunos chispazos: Rodrigo Sorogoyen (Que Dios nos perdone) dará que hablar. La ficción televisiva toma altura. Hay sueños americanos locales del cine y la tele made in Spain que no han tenido que hacer las Américas.

    ¿Y qué ha pasado con los de siempre? ¿Qué ofrecen los periodistas cinematográficos a Carmen Machi, Rossy de Palma –excluida fríamente de los Goya-, Marta Etura, Alberto Rodríguez, Pedro Almodóvar, J.A. Bayona…? Los Feroz han cantado su bingo…

    Doble guiño para la Academia de Cine y para Dani Rovira: de los Feroz se sale a las once de la noche. Y tan contentos. La mayoría.

  • pp-cpngreso

    El día de la Virgen de Lourdes el PP está de congreso nacional, el de la mayoría de edad, el 18.

    Ha dicho Andrea Levy que el partido quiere que ese encuentro cartesiano «sea un espacio de debate y encuentro de todos los militantes para lograr una organización a la altura de la sociedad española». Ya. Por querer…

    Los 18 años son una buena edad para hacerse preguntas: quién soy, a dónde voy, para qué, por qué, de dónde vengo, y todas las uvedobles que a cualquier persona sin miedo le plazcan. La valentía se sobrentiende en el epicentro de la madurez.

    El PP vende su próximo congreso bajo el lema ¡España, adelante! Hay muchas maneras de ir hacia adelante: progresar, huir, sin mirar atrás, haciéndose el sueco, escuchando a la gente que se encuentra por el camino, pisando fuerte, postergando a las minorías, dejándose llevar por las glorias del momento, en andas, bajo palio, con marcha, estirando el empujón…

    En este último tiempo he podido entrevistar a seis personas de perfiles muy diferentes y con sede en el PP. La primera fue Andrea Levy. Maja. Risueña. Espabilada. Novata. Trending. Relaciones públicas. Desde entonces, por lo que le veo, le leo, y le oigo –salvo cuando entra en diálogo tuitero con el oráculo de la posmodernidad políticamente correcto: Jot Down– pienso que ha crecido, pero está muy lejos de ser una mujer estructural en el partido. Parece una chica de transición, plenamente implicada en el PP, incluso los fines de semana. Y aunque nos cuente que lee y que sabe, no la veo en el meollo del programa de un partido salvo para encontrar las maneras más chulis de vender las cosas en el mercadillo de las redes.

    Para Levy, el PP debe ser una derecha moderna (http://www.elconfidencialdigital.com/politica/Cristina-Cifuentes-Feijoo-encarnan-PP_0_2574942509.html). Y mi impresión, después de tomarme con ella una cocacola, es que su derecha moderna es una derecha amplia muy de marca blanca.

    Después estuve con Alberto Núñez Feijóo una mediamañana de enero del año pasado (http://www.elconfidencialdigital.com/politica/entrar-politica-gestionado-publico-regeneracion_0_2663133687.html). Un señor. Hábil. Listo. En el epicentro de las cuatro torres de Madrid, el presidente de Galicia deshojaba la margarita de su futuro político. ¿Más Galicia? ¿Destino Madrid? ¿Moncloa? ¿Génova? ¿Casita? Dicen que Rajoy le pidió conquistar definitivamente Galicia, pero que él quería un cambio de papel. El tiempo nos dirá cuál es el sitio que le corresponde. En cualquier caso, Núñez Feijóo es un tecnócrata social eficaz, un gestor serio. De ideología abierta, pero con el fuste de la experiencia. Núñez Feijóo es natural como los iconos de Ciudadanos, pero no es de la pasta populista curiosa en la que se han convertido los populares de postín cuando han abandonado las ideas para asentarse en el poder.

    Después del verano conocí a Alberto Fabra (http://www.elconfidencialdigital.com/politica/Ciudadanos-PP-costado-renovarse_0_2776522344.html). De por medio, una horchata y, sobre la mesa, el PP más corrupto y más dañino para ellos mismos, cuando Rita Berberá vivía aún entre nosotros. Me pareció un galán de la política, un superviviente de la hez humana en la que habitan los que roban sin necesidad. Sonriente. Oportuno. Senador. Con ganas de un flash después de pasar a la sala previa al ostracismo. Pero interesante. Ideológicamente despojado. De centroderecha en el sentido más líquido de la expresión.

    Y hace sólo unos días estuve con Luis Peral (http://www.elconfidencialdigital.com/politica/PP-preferido-mantenerse-rajatabla-principios_0_2860513942.html): 40 años en el ajo de la política siempre en el mismo sector, con sus marcas evolucionadas. Democristiano sin pancarta. Defensor de la conciencia. Valiente con principios en un momento curioso en el que las aguas del Mar Azul se abren de par en par cuando metes en el mismo barco fe, razón y coherencia. Para unos es un meapilas. También dentro de su partido, donde antes Celia Villalobos era una excepción, y ahora es la salsa en la que conquistan los mares del poder, pese a naufragar en las aguas de las ideas, que eran sagradas para el PP de Aznar, y que ahora son una atadura que conviene cortar para seguir subiendo ligeros de equipaje.

    Ya ven. Cuatro personas, cuatro mundos. Si en Génova me hubieran dejado hablar con más gente, quizás hubiéramos encontrado otros matices, pero la oficina de prensa del PP es muy selectiva, muy de los de siempre… Y muy lenta.

    Se supone que un congreso debe servir para fortalecer en torna a la unidad. La unidad en torno a un líder. La unidad en torno a unas ideas. La unidad en torno, incluso, a unos ideales. Lo fácil es ver el patio del PSOE, de Podemos, y el de Ciudadanos, y vivir que son dos días. Lo difícil es hacer las cosas bien antes de que lleguen las urnas por la espalda y lo de Pedro Sánchez sea una anécdota infantil comparada con el tsunami de recelos que se pueden despertar en la piscina multicalles del PP.

    También he conocido a dos políticos locales del PP, que son los que más me han convencido: Chuso García Bragado (http://www.elconfidencialdigital.com/deportes/Lamentablemente-deportista-utilizado-politica-Cataluna_0_2558144192.html) y Ruth Beitia (http://www.elconfidencialdigital.com/deportes/puede-fan-resiste-gana_0_2705129492.html). Ellos, que están entrenados para llegar a la meta dándolo todo, son los más auténticos. Los que más hartos están de las tonterías internas de los partidos, y de la endogamia, y del poder en manos de unos pocos, y de la falta de compromiso ideológico…

    El poder impide ver el bosque. Los políticos son los reyes de la subjetividad. Latente: miedo a disgustar y tensión al discrepar, y mucho buenrollismo con sonrisas-profiden. Una falla superguay

  • peral

    Foto: Álvaro García Fuentes

    Luis Peral Guerra se va en son de paz. Tras 40 años en la política, acaba de despedirse del grupo parlamentario de Cristina Cifuentes. Para los cronistas del morbo: no se ha ido dando un portazo. El que fuera consejero de Educación de Esperanza Aguirre deja la primera línea, pero seguirá lanzando a los mandos del PP ideas de regeneración sin rupturas ideológicas. Propugna la libertad del voto en conciencia, en un país de borreguismo parlamentario pese a las conquistas de la Constitución. Fillion y su estilo de derecha sin complejos, en su horizonte. Defensor de los principios y los compromisos electorales por encima de todo. Incluso del miedo a las encuestas. Amigo de la vida. Defensor de la familia. Democratacristiano natural. Antes, la excepción era Celia Villalobos. Ahora, él y sus iguales son las ovejas negras de un PP ideológicamente de marca blanca. Un perfil popular en peligro de extinción, aunque para muchos votantes azules que ahora cuelgan del alero sean, precisamente, la referencia.

    Lea la entrevista íntegra en http://www.elconfidencialdigital.com/politica/PP-preferido-mantenerse-rajatabla-principios_0_2860513942.html

  • montse-dominguez-1080x675

    Montse Domínguez es una veterana del periodismo reconvertida al universo digital, como directora, en España, de un medio acostumbrado a la disrupción del mundo online, diseñado sin más barreras que la del idioma. Después de muchos años de micrófono, cámaras y acción, su historia de adaptación refleja bien la actitud de los periodistas más tradicionales al nuevo rol que exigen los tiempos y las audiencias. Hablamos con ella en su despacho del Huffington Post, una redacción nativa digital ubicada en los riñones de Prisa. Arriba, El País. Abajo, la calle. En medio, un modelo de producto periodístico del siglo XXI, con su ADN particular, y abierto a los lectores de su misma generación.

    Lea la entrevista íntegra en http://conversacionescon.es/montserrat-dominguez/

  • blog

    Me dices que no eres el mejor. Perdóname que te diga: hablas como si te lo creyeras.

    Si quieres te recuerdo tus comentarios después de unas elecciones. De lo cortos que hay que ser para votar al que prefiere la mayoría. Y esas cosas.

    Dices que tú no eres el mejor. Y sin embargo discrepas con hacha del que no piensa como tú, y frunces el ceño buscando salidas hirientes cuando alguien te contradice con argumentos.

    Dices que no eres el mejor, «hombre, faltaría más», que hay mucha gente buena en el mundo. Y sin embargo, rajas de los ecologistas, de los que participan en las redes sociales, de los que se arremangan, «porque sólo buscan protagonismo», de los jóvenes activistas que repelen el sofá, de los que escriben, porque escriben; de los actores, porque actúan; de los que innovan, porque no tienen los pies en el suelo. Y de los que disfrutan cogiendo setas.

    Dices que no eres el mejor y, sin embargo, todos tenemos tus etiquetas: El rojo. La facha. El corto. La trepa. El populista. La intelectualoide. El perroflauta. La pija. El progre. La caspa.

    Dices que crees en la libertad y estás dispuesto a defenderla con tus dientes. Y, sin embargo, propones que el sufragio universal se revise, «porque hay tontos que no pueden tener el mismo derecho al voto que tengo yo».

    Haces monumentos verbales a la libertad, pero entierras con vida al que tiene otros principios morales o una ideología en las antípodas. Mucha freedom guiando al pueblo, y sin embargo hundes con tus comentarios a los que disienten de ti en conciencia. Y a las coletas, los bolsos de caballero, las melenas teñidas, los calcetines con mariposas. Y te ríes de Juan y María, que tienen un perro y, sin embargo, no quieren tener niños «los muy egoístas, qué asco».

    Dices que la confianza es clave. Y, sin embargo, desconfías hasta del pobre de la esquina, «porque seguro que simula el hambre, el frío, y el dolor de la indiferencia». Confías mucho, y exiges que confíen en ti, y, sin embargo, ves conspiraciones en cada frame de Walt Disney.

    Respetas y reclamas un respeto. Y, sin embargo, te ríes de casi todo lo que se sale de tu mundo de hormigón. Y regalas a tus anchas el calificativo más letal: «Hipócritas».

    Eres liberal, pero encierras a los que viven de otra forma. Eres demócrata, pero tachas a más del 51 por ciento. Eres tolerante, y, sin embargo tu universo está lleno de frikis.

    Me dices que estás abierto, y yo te veo cerrado al vacío. Ni los de otro equipo. Ni los de otra parroquia. Ni los de otras sensibilidades. Tus verdades por encima de las personas. Tu punto y final es siempre «este tío no se entera».

    Sin embargo… Efectivamente: sin embargos… a la totalidad…

    ¿Entiendes ahora porque muchos recelan de ti?

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    Columna de opinión publicada en la revista Palabra (diciembre 2016)

  • pedro_duque_1

    Foto: Álvaro García Fuentes

    Los pies en el suelo. La escafandra en stand by. Pedro Duque es un símbolo de que España también puede llegar muy lejos. Nuestro astronauta nacional subió por primera vez al espacio hace 18 años. Pocos meses antes se había estrenado Armageddon, pero su viaje en el Discovery no fue ciencia ficción. El quijote aeronáutico volvió arriba en 2003 para la Misión Cervantes. Ahora, con 53 años, sigue en forma. Como figura clave de la Agencia Espacial Europea, pide a Merkel más hechos que palabras para que el viejo continente entre en propulsión. Al Gobierno de Rajoy le aconseja un empujón presupuestario para seguir innovando hacia el cielo. Aunque él lo que desea, en realidad, es un nuevo Kennedy, que no ha sido Obama y duda que lo sea Trump. Reivindica la ciencia europea y el empuje español: “Esto ya no es Bienvenido Mister Marshall”. Ve en el espacio un universo de posibilidades y un camino de futuro rentable y seguro. Lo tiene claro y se le nota en los ojos.

    Lea la entrevista íntegra aquí

  • simon

    Pedro Simón escribió ayer estas dos columnas en El Mundo: http://www.elmundo.es/sociedad/2016/12/03/5841e12de5fdea1e528b4591.html

    A pesar de la relevancia del asunto para la deontología periodística, el mea culpa de Simón sólo tiene dos comentarios en la web. Aunque hay muchos tuits y muchos posts perdidos por el universo digital, y más de un anónimo cobarde.

    Alma le dice a Pedro pie de columnas: “Gracias por sus disculpas, pero ¿qué hacemos ahora los que hemos donado dinero en base a un artículo falso? Yo también estoy enferma y tengo discapacidad y aun así doné dinero…”.

    Mirandero, por su parte, comenta: “Pedro Simón no ha tenido problemas en pedir perdón, lo cual está a favor de él. En cambio, otros ¿periodistas¿ ven cómo sus informaciones son desmanteladas una y otra vez, incluso por la Justicia, y siguen manteniendo sus mentiras”.

    A mí, el comentario que más me ha hecho reflexionar sobre la confianza del mundo en mi profesión, es este, de Ricardo: “Habría que hacer un Salvados sobre Salvados-Ana Pastor-Évole-Escolar. No suelen ser tan indulgentes con los errores de otros”.

    He pensado:

    1. Las grandes causas sociales son bonitas, pero los periodistas ni somos poetas, ni podemos ir de poetas. Es bello que todo encaje, que el texto suene bien, que las fotos reclamen la atención, que haya un movimiento social de apoyo a la causa. Pero el buen periodismo no es lírica.

    2. Soy un admirador de Simón y su calidad literaria. Su sensibilidad hacia los problemas sociales siempre me ha llamado la atención. En mi estantería tengo dedicado su Peligro de derrumbe, que me parece el libro de cabecera para la gestión humana de una crisis. Pero… El periodismo son hechos, no sólo palabras utilizadas con genio.

    3. Me acordé del affaire de El Rubius. Aquél día tampoco me pareció acertada la conducta de Pedro. Y tampoco me resultó imitable la de la entrevista a Taburete en PAPEL, también de El Mundo. ¿Pueden los periodistas ser muy buenos con los débiles, y tremendamente indolentes con lo menos débiles? ¿Puede el periodista juzgar quién merece la pena y quién no? ¿Puede el periodista reírse de una sola persona?

    4. Ricardo pide un Salvados sobre lo fácil que es meter la pata en el periodismo, y lo difícil que lo tienen las víctimas del mal periodismo para salir del hoyo. Y es verdad. Muchos periodistas -muchos de ellos con fama- hacen periodismo de causas, periodismo de encausados, periodismo de fans, y periodismo de etiquetas, de bandos, de tú no eres de mi equipo, y no me importa empalarte en directo.

    Llevamos mucho tiempo hablando de si el papel, si los modelos de negocio, si las historias, si el periodismo de datos, si los legacy media… Yo creo que para que el periodismo sobreviva debemos recuperar la confianza siendo más estrictos, más honestos, más limpios, menos ideológicos, menos poetas, menos salvadores de la patria, más desconfiados de nosotros mismos, más íntegros, y mucho menos altaneros. Los perjuicios buenos y los perjuicios malos son perjuicios que nos enseñaron en la facultad a dejar a las puertas de la profesión.

    Sí. Luego pediremos perdón cuando metamos la pata, porque nadie está exento. Pero luego..

  • teresa

    Mientras Íñigo Amescua le hacía unos retratos fabulosos, le di al clic del iphone.

    Teresa Perales. Maña con fuerza. 40 años. Sonrisa apabullante. Nadadora. Campeona. Especialista en salto de obstáculos vitales con pértiga de audacia. 55 medallas. Doce récords. Premios, auditorios llenos, libros. Y al fondo de su biografía, una silla. De ruedas.

    La historia de Teresa comienza a los 15. “La muerte de mi padre fue el momento que más determina quién soy. Desde entonces me aferré a la vida y la amé para siempre”.

    A los 19 años una neuropatía le paralizó las piernas. Hubo duelo y luto. Y después, “a mirar hacia adelante. Era la ocasión de plantearme el mundo con otra perspectiva. Decidí afrontar los retos uno detrás del otro”.

    Sin saber nadar, se lanzó a la piscina. Con salvavidas. “En el agua reencontré la libertad y un mar de posibilidades. Tuve suerte. Se me dio bien. Detrás de un desencadenante trágico me encontré una gran sorpresa”.

    El palmarés confirma que su camino era de baldosas azules. Llegaron las medallas. Muchas. Pero “mi historia no son los metales, sino la trayectoria. Llevo dos décadas compitiendo y nunca he perdido la ilusión. Las medallas son sólo trofeos. Lo importante es compartirlas y aprender del camino. Querer hacer las cosas es un motor muy potente. Para mí, la silla sólo es un medio de transporte. Nunca he dejado de hacer algo por su culpa”.

    Mientras incoaba los primeros largos, reaprendió a moverse con independencia y entendió que “la discapacidad acompaña, pero no determina”.

    Sidney 2000 y un marido

    Después de horas de bañador, Sidney 2000. “Ponerme un salvavidas y lanzarme al agua hizo que aprendiera a nadar, que se me diera bien, que fuera a Sidney, y a la vuelta de Sidney conocí a mi marido. Me hizo una entrevista y nos enamoramos. A veces buscamos cambios radicales en nuestra vida, y no nos damos cuenta de que un paso puede suponer la transformación verdadera”.

    En 2003 se lanzó a la política como diputada autonómica del Partido Aragonés. “¿Quieres que el sistema cambie? Pues no lo dejes en manos ajenas”. Con ese planteamiento se implicó en la cosa pública, porque “criticar desde la barrera no ayuda. Hay que participar. No hace falta ser famoso, ni muy inteligente. Sólo se requiere tener alma y voluntad de servicio”. Y añade: “Odio que se diga que todos los políticos son corruptos. La mayoría trabaja mucho y bien. Las generalidades son la excusa de las personas comodonas”.

    En Atenas 2004 se colgó el primer oro rompiendo el miedo a ganar: “Tenía el deseo de ser la mejor, pero también el temor a las expectativas y al fracaso. Lo superé. Desde entonces he querido ganar siempre”.

    Al aterrizar de Grecia desfiló, de pie, hacia el altar… “¿Por qué no? Aquella ocasión merecía la pena. Para lucir la cola del traje me puse unos bitutores -unos hierros como los de Forrest Gump, un poco más evolucionados-, que me permitían caminar”. Al entrar la novia, al Pilar entero se le encogieron las entrañas.

    Los primeros récords y su hijo

    Siguiente hito: Pekín 2008. Tres oros. Una plata. Un bronce. Y sus dos primeros récords mundiales. «Un compañero me dijo: ¿Te conformas con un oro? ¿Por qué no intentas un récord del mundo? Y allá fui”. A la vuelta llegó su hijo, «mi mejor medalla, lo más importante de mi vida, lo mejor que he hecho, mi mayor alegría y mi motivo de orgullo cada día”.

    En Londres 2012 abanderó a la España paralímpica. “Mi hijo estaba en la grada y ese momento lo había soñado un montón de veces”. Ya era la número uno y allí se colgó seis medallas más.

    En 2013 Aragón propuso su candidatura al Príncipe de Asturias del Deporte, “¡y no lo logré por un voto! ¡Me hacía muchísima ilusión!”. Sin embargo, en 2015 se hizo con otro galardón que paladea con sílabas: «Mar-ca-Le-yen-da. ¿Suena bien, eh?».

    2016. Río. 40 años contra chinas de 16… Cuatro medallas, de seis. “No pude hacer más. Estoy orgullosa del resultado y de cómo me repuse. Allí superé un bache importante: quedar cuarta o quinta no me había pasado jamás”. Al apagarse aquella llama «intuí otro ciclo. No sé si estaré en Tokio 2020. De momento, en breve retomaré los entrenamientos para el próximo Mundial».

    El mundo con ojos de Perales

    Entre tanto Perales se ha hecho escritora y coach. “Comparto mi forma de pensar, porque veo que gusta. Ofrezco mirar con perspectiva la vida y disfrutar de la realidad que nos rodea”.

    Su primer mandamiento: “Querer es poder”.

    Su pregunta retórica preferida: “¿Para qué ahogarse en un vaso de agua, cuando podemos nadar en el océano?”.

    Su filosofía: el optimismo total. “La vida no es Walt Disney, pero soñar a lo grande me va mucho”.

    Una de sus recetas habituales es «relativizar los problemas», y en su credo no existen «esos límites que nos marcamos como excusa para no pelear los objetivos”. Su dogma sagrado se tatúa así: “No te rendirás nunca. Tirar la toalla sólo sirve para perder”.

    A veces tiene que pedir ayuda, pero su historia es una ahogadilla a la simple compasión. La campeona de las medallas en racimos es paralítica, pero ha sabido andar por encima del agua, de sí misma, de los bienintencionados paralizantes, de los muros y de las dificultades.

    Los tacones son el ariete de su discreta coquetería. Con ellos destaca que “como mujer deportista no he encontrado trabas. Como paralímpica, sí. Hay diferencias obvias”. Critica, por ejemplo, que no se reconozca a sus compañeros para el Premio Nacional del Deporte: “Independientemente de que uno esté entero, a trozos, sentado, o de pie, si esos galardones se entregan por resultados y valores, queremos entrar en el mismo lote”.

    La fama no le ha hundido sus principios: “Para eso tienes que creerte diferente, y yo sólo soy una persona con suerte”.

    En los últimos minutos de la prueba, la dama de las agallas como templos toca pared: “Los gurús hablan de la zona de confort. Yo la llamo de comodidad incómoda. La vida va pasando. No se trata de tener días por delante, sino de que cada segundo merezca la pena. Depende de ti”.

    Chocamos las derechas. Silla. Giro. Y a otra cosa. Siempre hacia adelante.

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    (Artículo publicado en especial de Yo Dona «El poder femenino»).