Richy Castellanos: El hombre que susurraba lealtad a los famosos

Entrevista publicada en la revista Influencers de enero-febrero 2020.

Después de 26 años, cerca de 3.500 eventos, uno 4.000 contactos VIPS, y mucho trabajo, el sueño del relaciones públicas número uno del país es este: reunir sobre las tablas del Madison Square Garden a Camarón, Paco de Lucía, Michael Jackson y Julio Iglesias, y contar con actuaciones especiales de Amy Winehouse, Barbra Streisand, Shirley Bassey y Mina. Es el deseo imposible, salvo milagro de la tecnología, de un hombre que está muy cerca y muy al quite de las estrellas, que lo ha hecho casi todo en las alfombras de los eventos y que aspira a convertir la confianza de los famosos en su viaje por otros 26 años detrás del telón, pero con la luz propia del reconocimiento masivo a la discreción y eficacia de su oficio.

Álvaro Sánchez León (@asanleo)

Dicen que todos los hombres tienen un precio, pero la moneda de Richy Castellanos es la lealtad. Por eso lleva una boda de plata larga ofreciendo a los famosos de España la red de su confianza, el respeto de su discreción y un sigilo sobre lo que ve y lo que oye que se acerca al secreto de confesión. Un relaciones públicas con estas señas de identidad y el valor constante del trabajo bien hecho es un tesoro.

Un casco de obrero sobre el esmoquin. Muchas horas de acción, reacción y repercusión en cada pajarita ajustada. El lustre de la pasión por un oficio “oscuro y difícil, en el que es importante tener claros los principios para no ahogarse”. Un móvil en efervescencia, miles de eventos y miles de contactos VIPS que le llaman, se ponen y se aprecian. En una hora de conversación, de pasada, sale que “anteayer hablé con Julio Iglesias”, “mira este audio que le acabo de mandar a Rafa Nadal felicitándole por su boda”, “hoy he quedado a comer con Josema Yuste”, “toca cenar con José María García”, “acabo de organizar la presentación del libro de Andrés Pajares”, “estoy colaborando una vez más con el especial fin de año de José Mota”, y “tengo que ir cerrando el partido de famosos a favor de los niños con Síndrome de Down de Prodis. Este año colaboran Vicente del Bosque y Javier Gutiérrez”.

¿Cómo se gana la confianza de la gente que está en la cumbre?

-En la cumbre, en realidad, hay pocas personas. Muchos están en ese entorno, pero son pocos los que rozan de las estrellas.  Si trabajas bien con gente importante, ellos lo agradecen mucho. Valoran que guarde su intimidad, que sea honesto y que vaya con mis principios amueblados por delante. La transparencia y el cariño auténtico lo pueden casi todo.

Richy Castellanos nació un 11-S, y se pasa el día entre torres gemelas que brillan, cuidándolas para que nadie las destruya. “Perfeccionista y tenaz”. Su obsesión sana es “no defraudar a las personas que requieren sus servicios, aunque esto no es un veni, vidi, vinci”. Su estrategia: “estar muy cerca, sobre todo en los momentos complicados, y estar al quite, como los grandes banderilleros que están junto al matador”, hasta que lo que empezó siendo una relación laboral se convierte en feeling, detalles e intuición “para dar siempre lo que cada uno necesita, aunque no lo pida”. Con esa fórmula de empatía sincera “tengo el placer de haber estado en las casas de casi todos los artistas de este país, y algunos del extranjero”.

Seguro de sí mismo. Ajeno al óxido. Más conectado a los nombres y apellidos del DNI que a los nombres artísticos en un escenario en el que todos se arriman a las estrellas para pedir: la cartera, una foto, un favor, un milagro, un sueño, la luna.

“No soy de la prensa rosa”

A Richy Castellanos se le quedó grabado algo que le escuchó a Paco de Lucía: “No sé de nada, de casi nada, pero sé un poquito de lo que hago”. Y él sabe de tratar bien a las personas, de garantizar su confianza, “y cuando hay confianza, ellos mismos te abren su corazón”. También sabe de separar vida pública y vida personal en un ámbito en el que codearse con las estrellas podría suponer un plus de ingresos: “Sé miles de intimidades de artistas que ni me van, ni me vienen, porque no soy de la prensa rosa. Todo el mundo sabe que en mi vida iría a un programa de cotilleos de la televisión. Prefiero perder ganando que ganar perdiendo”.

26 años remando en esa dirección con constancia han visto crecer este huerto florido lleno de amistades. “La seriedad en el trabajo es lo que te abre las puertas para tener un millón de amigos, como dice Roberto Carlos, y lo que hace que mucha gente me llame sin pedirlo”. En el fondo, después de tantas luces cercanas que han brillado intensamente y luego se han apagado de sopetón, Castellanos valora mucho ir por la vida profesional “a portagoyola”: de cara, pero toreando los cuernos de la falta de ética poniéndose de rodillas ante la dignidad de las personas con las que trata por encima de sus personajes.

Dice que “si te metes en alerta roja, el barco se hunde y nadie te ayudará a sobrevivir” que, en el fondo, es lo mismo que decir que defraudar por un plato de lentejas es el primer paso hacia el ostracismo en un oficio donde la verdad en el cara a cara es la clave del prestigio. Por eso, como dice Pedro Ruiz, “Richy no conoce a todos los famosos, pero todos los famosos conocen a Richy”.

Castellanos sabe que “la vida de un artista es muy difícil, porque se construye a largo plazo. Mi experiencia es que la elegancia, la clase, la personalidad, la casta y el saber estar son las señas de identidad de los que consiguen permanecer”. Reivindica valores humanos – “humildad, temple, el arte de tratar bien a las personas, la calma…”- que ennoblecen a la persona que late dentro de un famoso como esencias del currículo oculto de las estrellas, sobre todo, para que las caídas y los fracasos no sean tan estrepitosos, y para saborear cada escalón arriba siendo agradecidos y reforzando la ilusión por dar un do de pecho cada vez que se trabaja.

Serio en su oficio. Bromista en las distancias cortas. Su sabiduría popular está llena de respuestas con refranes y versos de canciones de siempre. Quiso ser futbolista, y ahora se dedica a regatear en el área de los monstruos de la fama ajena, cubrir a los delanteros con prestancia social y meter goles con eventos por la escuadra. Quiso ser flamenco, y ahora rasga las cinco cuerdas a la vez para que las estrellas no se pierdan en el Olimpo de las distancias humanas enfriadas, taconea sobre las dificultades, intuye el quejío y logra que el público toque las palmas. Por el camino, se ha hecho amigo de grandes futbolistas –Maradona, Butragueño, Martín Vázquez, Raúl, Guti, Íker Casillas, Fernando Torres…- y de grandes flamencos como Camarón, Paco de Lucía, Tomatito o Vicente Amigo

Después de 26 años en la tarima del backstage, Richy Castellanos sigue con la ilusión de la primera vez. Contento. Entrenado para mirar, escuchar, oler, tocar y sentir lo que otros no intuyen ni de lejos. Cuando se apagan los focos, él sigue ahí. Cuando se encienden las famas, él está en la otra cara del tapiz. Cuando se visten los trajes de noche y cuando los esmóquines se llevan al tinte. Cuando un famoso se pone el chándal de andar por casa y los tacones son alpargatas. Antes, durante y después, como una pila Duracell que da energía sin luz propia, rodeado de amigos con galones, el Richy que encendió la luz por ser el primero, la apaga el último.

Si una noche, al llegar a casa, después de descalzarse el glamur, Castellanos se toma un cola-cao con galletas, sepan ustedes que no es una inercia costumbrista. Esa receta ordinaria que tan bien representa al hombre a gusto en su casa, es el broche de oro sobre un trabajo bien hecho. Si sus amigos-estrellas prosiguen sus caminos, con buen rumbo, por la Vía Láctea, en una galaxia paralela, él duerme a honestidad suelta detrás del telón.

LOS MITOS DE CARNE Y HUESO DE SU PASEO DE LA FAMA

De entre todas las personas a las que Richy Castellanos ha tenido la oportunidad de conocer, algunos nombres propios tienen un realce especial en su paseo de la fama. Ahí están Camarón, “un vanguardista que no hablaba mal de nadie y cantaba como los ángeles”; y Paco de Lucía, “un genio universal”; y Maradona, “el Walt Disney del fútbol”; y Rafa Nadal, “el mejor deportista de todos los tiempos”. Ahí están dos de sus mejores amigos: José Mota –“una bellísima persona”- y Santiago Segura: “dos cracks de la interpretación”. Ahí están tres amigos que le deben, incluso, haber conocido a sus mujeres: Raúl González, Guti y Carlos Moyá.

Están también Alejandro Sanz, “el revolucionario de la música” o Ana Obregón -“mi gran amiga”- y una de las primeras que le ofreció su confianza cuando era 1993, y él se abría paso en la selva de la mano de Los Chungitos, Pedro Ruiz, Luis Cobos, Julio Sabala o Azúcar Moreno. Y andan también sus padres, “que son las personas que más me han influido en esta vida”, y Dios, “mi fan número uno, y el que me da salud, trabajo, amistad, y confianza en mí mismo para seguir adelante en este mundo complicado del espectáculo”.

La revolución de los retratistas ‘housesofcards’

Los fotógrafos institucionales que más influyen en España dan la cara

Reportaje publicado en la revista Influencers enero-febrero 2020

La fotografía de calidad, humana, fresca, coherente, con relato y con épica urbana, ha dado un golpe de estado en la política española. Aprovechando la nueva generación de dirigentes, el poder de las series, la influencia de Instagram, y el ejemplo de la comunicación institucional americana, los departamentos de Comunicación de los partidos empiezan a dar realce y libertad a sus fotógrafos para que ilustren sus historias políticas en el lenguaje del siglo XXI. Las fuerzas políticas comienzan a entender que esmerarse en la imagen es tan importante como pulir un discurso, una necesidad que todavía no vislumbran ni la Casa Real, ni Moncloa.

Álvaro Sánchez León | @asanleo

Dice el tópico que una imagen vale más que mil palabras. Y, sin embargo, los responsables de Comunicación de las instituciones públicas y los partidos políticos llevan muchos años perfilando titulares, mimando los textos de sus notas de prensa, y colocando muy en segundo plano a sus fotógrafos. En plena era audiovisual, muchos, todavía, no se han enterado. Otros, cada vez más, surfean la nueva ola impulsada por las redes sociales y el tsunami icónico de las series de televisión y ya se han convertido en exponentes de cómo conseguir que el poder de la imagen sea importante en la construcción de un líder político.

En la cresta de esa onda está Pete Souza, fotógrafo de Reagan y de Obama. A él le siguen exponentes extranjeros como Soazig de la Moissonniere -retratista de Enmanuel Macron-, Adam Scotti –fotógrafo de Justin Trudeau-, Marcelo Segura -disparador gráfico de Sebastián Piñera– o Tolani Alli, fotógrafa personal del vicepresidente de Nigeria; y españoles que empujan con prestigio, como Pedro Ruiz, Dani Gago, José Antonio Ramos, Ramón González Araújo, Moeh Atitar o Luis Gaspar.

Aunque todavía hay instituciones y partidos políticos que usan fotos novatas hechas con móviles para su comunicación pública, descuadradas y del montón, los aires de transición irrumpen en la fotografía institucional española de la mano de fotógrafos independientes y de los partidos políticos. Suena casi a golpe de estado, porque la inercia es publicar fotografías grises, predominantemente informativas, y poco más. La revolución de los housesofcards ve tantas palabras detrás de una fotografía que sus militantes con objetivos beben de la estética cinematográfica para convertir en planos de historia los momentos políticos ordinarios. Desde luego, en el siglo de Instagram, esta batalla era ineludible.

Hemos hablado con algunos de los cabecillas españoles de este movimiento vanguardista contra las estampas sin alma de los organismos oficiales. Son pacíficos, pero están muy cerca de conquistar un panorama lleno de tópicos arriesgando con arte para que el gris de la política no infecte más al fotoperiodismo contemporáneo, ni el desencanto global con la actividad pública.

Pedro Ruiz: la mirilla sobre Albert Rivera

Uno de los fotógrafos de cámara más laureado por sus colegas es Pedro Ruiz, responsable de la comunicación gráfica de Ciudadanos. Aterrizó en el partido naranja por casualidad y ha sido el fotógrafo personal de Albert Rivera desde 2016 hasta el día de su dimisión. Desde entonces sigue los pasos de Inés Arrimadas. Ruiz procede del mundo audiovisual, pero se ha hecho fotógrafo de prestigio muy pronto.

El objeto de su objetivo es convertir cada instante en un fragmento de historia, revelar el lado humano que late siempre dentro de un político, exponer la cercanía de un líder. Gracias a la confianza cosechada cerca de Rivera, ha podido estar muy pegado al ex presidente de Ciudadanos y eso ha empoderado su cámara hasta convertir su trabajo en la envidia de muchos fotógrafos políticos, censurados desde dentro por el miedo a la imagen de muchos candidatos ajenos a su tiempo. El resultado es evidente: de esa conexión entre político y fotógrafo resulta buena parte del éxito de la construcción de este relato audiovisual creíble. Aunque en el caso de Rivera los resultados electorales truncaron su carrera, al echar un vistazo al perfil de Instagram de Pedro Ruiz (@pedroruiz_csphoto) se observa a la primera cómo es un político que quiere ser presidente sin despegarse de los ciudadanos.

Dani Gago: un objetivo para Pablo Iglesias

Desde 2015, Dani Gago trabaja para Podemos con la experiencia de haber pasado por las redacciones de Diario 16 y EFE. La complicidad absoluta entre él y Pablo Iglesias han logrado un trabajo uniforme en la comunicación gráfica institucional de la formación morada, siendo parte importante de la imagen pública y social del líder de Podemos. “En Podemos me he encontrado mucha libertad y un reconocimiento a nuestro trabajo que no he visto en muchos otros sitios”. Parece que el poder de la imagen lo han descubierto los nuevos políticos. Seguramente hay ejemplos precedentes que demuestran que no, que siempre ha habido buenos fotoperiodistas en el gremio. Lo que está claro es que no han conseguido establecer una tendencia, algo que sí están cosechando ya estos primeros espadas, gracias, también, al efecto viral de las redes sociales.

José Antonio Ramos: versatilidad y liderazgo

Detrás del perfil @santanadeyepes de Instagram opera José Antonio Ramos, actual responsable de fotografía de la Junta de Andalucía, al borde, siempre, de la agenda institucional de Juan Manuel Moreno Bonilla. Sin haber hecho nunca fotografía política, aterrizó en la campaña electoral andaluza de 2014. Su mundo era más bien el espectáculo, pero terminó subido en las tarimas de Moncloa. Mientras Moreno Bonilla se preparaba, sin sospecharlo, para ser el primer presidente no socialista del gobierno andaluz, Ramos fue fichado por Mariano Rajoy en 2015. El fotógrafo malagueño imprimió otro tono a la comunicación gráfica en Moncloa, aunque las cosas de palacio van muy despacio y casi todos los políticos y sus asesores prefieren no innovar demasiado, por si acaso. Hay retratos suyos de Rajoy que mejoran, incluso, el perfil humano de su entrevista con Bertín Osborne en Mi casa es la tuya. Y es un solo plano, y sin músicas de fondo.

Ramos fue también el fotógrafo de Soraya Sáenz de Santamaría durante las primarias del Partido Popular tras la marcha de Rajoy. Su experiencia es que “el trato cercano entre dirigente político y fotógrafo es esencial para la fotografía política institucional”. Aunque es consciente de que en este género fotográfico prima la información, apuesta por un toque en cada estampa que no envejezca a sus protagonistas. Admite un cierto miedo a hacer cosas nuevas en este ámbito, “porque, con el ruido de las redes sociales, es muy fácil malinterpretar una fotografía y convertirla en un meme”.

Ragonar: otro enfoque en el hemiciclo

Ramón González Araújo, más conocido como Ragonar, trabaja en el Congreso de los Diputados para el partido de Pablo Casado. Entre otras cosas, ha sido el fotógrafo de los diferentes portavoces del Grupo Parlamentario Popular en la Cámara Baja –Rafael Hernando, Dolors Montserrat y, ahora, Cayetana Álvarez de Toledo-, y cubre también las campañas electorales del PP y otros actos del partido. Precisamente, Pedro Ruiz y José Antonio Ramos tienen un hueco especial entre sus referencias fotográficas para cumplir la misión de retratar la política azul en el epicentro del Congreso, desde donde llegan fotos muy similares cada día y desde, sin embargo, él está sabiendo mostrar enfoques novedosos, imprimiendo sobre el registro informativo un plus de nombres y apellidos personales bajo el rótulo de los políticos que más se exponen a su objetivo.

Disparos puntuales en el blanco

Luis Gaspar es un reconocido fotógrafo con una obra predominantemente artística, pero con algún que otro roce con la política. En concreto, él fue el que unió a Íñigo Errejón y a Manuela Carmena para quererse en blanco y negro desde el cartel electoral de Más Madrid de las elecciones de abril de 2019. Una imagen que fue un éxito, porque es natural, porque es real, y porque se nota que el fotógrafo está a solas con los candidatos, “algo que es importante para nuestro trabajo. Si fluye la conexión entre retratados y fotógrafo, gana la comunicación. Si hay equipos de revisores y extras del gabinete revoloteando en torno a la sesión de fotos, se nota”. Comparte la idea de que “el fotógrafo siempre ha sido el último mono en el mundo de la comunicación institucional, incluso en la publicidad. Dar el peso que se le debe a la fotografía no es una cuestión de dinero, sino de saber que la imagen importa mucho más de lo que han querido creer los expertos en comunicación política”.

Moeh Atitar ha trabajado para El País y para El Español, entre otros medios. Lidera una corriente de retratos con alma que le tiene, desde hace tiempo, de acá para allá posando el objetivo de su cámara en muchos rincones de la España. En 2014 fue el fotógrafo de la campaña de Eduardo Madina en aquellas primarias del PSOE de las que salió elegido Pedro Sánchez. En la galería de aquellas imágenes se muestra a un candidato más allá del estilo oficial: en bares, en el backstage, entre la gente real.

Atitar reivindica un trabajo fotográfico que trascienda la pura información del momento, porque entiende que parte de su tarea es “documentar, con coherencia, la historia de un político, de un candidato, de una etapa determinada de un partido. No tiene sentido que un partido político o una institución no invierta en fotógrafos y en editores gráficos. Igual que no tiene ningún sentido que haya medios de comunicación sin fotógrafos ni editores gráficos en plantilla, como sucede en todos los nuevos digitales”.

LAS CORRIENTES QUE LLEGAN DE FUERA

Manu Brabo es un fotoperiodista español que ejerce de freelance en lugares de conflicto como Haití, Bolivia, o Kosovo. Desde 2011 no ha dejado de ganar premios internacionales de fotografía, como el Pulitzer en la categoría de Breaking News Photography que obtuvo en 2013. Con el reconocimiento general por su trabajo y mucho conocimiento de causa, señala que “en España todavía se entiende la fotografía como mero registro de lo que sucede y no como un mensaje que se potencia con la excelencia estética”. Precisamente en ese escalón levanta el pie la revolución de los housesofcards. Y precisamente en esa avanzadilla han destacado ya algunos fotoperiodistas en el resto del mundo que están en la recámara de referencia de los fotógrafos españoles. Ellos ya lo han conseguido.

Pete Souza: el pionero

Cuando se habla de fotografía institucional de calidad, todos los teleobjetivos miran a Estados Unidos. Allí destaca como una estrella de Hollywood Pete Souza, jefe de fotografía de la Casa Blanca entre 1983 y 1989 durante el segundo mandato de Ronald Reagan. Después fue fotoperiodista del Chicago Tribune y siguió de cerca la carrera de un senador que apuntaba maneras llamado Barak Obama. Cuando el primer presidente negro de Estados Unidos llegó a la cumbre, Souza volvió a liderar su equipo de fotografía convirtiendo a Obama en un icono político universal. Con él hemos visto al presidente de los Estados Unidos casi en directo, porque nos enseñó con transparencia cada paso, cada visita, cada acto. Su cámara convirtió a Obama en un líder humano sonriente, como avala el relato histórico de sus miles de fotografías que quedarán para la posteridad.

Soazig de la Moissonnière: la dama europea

Para los fotógrafos españoles, el trabajo de Soazig de la Moissonnière, retratista oficial de Enmanuel Macron, es el Olimpo. Un presidente con la corbata floja, entre los miembros de su equipo, de espaldas, de frente, mirando por la ventana, abrazando a una abuela, sonriendo a un niño. Soazig está consiguiendo enfocar a Macron como un líder mundial de carne y hueso, trabajador y cercano, con horas de asfalto y con un punto de glamur. Todo ello, con una visión estética muy contemporánea. La dama de la fotografía política europea domina el blanco y negro y comunica mucha política y mucha ciudadanía en cada una de sus instantáneas con las que ilustra sus perfiles en Twitter e Instagram.  

Adam Scotti: la sombra de Trudeau

Justin Trudeau acaba de revalidar su mandato como primer ministro de Canadá. Parte de esa victoria se la debe a Adam Scotti, su fotógrafo oficial desde hace cinco años. Con sus imágenes, busca “contar una historia, el estado de ánimo, el desarrollo de los acontecimientos”. Scotti convierte a la opinión pública en espectadora en primera fila de la vida política del líder canadiense. Su talento, de alguna forma, le viene de sangre: su padre fue el fotógrafo del primer ministro Mulroney, allí en Canadá, en la década de 1980. “Crecí mirando sus imágenes y las de sus amigos”. El alma es la misma, pero en sus estampas vitales hay un 3.0 que convierte la trayectoria de Trudeau en algo más de andar por casa, y a la vez, más de transitar los despachos de poder de la historia actual.

Más allá de Occidente

Marcelo Segura es otro referente de la fotografía institucional. Después de 13 años publicando reportajes y retratos en la prensa chilena, el pasado marzo de 2018 Sebastián Piñera le echó el guante.  En su opinión, “la fotografía es sumamente importante para transmitir correctamente en política. Además, las redes sociales cada vez se fortalecen más como plataforma de discurso político, y ahí la imagen tiene un poder indiscutible”. Su objetivo en el trabajo es “buscar el lado más íntimo del presidente para acercarlo a las personas”.

Tolani Alli es la fotógrafa de cabecera del Gobierno de Nigeria. Con un impacto particular por un mundo, a veces, ajeno a Instagram, su trabajo se centra en “contar la historia desde los momentos ocultos a la mayoría, desde las instantáneas sinceras, con un afán por reflejar cómo se unen las cosas y los momentos históricos que están destinados a suceder. Crear una imagen que capture recuerdos intemporales para el futuro es y será siempre mi objetivo”.

El desenfoque de Casa Real y Moncloa

Todos los fotógrafos españoles consultados coinciden en que la Casa Real y Moncloa están fuera de tiempo y de lugar en su comunicación gráfica. Así como los partidos avanzan en sintonía con el siglo de la imagen, las instituciones más importantes del país han abandonado la fotografía en el diván de los elementos secundarios. Hablamos, por ejemplo, de esa Casa Real que no hace mucho contaba con Goya o con Velázquez para retratar a sus miembros, y que ahora difunde imágenes amateurs para contar su día a día.

Dice Atitar: “Con lo fácil que sería hacer fotos buenas a unos Reyes atractivos, jóvenes y modernos, y, sin embargo, nos llegan desde Zarzuela fotografías estéticamente nulas y mal hechas, descuadradas, con pésima iluminación. ¡La monarquía es imagen! He visto fotografías en la web de la Casa Real en las que se le corta la frente al Rey. Las imágenes oficiales de la abdicación de Juan Carlos I fueron pésimas. A veces parece que la comunicación gráfica la lleva el mayor de los republicanos. Forma parte del respeto a la institución ofrecer fotografías de calidad, o, al menos, que no estén torcidas… No hay más que mirar el ejemplo de las imágenes de la Casa Real Británica, que ofrece siempre auténticos fotones. La Casa Real debería tener en nómina a un fotógrafo, o a un equipo de fotógrafos, y a un editor gráfico. ¡Es básico! La Corona no se merece las chapuzas que vemos, que son pura desidia y dejadez”.

Luis Galán es igual de contundente: “Las fotografías de la Casa Real son la mayor jugada del independentismo. Hacen daño a la monarquía. Tenemos unos reyes que darían mucho juego para una imagen de calidad”. Ragonar coincide en parte de esta sentencia: “Las fotografías de la Casa Real son demasiado institucionales. Por lo general, son poco artísticas y personales”.

Según Dani Gago, “esta realidad no es por culpa de los fotógrafos de allí, a los que no dejan hacer su trabajo como deberían”. En eso discurre igual Pedro Ruiz, que añade que “no se trata ahora de que la Casa Real fuerce la máquina, pero sí de que muestre algo de cariño y humanidad en sus imágenes oficiales”.

Atitar considera que, efectivamente, la transición hacia una fotografía de nuestra era debe ir “de forma gradual, como hacen los que saben de comunicación. Ser una institución conservadora no es sinónimo de seriedad, ni de caspa. No se trata de entrar hasta la vida privada de la Familia Real, es, simplemente, que la Corona debe poder permitirse contratar a un Goya también en el siglo XXI”.

Estas críticas llueven también sobre el trabajo fotográfico actual de Moncloa.  Manu Brabo cree “ni en Moncloa cuentan con alguien con cultura fotográfica, ni el fotógrafo, que tiene un puestazo institucional, va a arriesgar pudiendo ganarse la plata sin darle vueltas al coco ni exigirse a sí mismo. Es la misma cantinela de siempre: gente que no quiere o no sabe hacerlo bien y clientes que no tienen cultura fotográfica y no saben lo que se puede obtener con una buena imagen”. Porque, según Ragonar, “las fotografías de Moncloa deberían cuidar más la temperatura de color y no hacer fotos en automático en el balance de blancos, porque se nota demasiado y perjudica drásticamente en el resultado final. También mejoraría algunos encuadres”. Moeh Atitar “esperaba que con Pedro Sánchez cambiara el papel de la fotografía institucional en Moncloa, que fue correcto con Rajoy sin ser fotogénico. Pero no. La cantidad de fotos llenas de malos gestos indican que, en esta etapa, en Presidencia del Gobierno existe una nula sensibilidad en torno al poder comunicativo de la fotografía”.

Dafne Fernández, la ‘poliactriz’ de la elegante versatilidad

Entrevista publicada en la revista Influencers de enero-febrero 2020. Fotos: Jesús Cordero.

Dafne es un nombre propio que procede del griego y significa ‘laurel’. Una lauréola es el reconocimiento entregado como recompensa a poetas, deportistas y guerreros en la antigua Grecia y Roma. ¿Y han visto esos laureles que abrazan los logos de los premios de cine? Todo encaja, porque todo está en el ADN. Después de 24 años sobre las tablas y detrás de las cámaras, a Dafne Fernández le rebosan los laureles en la despensa de su trayectoria. Así, entre pionera, poeta, deportista y guerrera, la actriz poliédrica que ha maridado el cine con la danza reposa su carrera con la suave elegancia de una bailarina precoz que ya es madre, y que quiere rodar por los escenarios del cine sin fronteras.

Entre Marisol y Carmen Maura. Habitual en el drama y enamorada de la comedia. Una perfecta conocida entre los telespectadores de los cinco últimos lustros en pantallas de todos los tamaños: desde que Carlos Saura le dio el Pajarico, hasta que voló sobre el nido de Álex de la Iglesia. Desde Un paso adelante, hasta todo un camino vital. A veces en Tierra de lobos -porque ser artista es vivir en una montaña rusa de estrellas e incertidumbres-, y a veces con nombre de tango, como Malena, con la dulzura de una actriz elegida para bailar muy pegada al cine español.

Álvaro Sánchez León | @asanleo

Érase una vez una niña madrileña que recitaba poemas, hacía teatro y bailaba en casa. Jugaba a sentirse actriz, a representar papeles soñados, a reverenciar al público doméstico. Se maquillaba. Se disfrazaba. Luces, cámaras y acción de andar doméstico. Se iba a llamar Luna María Graciela, pero el mito de Apolo golpeó a sus padres y entonces Dafne Fernández empezó a desplegar su lozanía artística entre las cuatro paredes de su hogar, en el brasero auténtico de su familia. Ahí empezó todo.

Fue un día anodino sin fecha, y fue en un periódico. Sus padres leyeron un reclamo de “se busca niña de entre 8 y 10 años para un anuncio de publicidad” y allá que llevaron a la moza precoz. Más que un “mamá, quiero ser artista” su historia empezó con un “esta niña vale, ayudémosla a ser artista”. Aquel fue su primer casting y su primera elección. Sus primeros pinitos en el arte de dar la cara en público fueron aquellas fotos, pero ella quería vida, realismo, movimiento. Y por eso entendió desde muy joven que lo suyo era el cine y era la danza, como las dos ramas paralelas que afloran de las manos de la Dafne original antes de convertirse en laurel mientras huía de Apolo.

Agarrada a la barra de madera maciza de su familia, donde se apoya y practica los ejercicios, Dafne Fernández avanza entre adagios y alegros. Con sutil audacia e infantil tenacidad, entre grands battmente y petites battmente, la joven de la perla con talento es seleccionada entre dos mil chicas de su edad para entrar en el Conservatorio Profesional de Danza. Arranca el pisoteo elegante de una niña que gira y ya es adolescente; que gira y ya es joven; que gira y ya es mujer.

En ese último giro en el tiempo estamos ahora, sentados en pecera de cristal después de una sesión de fotos donde han quedado inmortalizados algunos ángulos de su natural versatilidad. Risueña. Valiente. Tímidamente resuelta. Feliz de ser madre. Con la ilusión de dar a luz mucho más cine, a sus 34 primaveras, y con la madurez “de haber descubierto, por fin, qué es el amor y qué es el miedo; dos condiciones necesarias para ser una actriz de verdad”.

El primer papel

En 1994 Almudena Grandes publicó en Tusquets Malena es nombre de mujer. Fue su tercera novela y todo un éxito editorial. Dos años después, aquel libro fue la primera película de la vida de Dafne Fernández gracias a la oportunidad de Gerardo Herreros. “Allí, en aquel rodaje con Ariadna Gil, Marta Belaustegui, Carlos López, Luis Fernando Alvés, Isabel Otero, Alicia Hermida o Alicia Agut, aprendí del director -fundador de Tornasol Films– lo que eran los pequeños detalles en el mundo cinematográfico”. Según el Ministerio de Cultura, la película en la que Dafne hizo su debut como Malena-niña, tuvo 344.192 espectadores y recaudó 1.145.346,37 euros.

Con paso firme, en 1996 hizo también de cría inocente en la serie Canguros, para Antena 3. En aquellos platós de su infancia, coincidió con Maribel Verdú y Luis Merlo, y con otros niños que iban para actores hechos, como Aarón Guerrero, Jimmy Castro, Yohana Cobo, Alicia Beisner, Álvaro Monje o Lidia San José.

Entre plano y plano, Dafne tiene la ilusión “de no defraudar a sus padres y a todas las personas que apuestan por ella”. Se forja así un carácter híper responsable que se acentúa durante la primera juventud y que ahora combina con el disfrute de un trabajo que es pasión. Pero la vocación germinaba por entonces con cabriolas de prometedora proyección. Al compás de sus saltos con tutú, Dafne va creciendo en homogénea proporción “con un estilo propio, muy identificativo. Tengo un carácter de elegancia natural por mi paso por la danza clásica, pero eso no significa un muro infranqueable para mi trabajo, porque igual que me atraen los papeles suaves, también me encanta interpretar a personajes de barrio”. Pero la prensa le piropea con odas así: “Solo una bailarina clásica es capaz de convertir cualquier leve movimiento en pura elegancia”.

En 1997 el director Carlos Saura posa en ella su objetivo para su película más sentimental y la convierte en Fuensanta, coprotagonista de Pajarico junto a Alejandro Martínez. Vuela allí libre la primera adolescencia de la actriz junto a grandes de su gremio, como Paco Rabal. Con Saura ella descubre “la auténtica sensibilidad” en el séptimo arte.

Entre películas –Resultados final (1998) o Goya en Burdeos (1999)- y series –Paraíso (2000) u Hombres Felices (2001)-, Dafne desemboca ante las cámaras de otro gran director en La caja 507 (2002). Al borde la mayoría de edad, con Enrique Urbizu descubre “el salvajismo, que iba desde aprender a liarme un porro para la escena, hasta quemarme viva y disfrutarlo”. En aquel rodaje coincide con Jose Coronado, Antonio Resines, Sancho García, Goya Toledo… y vivió de primera mano el trabajo de orfebrería profesional que avala que la película recibiera ese año el Goya a la Mejor Dirección de Producción.

Un paso adelante

En 2002 llegó Un paso adelante, un fuerte punto de inflexión en la carrera de Dafne. Cine y danza se casan entonces en su interpretación gracias a la serie creada por Daniel Écija. Por aquella época, ella está terminando la carrera en el conservatorio y pasapalabra a la propuesta de actuar en la primera temporada. “Cuando la empezaron a emitir dije: ‘¡Madre mía, si es que esta es mi vida! ¡Me encantaría ser yo la que cuente cómo es esta profesión! Por suerte, me volvieron a llamar para la segunda temporada”, y hasta 2005 y su sexta temporada en Televisión Española, Dafne es actriz principal. Coincide en ese baile juvenil con Beatriz Luengo, Miguel Ángel Muñoz, Mónica Cruz, Juan Echanove o Esther Arroyo.

Para todos los papeles entre 1996 y 2002 la buscan. ‘Dafne, te necesitamos’. Dos o tres grabaciones cada año. Empalma Un paso adelante con sus papeles de Lucía y Rebeca en Hospital central. Y con las peripecias pop de Upa Dance. Y en 2008 fue Luna en la octava temporada de Los Serrano, junto a Lydia Bosch y Julia Gutiérrez Caba.

En estos primeros años del milenio, se desata su fama. “Fue horroroso. Empecé a tener fobia a los espacios muy abiertos y a las multitudes. En realidad, todo aquello me abrió muchísimas puertas. Lo disfruté una barbaridad”. La fama cuesta, también porque Dafne es “tremendamente tímida. Creo que soy actriz para no juzgarme desde mí misma, sino hacerlo a través de otros personajes”. Y en su currículo oculto, además del talento avalado por diferentes directores y muy diversos compañeros de rodaje, se incluye el perfeccionismo, “porque siempre me ha gustado tener el control”.

Se diluye la carrera en el universo de la danza, pero todo aquello le imprime un carácter para siempre. Soñó con formar parte del American Ballet y de la compañía de Nacho Duato, pero el cine apostó más fuerte. “Cuando terminé de formarme en el conservatorio tuve que decidir: la danza y sus siete u ocho horas al día, o la inestabilidad de ser actriz. Yo siempre he querido ser muchas personas y vivir muchas vidas, así que opté por lo que intuía con la cabeza y hacia donde me arrastraba el corazón”.

Siguieron llegando guiones y papeles para series –UCO (2009), SexoEnChueca.com (2010), Inquilinos (2013) o Tierra de lobos (2010-2014)- y largometrajes -(Malamuerte (2009), Entrelobos (2010) o Real Playing Game (2013)-.  Entre 2014 y 2016 fue Mati Herranz en El Chiringuito de Pepe y en 2017 forma parte del reparto de una de las películas del año: Perfectos desconocidos. Con Álex de la Iglesia “aprendí de técnica, porque todo él es técnica, y todo lo que hace es una locura deliciosa”. Junto a Belén Rueda, Ernesto Alterio, Juana Acosta, Eduard Fernández, Beatriz Olivares y Eduard Noriega, se confirma que la versatilidad de Dafne Fernández está llena de cobertura, comunicando cine vivo con denominación de origen polifacético.

Joven, madura, realista

Desde Malena es nombre de tango (1996) hasta Perfectos desconocidos (2017), “he pasado por muchas fases”, confiesa Dafne. “Al principio todo era un juego más que un trabajo. Después, para estar más segura, fui estudiando interpretación. Combiné el tirarme a la piscina con tener fuste. Ahora, a los 34 años, tengo mucha experiencia profesional y más vivencia personal. Todos los personajes que he hecho me han servido para conocerme mejor. Ser madre me parece una gran herramienta para ser actriz, porque aporta muchos matices reales que son esenciales para actuar con credibilidad”.

Ahora que los Goya han puesto a Marisol en la vitrina de honor del cine español, se observa que la malagueña y Dafne tienen un principio común: el arranque en la más tierna infancia o la dulzura de muchos personajes. Pero la experiencia de la poliactriz es sana, divertida, por eso sigue enamorada del cine, al que pide ahora “papeles de treintañeras” y que no vea la maternidad como un freno: “Lo único malo de ser madre es que en el mundo cinematográfico se te descarta a priori, no sé muy bien por qué. Yo puedo trabajar embarazada y durante el periodo de lactancia sin problemas”.

Después de una etapa-vergel, Fernández transita ahora la cuesta de los treintaypocos: “Que nadie se engañe: ser actriz ofrece muchas oportunidades maravillosas, pero no es oro todo lo que reluce. En esta carrera de fondo también hay momentos de sequedad y de mucha incertidumbre. A las actrices noveles que se adentran en este mundo les aconsejo que no dejen nunca de estudiar el cine clásico, que vean las series y las películas que hay que ver, porque muchas veces eso se olvida. Las animaría a que se formen constantemente, a que no desaprovechen ninguna oportunidad, y a que sepan que un día estás arriba y otro día estás en el banquillo, por eso hay que saber gestionarlo bien para andar con soltura entre detrás del telón”.

Apasionada con “seguir contando historias” ante las cámaras, Dafne sigue andando la película de su primera madurez. Con proyectos e ilusiones.

             -¿Qué factores hacen falta para que un director cuente con una actriz con experiencia, de las muchas que sois en España? ¿Currículo de trabajo bien hecho? ¿Suerte? ¿Factores que no se controlan?

             -Afecta mucho el trabajo bien hecho, y la suerte, porque puedes haber hecho muchos trabajos buenos y caer lentamente en el olvido. Además, hoy cuenta mucho un factor que me parece muy relativo: constatar muchos seguidores en las redes sociales…

Pulcra, con piel dramática, con dulzura elegante y con vis cómica. De las que dan el cien por cien sobre la tarima “y encima, ahora es cuando empiezo a disfrutar de verdad de lo que hago”. La versatilidad en zapatillas de ballet. De Versalles y de barrio. De Apolo y de Urbizu. De seda y sedal. Con carrete para seguir grabando la mucha vida que le quede por delante.

El laurel es un árbol de hoja perenne y tronco recto con aires de arbusto. Sus hojas azuladas, alternas, lanceoladas y aromáticas la hacen inconfundible en un mar de plantas diversas. Dan flores en primavera, pero desprenden su candor durante las cuatro estaciones con envidiable vivacidad. Sus ramas de contornean con el viento, cuando hay viento, y se mantienen enhiestas cuando aflora la sequedad. Digna, bella, fresca, lozana, mediterránea, saludable, inspiradora, medicinal. Dafne Fernández pudo ser Luna María Graciela, pero se llamó como anunciaba su profecía.

FLASHES DE FOTOMATÓN

¿Qué actrices españolas te inspiran?

Carmen Maura, Carmen Machi, Natalia de Molina, Anna del Castillo…

¿Una película por la que fuiste actriz?

El día de la bestia. Me conmovió muchísimo.

¿Un director con el que te encantaría trabajar?

Rodrigo Sorogoyen.

¿Otros?

José Antonio Bayona, Alejandro Amenábar, Pedro Almodóvar…

¿Te ves de chica Almodóvar?

¡Sí! Me encanta que me dirijan como hace él.

¿Los Javis nunca te han guiñado un ojo?

Veo todo lo que hacen, porque tienen un talento enorme. Pero ellos trabajan siempre con las actrices de su club…

¿Con qué actores te gustaría coincidir en un proyecto cinematográfico?

Con Javier Rey, Luis Tosar…

¿Con Antonio de la Torre?

También, pero en este país hay más actores que Antonio de la Torre…

¿Te gustaría entrar en el mundo de las plataformas digitales?

Sí. Están haciendo cosas muy buenas y, además, es lo único que veo con salida.

¿Qué estilo de serie te atraería?

Una de mujeres treintañeras.

¿Tipo Las chicas del cable?

Estaría encantada, entre otras cosas porque me encanta el look de la serie, pero no es mi tipo. Si se puede elegir, prefiero una más gamberra. Algo como Sexo en Nueva York, pero made in Spain. Una serie que cuente la realidad de las mujeres de mi edad. La vida perfecta aborda algo de esto, pero aquí hay más filón.

¿Una vida para encarnar en el cine?

¡Muchas!

¿Cómo va lo de ser Isabel Preysler?

Pues es un proyecto parado desde hace tiempo.

Igual ahora ese papel lo podría hacer Tamara Falcó, que está muy mediática.

¿Pero Tamara no quería ser monja?

¿Le atraen los musicales?

Sí, hice Fama.

¿Y musicales en modo película?

¡Me encantaría!

¿Un La La Land?

¡Guau! Un La La Land, un Moulin Rouge, un El amor está en el aire… ¡Me chiflaría!

¿Y un Tarantino?

Físicamente podría ser una Kill Bill danzando sobre la sangre (risas).

¿Una música para bailar a solas?

Cualquiera, menos la que grita, porque no es bailable. En casa siempre me pongo música clásica.

¿Una pieza para bailar en público?

Bad guy, de Billy Elliot.

¿Un lema para tatuarte de por vida?

Actúa con el corazón sin hacer daño a nadie.

¿Te gustaría que tu hijo se dedicara al cine?

Si es lo que quiere, me encantaría. SI una persona es artista, es artista, y eso no se puede tapar, aunque esta sea una vida muy inestable. Si quisiera dedicarse al mundo de la danza tendría más dudas… Uno de mis agobios es dejar algo en el futuro por si a mi hijo le da por entrar en el cine y pueda hacerlo sin estar pendiente de las necesidades.

María de León: “Un influencer sin misión ni es influencer, ni durará mucho”

Entrevista publicada en la revista Influencers de marzo-abril de 2020

Pionera, emprendedora, dinámica, apasionada y preparada. La influencer humanista lleva años en las redes sin atarse a lo políticamente correcto, ofreciendo contenidos, y mostrando con naturalidad sus esencias. El poder de lo auténtico ha hecho que esta experta en comunicación se convierta en una joven influyente con estilo propio. Con su proyecto Think 2BU, María de León acompaña también a quienes surcan el mar 2.0 para que no se ahoguen entre las subidas y las bajadas de las olas que ella ya ha surfeado hace tiempo.

Álvaro Sánchez León | @asanleo

Base: María de León (Sevilla, 1981) no es una influencer al uso. Lleva más de una década ofreciendo estilo y contenidos. Lleva más de una década transmitiendo mucho más que una imagen. Lleva más de una década caleidoscópica entre moda, arte, filosofía, salud, deporte, gastronomía, lifestyle, cultura, asesoramiento, solidaridad, comunicación, coaching y optimismo vital.

Fuste: En estos diez años, María de Leon ha combinado el prestigio con la formación permanente. La cosecha, con el cultivo de nuevos retos. La marca personal con la lógica aplastante de la coherencia. En su columna vertebral no hay restos de postureo. Por eso no es una influencer al uso.

Capitel: Además, esta joven fotogénica a la que todo le sienta bien, que sonríe desde Instagram, personifica la esencia de la belleza, interior y exterior. En sus hojas de acanto hay viajes solidarios al Congo, donde perdió la audición. Y ánimos para las pymes promocionando productos de “nuestra tierra” que ayudan a consolidar el trayecto de los emprendedores. Y muchas amistades, y muchas jóvenes que se miran en su espejo. Y muchas mujeres top que quisieran haber sido, en realidad, como ella.

Café con esta columna-Cariátide en una esquina de Madrid. Café intenso.

Comunica naturalidad y estilo. Diversión y cultura. Alegría y responsabilidad. ¿Es un modelo de influencer bastante a contracorriente?

Es un modelo de comunicación natural, porque me gusta transmitir mis esencias. No navego en los mares de las tendencias. Me expongo atendiendo a lo que me dictan mi cabeza y mi corazón.

Con mucha personalidad, pero abierta a un mundo apasionante de moda, belleza, tendencias, viajes, seguidoras y seguidores. ¿Cómo se consigue gustar sin necesidad de ser aséptica para gustar más?

El secreto está en tener la confianza suficiente para ser una misma y no dar ningún paso en dirección contraria a lo que dictan nuestras esencias. El postureo vacío puede gustar, pero es falso. Tarde o temprano eso se cae. Para mí, el éxito no es que a los demás les guste lo que hago, que es un sano reconocimiento, sino ver que en el trayecto mejoramos como personas, siendo coherentes con nuestra forma de ser, y ofreciendo un servicio de calidad.   

¿Lo auténtico vende mejor?

En estos tiempos en los que se mide todo en clave de productividad cada vez es más importante saber qué misión tiene cada uno en las redes sociales. Yo diferencio al influencer de mirada miope, que utiliza el universo digital para su exclusivo beneficio, y el de mirada amplia, que trabaja en clave de beneficio social a través de su comunicación.

¿A más autenticidad, más crece como personas y más la quieren las personas que la siguen?

Ya nos hemos dado cuenta de que la imagen no es lo único importante. Ha llegado el momento de profundizar, también en el mundo de las redes sociales. Pensar por libre es un reto prioritario en la era de la infoxicación, y para eso es clave decidir qué leemos y a quiénes seguimos.

Como experta en comunicación, ¿cómo se logra que la marca personal no transmita egolatría?

Avanzando mirando siempre a los demás. Llevo presente en las redes sociales desde hace tiempo y he visto la evolución. Instagram, por ejemplo, antes me parecía más natural. En estos años he ido viendo que algunas chicas jóvenes que querían influir y se han visto muy afectadas en su autoestima viviendo crisis psicológicas potentes. Por eso puse en marcha Think 2BU coaching, para aportar mi granito de arena. Me especialicé como coach en liderazgo en red en la Universidad Francisco de Vitoria. Ese peso académico me facilita transmitir mi experiencia con rigurosidad. En el fondo, me dedico a acompañar a personas a reflexionar sobre las decisiones de su vida.

¿Qué le parecen esos conatos de campaña social para tumbar el fenómeno influencer?

Las personas influyentes han existido siempre: deportistas, personas del ámbito de la cultura, actores, actrices, literatos, artistas, científicos… Hay que aceptar que el mundo de la comunicación ha evolucionado y ahora la conexión personal gana impacto en el eco de la comunicación. Los influencers sirven para comunicar, pero es importante que las personas influyentes sean conscientes de su responsabilidad.

No todos los influencers son iguales, claro.

Yo, por ejemplo, le dedico mucho tiempo a trabajar las cosas que transmito. Detrás de mis propuestas de viajes hay muchas horas, y eso no se puede menospreciar. El rigor, el criterio, la autenticidad, la honestidad, la responsabilidad y la coherencia en los contenidos son elementos suficientes para valorar a las personas que influyen en las redes sociales, entre otras cosas, porque, a veces, somos más independientes que los periodistas. Dicho esto, es importante saber que muchos lectores se quedan en la imagen y en las etiquetas, y no se leen los contenidos. Es una pena, pero es la realidad.

Algunas personas hacen del fenómeno influencer una profesión…

Ser influencer es una consecuencia, y depende de los demás. Yo no soy influencer. Soy una persona emprendedora, trabajo en el ámbito de la comunicación, me reinvento constantemente. Dependo de mí misma desarrollando campañas de comunicación con empresas diferentes. Ser influencer de profesión es ridículo. Además, un influencer sin misión diseñado solo para vender, en realidad ni es influencer, ni durará mucho.

¿Las marcas están usando bien a los influencers?

Las marcas deben ver qué personas influyentes de verdad casan con sus valores de marca. El reto está en saber elegir con quiénes cuentan como altavoces, no solo para vender, sino para contar qué hay detrás de su producto.

¿Cómo navega usted las redes sociales?

Las redes sociales son fundamentales. Nos permiten tener voz propia a todos, algo inimaginable hace poco. Además, en estos momentos de incertidumbre masiva, redes como Twitter nos permiten ir directamente a las fuentes sin pagar el peaje subjetivo de los intermediarios. Las redes sociales se pueden usar para bien y para mal. Lo importante es que en este escenario convulso donde la credibilidad está por los suelos y donde vemos pocos líderes que representen grandes valores, respetemos estas plataformas de comunicación.

¿Qué personas públicas le atraen por su modo de ser, estar y aparecer?

Rafa Nadal representa mis valores a la perfección.

Además de comunicar mucho, escucha y acompaña como coach para ayudar a otras personas a desbloquear enquistamientos o encender la audacia de los retos. ¿La confianza en uno mismo es un tesoro en peligro de extinción si nos comparamos siempre con lo que vemos en las redes?

Efectivamente. Por eso es importante que cada persona se atreva a pensar y tenga su propio criterio libre y argumentado. Aceptarse de verdad es un reto clave en nuestro desarrollo personal. Lo contrario -negarse, compararse, etc.- solo sirve para perder energía y frustrarse más de la cuenta en el camino.

¿Qué moda le interesa?

La moda española. Soy una gran defensora de nuestras marcas y del talento en el sector que deslumbra en nuestro país.

¿Por qué viajar nos hace más universales y por qué ser más universales es positivo?

Cuando salimos de nuestra zona habitual vemos el mundo con más objetividad, con menos personalismo, y con una educación y una cultura más amplia. Conocer otras ciudades y otros continentes nos ayuda a empatizar con personas diferentes, nos hace más comprensivos, más tolerantes, más flexibles.

¿Qué imagen espera que tengan de usted sus seguidores?

La que proyecto… Más que la imagen, lo que me preocupa es que mis contenidos les sirvan y les ayuden. Veo que a la gente le gusta que transmita mis creencias, mis cosas con naturalidad. ¿Tiene sentido censurarnos a nosotros mismos por miedo a que nos etiqueten? ¡A mí me da igual! ¡Ya me han etiquetado decenas de veces!

Usted transmite también que nos sobran cosas y nos faltan experiencias.

Como diría López Quintás, estamos en un nivel cósico. Tampoco podemos ver las experiencias como el ansia de meter ruido en nuestras vidas. Entiendo el sentido sano de las experiencias como vivencias que nos ayuden a evolucionar. No se trata de coleccionar experiencias, sino de vivirlas para crecer. Cada vez me agobia más tener cosas. Con los años me doy más cuenta de eso. Uso cosas, muchas me vienen bien, y cada vez tengo menos y comparto más.

¿Por qué no tiene haters?

Seguro que tengo, pero me respetan mucho. Creo que eso es producto de la coherencia. Pero seguro que están ahí… A las personas que me critican de manera constructiva las escucho siempre. A las que insultan no les doy ninguna importancia.

UNA EMBAJADORA DE LA SEVILLA UNIVERSAL

María de León anda de aquí para allá con una maleta llena de paraquienes en un universo digital muy dado a la parafernalia. Vive en Madrid y es una mujer de mundo, pero las raíces están en Sevilla, su rincón por excelencia. El lugar preferido al que volver siempre. A quienes visiten esta primavera la capital hispalense les recomienda comer en La Terraza de María Trifulca. Además, les aconseja un pequeño tour por la ciudad que incluya una parada de tapeo en Bodeguita Morales, un paseo en bici por el Parque de María Luisa, e ir a misa en la Capillita de san José. Si el viaje coincide con la Semana Santa nos propone buscar estas cuatro levantás por las calles de la ciudad: El Cristo de Pasión, por el Palacio de Lebrija; el Cachorro, por el Puente de Triana; la entrada de la Virgen de El Baratillo en su templo, y La Candelaria, por los Jardines de Murillo. Y para quien esté preparando las maletas para desembarcar en plena Feria de Abril, la embajadora de las esencias de Sevilla propone “arrimarse a los mejores tablaos flamencos que organiza Cedric Reversade”.

Periodismo con garra

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Foto: @asanleo

Esta mañana he estado en la Junta de Accionistas de El Español. La primera. Una cita medio bíblica, medio épica. Una cita ineludible para muchos, pero, especialmente, para los que se dedican al Periodismo. Porque esta es la nueva estación, por donde pasa el siglo. No es cuestión de líderes ni de ideas, aunque el trasfondo sea ese. Es cuestión de revolución tecnológica y de punto de inflexión en el modo de ejercer el Periodismo en la España de las facultades con tipógrafos.

Algo de Steve Jobs, de manzana futurista, de Silicon Valley.

Seré muy breve, porque lo más instantáneo está ya en @asanleo

  1. Muy agradable. Muy envolvente. Fácil sentir que lo de la participación ajena no es una milonga.
  2. Moderno. Atractivo. Elegante. Tecnológico. 3.0.
  3. El epicentro son los buenos periodistas. Los mejores, para la casa. Los más IN. Con aires de equipo, de selección española. De ilusión.
  4. Un grupo importante de ingenieros forman parte de la redacción. Es otro chip, claramente.
  5. Creíble. Eva. Pedro J. Cremades.Transparentes.
  6. Clima de producto necesario. 5.624 accionistas lo confirman. La meta de los 150.000 suscriptores lo avalarán.
  7. Experiencia y juventud. Cóctel sin personalismos.
  8. Sensación de éxito, de este partido lo vamos a ganar, de vamos a darlo todo para conseguir un periódico puntero.
  9. Confirmación de que el periodismo español está vivo y tiene muchas cosas que hacer y que decir.
  10. Adiós al provincianismo periodístico. Hola al periodismo universal.

Ruge el león, amigo Sancho. Los quijotes estos la van a liar muy parda.

Carlos Alsina: “¡Yo no quiero estar en ninguna barricada!”

la fotoFoto: Álvaro García Fuentes

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Hace unas semanas publiqué en El Confidencial Digital una entrevista conjunta a Carlos Alsina y Juan Ramón Lucas. Ahora publico en el blog las dos entrevistas completas, pero separadas.

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Era La Brújula de Onda Cero, y ahora es el pilar de la casa. Discreto. Discretísimo. Anti focos, anti entrevistas. Sonriente. Hace poco más de un mes dejó la radio de noche para despertar con contenido a los madrugadores de España. Sin Herrera en la Onda cree que Más de uno progresa adecuadamente. Discípulo de Luis del Olmo. Apóstol de la radio tranquila. Ídolo de la ironía. Maestro del monólogo de actualidad. Profeta de la radio bien hecha: con pimienta, con sal, con azúcar…, pero sin ácido sulfúrico. Alsina es radio española con denominación de origen.

Álvaro Sánchez León | @asanleo

San Sebastián de los Reyes. A solas en una sala de reuniones. De fondo, Juan Ramón Lucas habla en directo. Alsina, yo, y una lata de Coca-Cola. Es relativamente temprano y día de fiesta nacional, pero él lleva ya bastantes horas despierto. Acaba de terminar su sesión en Más de uno y ahora está en modo balance.

Le cuesta ponerse delante de una grabadora. Este es el perfil que más me gusta: la gente interesante que no busca desesperadamente estar en todas partes. Me haría entrevistador de personas discretas, si no fuera una profesión de riesgo…

Empezamos hablando del relevo de Casimiro García-Abadillo al frente de El Mundo. Y en poco tiempo el clima de la entrevista se convierte en conversación como de toda la vida.

Me encuentro en tres dimensiones lo que se escucha en su radio. Lo que se palpa en sus programas. La sorpresa de la naturalidad en persona. Tiene cara de sembrar confianza y recoger tempestades de oyentes, de amigos, de reconocimientos profesionales… Alguna tempestad también será incómoda. Pero él se fuma un puro. En sentido figurado.

Y una vez que ya está hecho el monólogo de ambiente: REC. Estamos en el aire.

Al que madruga Dios le ayuda. ¿Se confirma?

Espero que se confirme cuando salga el primer EGM… En realidad yo no madrugo… lo que hago es amanecer a última hora de la noche… Ahora llego a la radio a las 03.00-03.30, y vengo después de estar avanzando trabajo en casa. La gente cree que digo que vengo pronto como un mérito, pero es al revés. Es como una falta de aptitud profesional para ir muy rápido a esas horas… Lo que más envidio de la gente es ser capaz de ponerte ante el micrófono y que te salgan las frases bien hechas, sin necesidad de haberlas pensado mucho. Esa aptitud, de momento, no la tengo, igual que no tengo la capacidad de improvisar bien.

¿Pero está contento?

Sí.

¿Esperaba al menos un verano para hacerse a la idea de dejar la noche y amanecer el primero?

¡Sí, claro! Con el traspaso a la mañana ha habido muchos rumores, y todos están publicados. Yo estaba al tanto de la rumorología de la marcha de Carlos Herrera a la COPE, pero no tenía noticias oficiales. En marzo arrancaron de nuevo esos rumores, y entonces ya me informaron de que la posibilidad existía, y de que podía precipitarse. A partir de ese momento empecé a pensar en qué hacíamos…

Pero en su contrato ya se recogía esta posibilidad, ¿no?

En mi contrato, que es de 2008, se recoge la idea de que entre la empresa y yo hacíamos un pacto no obligatorio por ninguna de las dos partes de tenerse en cuenta la posibilidad de mi paso a las mañanas si hiciera falta en algún momento.

Una interpretación muy subjetiva. En las fotos oficiales del estreno del nuevo programa no se le ve como muy radiante…

Es que el día que hicimos las fotos no estaba yo en mi mejor momento…

Tampoco es usted una persona muy entusiasta, así, en general, ¿no?

Soy una persona que odia las fotos, salir en televisión… Me cuesta mucho hacer promoción de mi propio producto, porque creo que no lo hago bien… Pero vamos, el día que hicimos las fotos, además, estaba bastante tocado de salud. Y se ve, y eso que estoy súper maquillado… Esa parte artística del que sabe venderse, yo no la cultivo. Si de mí dependiera, los que hacemos los programas de radio no saldríamos en ningún sitio, ni se nos vería, ni se sabría qué cara tenemos… Somos personas con voz, y punto.

Me dicen en Onda Cero que todo eso es importante, que ahora es todo muy visual, que la notoriedad de la gente que hace los programas tiene mucho que ver con las audiencias… Todo eso lo he aprendido, y lo entiendo. Pero me gustaba aquello de que los que hacemos radio ni tenemos cara, ni se sabe nada de nosotros. Además, es mucho más cómodo que no te conozca nadie cuando vas a hacer la compra.

Usted y Juan Ramón Lucas son muy distintos en muchas cosas, ¿pero están a gusto trabajando juntos?

Sí. En muchas cosas somos muy parecidos. Nuestra idea de la radio pendiente de lo que está pasando es muy similar, y nos parecemos mucho en la forma de contar, en el talante ante el micrófono… Después, seguramente, tenemos aficiones y opiniones distintas, pero la convivencia está siendo muy normal.

¿Tiene la presión de emular a Carlos Herrera?

Tengo claro que no soy Carlos Herrera. Llevo muchos años haciendo programas largos en Onda Cero y sé que lo que puedo aportar es ser Carlos Alsina. Hay poco que descubrir. Como profesional estoy muy contrastado, para lo bueno y para lo malo. No hay ningún secreto. Tanto la cadena como yo tenemos claro que cuando se sustituye a Carlos Herrera en la mañana no le estamos buscando un heredero imitador. Yo no sé hacer de Carlos Herrera, ni aspiro a hacer de Carlos Herrera. Él tiene unos registros y capacidades que yo no tengo.

Lo que hemos hecho con Más de uno es adaptar lo que teníamos en la noche a las circunstancias y estructuras propias de la mañana. Lo que no es posible es cambiar de estilo porque te cambien de hora.

De todas formas, experiencia matinal en la radio ya tiene, y también en Onda Cero…

Sí, pero con dos diferencias muy grandes: la edad, porque hice radio matinal, pero con 20 años, y ahora las cosas son de otra manera; y otra es que cuando yo hice mañanas, acababa a las 08.00 y empezaba Luis del Olmo. Ahora, esas dos horas, de 08.00 a 10.00, son las que tienen más peso interpretativo, de entrevistas a los figurones… Eso yo no lo hacía en aquella época…

Para lo complicados que son estos horarios, desde el punto de vista personal, es mejor tener 20 años, pero para el producto que haces y la influencia que tiene, esto te tiene que coger con una cierta experiencia profesional.

¿Cómo se consigue en la radio innovar siendo el mismo y estando en el mismo sitio?

¡Ojalá lo supiera! No tengo la percepción de que innovemos tanto… Los géneros que utilizamos todos no son nuevos…

Quizás su monólogo sea un género diferente…

Ser el primero en hacer algo es muy difícil. En comunicación también hay que superar esa barrera del “esto nunca se ha hecho así”… Hace falta mucho arrojo para innovar de verdad, y que el medio te acompañe. Yo creo que no lo he conseguido con nada, ni siquiera con el monólogo, que es una adaptación a mi estilo, a mi forma de entender la realidad, y a nuestro público, de lo que hacía César Vidal en la COPE. Él fue el primero en hacer monólogos a las 20.00.

César empezó aquello de “corría el año…”. Claro, como es también historiador… ¡Cómo envidio yo a esa gente que tiene todo en la cabeza sin necesidad de trabajárselo mucho, porque le sale solo! Desde la discrepancia en el tono y en el trasfondo ideológico, aquello me pareció un hallazgo radiofónico. Oyéndole entendí que, aunque no compartas nada de lo que estás escuchando, estaba deseando seguir sus monólogos palabra a palabra para ver cómo seguían…

Para La Brújula me pareció un género muy interesante, con un toque más informativo y más desenfadado. Ahora ya no es innovador… Ahora parece que todos tenemos que empezar los programas con una parrafada…

Al tema de la innovación le doy muchas vueltas, e intento que cada día haya una novedad que no estuvo presente ayer en el programa, aunque sean variaciones pequeñas.

Puede ser que la innovación de Alsina radique también en construir programas ajenos a la ideologización de los medios… Haber conseguido un clima muy agradable en sus programas… Haber enterrado en sus horas de radio el periodismo de barricadas… Esos toques frescos de ironía…

Bueno, la ironía no es un mérito. No es algo que haya buscado. Es que viene conmigo… No sé hacer otra cosa. La ironía no la busco, surge. Tengo la suerte que, en contra de lo que piensa todo el mundo, yo creo que la ironía se entiende perfectamente en la radio, porque los oyentes son muy inteligentes, y lo captan.

Sobre lo demás, que sí que me parece que describe bien mis programas, varias acotaciones. Lo de la despolitización del programa y el buen ambiente que se respira, tampoco me parece una novedad. En todo caso, es recuperar algo que, como oyente, disfrutaba oyendo Antena 3 Radio. Aquélla radio combinaba el estilo opinativo y vehemente de José María García y Antonio Herrero, y el clima de pasarlo bien en las tertulias de Balbín, de García Juez, y de Antonio Herrero con Enrnest Lluch, y con Miguel Herrero… Discutían, pero parecía que entre ellos eran muy amigos.

O sea, que la innovación de Alsina es copiar, y mejorar después con su propio estilo…

Puede ser. Me quedé con lo que me gustaba de oyente para traerlo a mi etapa como profesional de la radio.

Lo de la identificación política es otro tema interesante. Yo crecí teniendo como valor muy positivo para un periodista que nadie supiera a quién vota. La imparcialidad era, entonces, una virtud… Después vivimos otros años en los que se dio la vuelta a esa tortilla, y la indefinición política se entendió como una carencia…

Quizás el periodismo de bufanda nos ha hecho mucho daño…

Contar lo que hay honradamente es un principio básico de nuestra profesión. Ahora estamos en una fase sana de recuperar esta idea de que la imparcialidad de quien lleva un programa no es un defecto. Espero que eso vuelva a estar bien visto…

¿Su carrera profesional confirma que el periodismo sin barricadas es el que cuaja a largo plazo?

Mi carrera confirma que el periodismo sin barricadas puede cuajar en algunos casos… No sé si a largo o a medio… El periodismo de muchas barricadas también está funcionando bien. ¡Pero yo no quiero estar en ninguna barricada! Cada uno tiene su idea de en qué consiste nuestro oficio. Llamamos periodismo a actividades que son muy distintas. Mi idea del periodismo no tiene nada que ver con el activismo político, ni con el afán por manipular para asentar opiniones determinadas… Lo mío tiene que ver con algo mucho más sencillo: te cuento lo que ha pasado como yo lo he visto, y si tú me escuchas cada día, y te vas fiando de mí, espero en que llegue un momento en que ni te plantees que te estoy colando nada.

Los hombres tranquilos de La Brújula... Sabiendo que la objetividad no existe, ¿el punto medio de la radio es Onda Cero?

Creo que sí. No es que lo demás no estén en el punto medio, es que nosotros somos más diversos que el resto, aunque tampoco sé si de la diversidad sale el punto medio… Lo que sí sé es que en la oferta radiofónica de Onda Cero hay comunicadores, puntos de vista y formatos más diversos que en el resto de las cadenas. Insisto en que eso no es un defecto de las demás cadena, porque aquí cada uno hace la apuesta que quiere. Detecto más uniformidad, que otros llaman homogeneidad, y otros, coherencia editorial, en las otras cadenas. En la nuestra detecto, y a eso yo también le llamo coherencia editorial, una diversidad de planteamientos, opiniones y posiciones que es posible que nos derive mejor hacia el punto medio.

Tranquilo Alsina, y tranquila su radio. ¿Cómo se compagina ese clima de paz con este mundo hiperactivo de los medios?

En mi caso, bien, porque he aprendido a hacerlo: que aunque a mi alrededor se estén cayendo las paredes, lo importante es tener muy claro qué es lo siguiente que hay que hacer. Eso que es muy difícil conseguir en una redacción, porque solemos estar todos en modo trepidante, creo que es muy importante cuando tú tomas las decisiones. Cuando tú no tomas las decisiones últimas, te puedes permitir el lujo de dejarte llevar por la trepidación. Si además eres tú el que sale al micrófono, esa capacidad de enfriar las cosas es clave.

¿Se puede ser pacífico con la Administración?

Se tiene que ser crítico con la Administración, y si la crítica exige ser beligerante, pues habrá que serlo. Con la Administración, y con lo que no es Administración. Pero tampoco es imprescindible empeñarse en estar en guerra permanente con alguien sólo porque necesitas demostrar que eres capaz de pelearte. La crítica debe estar justificada, porque si no, dará la impresión de que tu discurso se nutre de manías o de animadversión.

¿Qué cree que dicen de usted por los pasillos de Moncloa?

Depende, porque Moncloa es muy grande y hay mucha gente trabajando allí… Habrá algunos que me detesten directamente, y otros pensarán que hago un buen trabajo todos los días, y que si se quitan sus orejeras y sus intereses de partido o de Gobierno, pues igual llegan a la conclusión de que este tipo no lo hace mal…

En Moncloa son muchos. Y la opinión de una, o de uno, no hay por qué adjudicársela a toda la Presidencia del Gobierno, ni al propio presidente… Son solo opiniones personales, que tienen que ver con muchas cosas, porque no sólo nacen de un análisis serio de mis programas.

¿Tiene fácil que pasen por su programa los representantes de la Administración, o cada vez que lo intenta se encuentras con un muro?

Procuro evitar el contacto directo con los altos cargos, y en general, con las personas con las que después tengo que hablar críticamente en mi programa, porque creo que, si te puedes permitir el lujo de la distancia, porque no necesitas un contacto directo con las fuentes, como es mi caso, puedo tener la perspectiva que da no ser amigos, ni deber nada a nadie. Una perspectiva que yo llamo libertad.

Por la tarde-noche, las noticias están cocinadas. Hay margen para pensar, para llamar, para contrastar. ¿Cómo se informa en España a las 06.00 am?

Por la mañana todo está más cocinado que por la noche, porque raramente sucede algo a las 06.00 de la mañana que te cambie el panorama informativo. Además, tienes más ayudas: el paisaje que ha dibujado cada periódico, los informativos, el programa de actualidad de la noche de tu cadena… Por la tarde-noche yo tenía que poner más de mi parte para pintar el cuadro.

Por las mañanas la cuestión es tener la habilidad de que no parezca que tu cuadro se ha quedado antiguo; de que lo que estoy contando a primerísima hora igual a las diez de la noche ya se sabía todo, y sin embargo, se trata de que parezca que el producto es fresco, porque si no, qué sentido tiene.

¿Le da la vida para escuchar La Brújula con María Hernández?

Claro, claro. Procuro amanecer a las 20.00 para escuchar a María. Resulta muy raro escuchar un programa que has hecho durante muchos años y que hace la persona que ha estado siempre a tu lado, con la misma sintonía, la misma estructura…

Aunque María Hernández no sea una estrella especialmente conocida, ¿cree que Onda Cero apostará por ella para que siga llevando La Brújula, o se rendirá ante el poder de un/a famoso/a?

No sé lo que pasará. Yo estaría encantado si María se queda haciendo La Brújula siempre. Además, tiene carrera, trayectoria, experiencia y talento suficiente para eso, y para más.

Alsina es, en la radio, Alsina, más lo que ha escuchado y visto Alsina en otros colegas. ¿Qué virtud del buen comunicador ha aprendido usted de…

…Concha García Campoy?

La capacidad para escuchar a la persona entrevistada y sacar de ahí las siguientes preguntas.

            …Javier González Ferrari?

El ritmo informativo en la radio, la entrevista corta. Con él hice mañana y noche, y era el hombre de lo inmediato.

…Iñaki Gabilondo?

A Iñaki le he escuchado poco. Hay un Iñaki que es el que más me gusta, que es el más reflexivo, el ecuánime, el distante para analizar… Él mismo ha contado que hubo una época en la que dejó de ser Iñaki, y pasó de la interpretación al activismo. Tengo entendido que está arrepentido de eso, y yo le entiendo. Hay veces que tienes esa tentación, cuando hay algo que te afecta más. Es lo que le pasó a él con Aznar: ves una persona con mucha influencia y que manda mucho que pretende convertirte en un indeseable porque entendéis las cosas de manera distinta… Entiendo que ahí, lo que te pide el cuerpo es reaccionar, siendo más beligerante que lo que, en mi opinión, debe ser un periodista. A mí ese papel no me gusta. El otro Iñaki si me gustaba.

            …Antonio Herrero?

A él le conozco de oyente. Supo adaptar el estilo de José María García a la actualidad general, que eso nos puede parecer ahora muy común. Él debió de ser de los primeros en empezar la radio a las 06.00. Como oyente, le reconocería su arrojo para ser el primero en hacer cosas nuevas.

Luis del Olmo?

Es muchas cosas. Aparte de que es un señor de Onda Cero, en todos los sentidos, o el señor de este medio, de él he aprendido cómo se estructura un programa, cómo se lleva el ritmo, sin que ritmo equivalga a velocidad; he aprendido a organizar una orquesta con muchos componentes distintos y que suene de una manera armónica, sin que la presencia del director se tenga que percibir todo el tiempo. Por él tengo un gran afecto y un gran agradecimiento, porque siempre ha confiado mucho en mí, también cuando tenía 20 años y era más arriesgado demostrar tanta confianza…

¿Algún amigo le ha dicho que le quiere, pero que a las 06.00 de la mañana no es capaz de comprometerse con su nuevo programa?

¡Todos! Y les digo que el programa empieza a las 06.00, pero que también sigue a las 07.00, y a las 08.00…

Unas palabras para definir a sus colaboradores más estrechos:


¿Rubén Amón?

Inclasificable, imprevisible…

            ¿Vicente Vallés?

Una de las cabezas mejor amuebladas que yo conozco. Es tal el sosiego que transmite, que yo creo que, a veces, él mismo desearía ser menos sosegado…

Hay quien dice que si son primos, porque son muy parecidos en todo…

Yo soy más alto que Vicente, y él es del Atleti, y yo del Madrid, aunque me importe muy poco el fútbol…

            ¿Fernando Ónega?

Me ha dado consejos muy buenos. En un programa de actualidad aporta el poso de lo que yo es imposible que tenga: todo lo que él ha vivido, de historia, y de años de profesión. Es muy periodista y muy radiofónico.

            ¿David Gistau?

Tiene la asombrosa habilidad de hablar como escribe. Si existiera un aparato que conectara el micrófono a la impresora, de mi programa saldrían columnas suyas dignas de publicarse. Además, tiene una cultura enorme y una cosa que también envidio: se acuerda de todo lo que ha leído, visto, o visitado… y lo reproduce en directo. Es lo que le pasa también a Rubén Amón.

            ¿Manuel Jabois?

Es un genio. Es un tipo muy humilde, muy honrado, que escribe muy bien. Igual que Gistau, aunque a David le dejen prodigarse menos, tiene la cualidad de que, siendo comentarista o columnista, en el fondo es un reportero. Así como Rubén tiene alma de corresponsal, Jabois y Gistau son reporteros, incluso cuando están opinando, y eso me parece muy sano.

            ¿Marta García Aller?

Marta es la curiosidad personificada, con una gran capacidad para ver historias donde los demás no las vemos. Además, es muy maja.

            ¿Javier Gómez?

Javi es un tipo al que estamos descubriendo profesionalmente, a pesar de que lleva unos cuantos años de oficio. Le teníamos, o le tenían, ubicado y casi constreñido en un ámbito temático que para él es menor… Le interesa todo: la política, la política internacional… Y tiene mucha gracia contando las cosas. Además, tiene muchas ideas propias, y se le ocurren siempre muchas formas nuevas en todo. Es el hombre perfecto para dirigir un magazine, o lo que le pongas… Tiene un nivel de autoexigencia que a mí me bruma un poco. Es muy perfeccionista.

¿Echa en falta a alguien que esté por llegar al programa?

Que hay gente que está por llegar, es seguro. Que tenga nombres concretos, no. Me gustaría contar con muchas personas, pero el programa tiene una limitación horaria y presupuestaria… Pero habrá incorporaciones, porque así ha sido en todos los programas que he hecho, también porque conoces a gente nueva.

¿Ha pensando ya en cómo se codeará desde septiembre con Carlos Herrera?

Pues muy bien, como siempre. Nos llevamos perfectamente, y no lo digo porque tenga que quedar bien. Le admiro profundamente. Su versatilidad ante el micrófono lo demás no la tenemos. Es capaz de hacer una entrevista muy seria, de hacer una guasa buenísima, un comentario editorial… Todo le sale, y le sale bien. En lo personal nunca hemos tenido ningún problema…

Y coincide también en la misma franja horaria, y en cadenas distintas, con Ángel Expósito, que también le llevó la prensa en La Brújula hace un tiempo. Van a coincidir tres amigos compitiendo…

¡Pues claro! Y con Pepa Bueno, que aunque profesionalmente hemos coincidido menos, los dos nos tenemos mucho aprecio… Eso es estupendo. Lo de la competencia consiste en que cada uno está en su medio, haciendo el producto que nos sale hacer, con nuestro enfoque… y los oyentes españoles tienen la bendita capacidad de elegir entre propuestas muy distintas, que es maravilloso. Todos los programas de la mañana son buenos. Entre nosotros no estamos mirándonos constantemente. Esto no es la tele.

¿Alsina es fan de Julia Otero?

En algunas cosas, sí. Lo que pasa es que yo, en general, soy poco entusiasta, y poco mitómano. Partiendo de que soy poco fanático, me gusta que esté en Onda Cero.

En alguna ocasión se ha notado entre los dos una cierta tensión, y en directo…

Se ha notado, porque la hubo. Era un debate real, no había nada impostado. Pero fueron un par de veces en tres años. Y ya está, aunque en You Tube queden archivadas sólo las polémicas…

Un mes después de amanecer en las ondas, ¿cómo sería su monólogo de balance?

Empezaría diciendo: “Estoy en ello”. Quiero decir que aún no estoy del todo, creo yo… El programa progresa adecuadamente, pero tengo la percepción de que todavía no está rematado del todo. Lo cierto es que llevamos un mes en antena…

¿Qué ha aprendido de Juan Ramón Lucas en estos días de trabajo conjunto?

Aprecio mucho su capacidad de darle una vuelta más a los temas a partir de donde los he dejado. Una vuelta más que no suele ser política, y eso me oxigena mucho. Yo oigo cómo cuenta lo que yo he estado contando desde las 06.00, y todo me suena a nuevo.

Dicen que usted llegó a la radio gracias a la audacia de creerse el sueño americano. Una llamada a Luis de Benito cuando nacía Onda Cero, y mucha suerte. ¿Sería usted así de generoso si alguien llama a su puerta desde la nada?

Si tiene audacia, ingenio y sabe liarme para que le reciba, sí.

Apedrojotado

Pedro Jota copia¿Quién influye más en España: Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Durán i Lleida, Alberto Garzón, Rosa Diez… o Pedro J. Ramírez?

Ayer estuve tomándome un café en el Ritz, como un señor, con uno de mis ídolos de la profesión, quizás el más evidente…

Mientras los políticamente atrincherados se preparaban en casa para el debate del estado de la nación y elegían corbata, cargaban el Ipad, y buscaban frases de Gandhi para justificar sus discursos de diseño, los influyentes de verdad estaban ya con varios cafés en el cuerpo y con ganas de oír hablar a esa aleación de actor, vendedor de motos de lujo, tuitero de alcurnia, historiador, ateneísta, intelectual contemporáneo, escritor, esgrimista, hiperactivo, boxeador, superviviente, líder, estrella del corazón, icono fashion, envidia ajena, tocapelotas compulsivo, garrapata informativa, soñador, ilusionista, mago, base, príncipe valiente, cultureta, distante, ameno, cercano, irónico, personaje, profesional, padre, hijo, y santo esposo, persona masculina singular, y sobre todo, para no poner en entredicho a Wikipedia, periodista.

Pedro J. Ramírez. He leído todas sus biografías y todos sus libros. Me interesa desde siempre el periodista que invade ese cuerpo pulido con el paso del tiempo y las infidelidades propias y ajenas.

Mi cercano Jill
Total. Que ayer estuve en el Ritz, porque quería escucharle con la misma fruición que escuché a Jill Abramson hace unas semanas (mi crónica, aquí: http://conversacionescon.es/la-periodista-de-hierro-la-mesa-de-camilla-y-las-batallas-de-la-mili-convertidas-en-historias-de-un-subidon/). Porque para mí, Jill está demasiado lejos para ser imitable. Y eso que Pedro J. Ramírez es tan frío que corta el punto hasta darle la mano… Pero bueno…

He trabajado unos años muy cerca (físicamente) de él. Le he visto salir del coche, pasar el torno, tirar pa’lante. Le he visto pisar fuerte, incluso cuando le bailaban las caderas, y quizás ya le bailaban el agua… He visto un referente humano, con muchos aciertos y algunos errores. Le he visto atacar. Le he visto olvidar. Le he visto enterrar con palabras como puños. Le he visto adorar a sus hombres y mujeres fieles. Le he visto dar gracias, y le he visto pedir perdón. Incluso le he visto pedir ayuda. Humano.

Café y lámparas de arañas. Puesta de largo muy british de El Español, su nueva propuesta cargada de ilusiones, de trabajo, de argumentos, y de futuro. El periodista más comercial del siglo XXI tiene marca propia y llena lo que no han llenado en estos meses ni el director de ABC (y su discurso en las antípodas del periodismo, no digo del futuro, sino del mismo presente: https://asanleo.com/2015/02/05/cafe-salmon-y-periodismo-de-escay/), ni el de El Mundo (con el que conversé hace unos días así: http://www.elconfidencialdigital.com/medios/Moncloa-queria-Mundo-periodico-salido_0_2436356345.html), ni con el jefe de la COPE, ni Tania Sánchez… Tres salones le miran en silencio, pensando en cómo robarle un poco de su capacidad de acertar.

El Español se vende sólo con el prestigio de Pedro J. Ramírez. Porque, sí, puede ser un hombre vanidoso, dolido, punzante, agresivo, ladrador y mordedor… Por lo que le he leído, uno puede ser lo que es, pero si se conoce, siempre le saca un partido positivamente estupendo. Además, todo eso en un periodista así son frutos de la pasión.

El ganador
Yo no hablo del Pedro J. Ramírez casado con Agatha (con la que también me tomé este rebujito en verano desde las páginas de El Mundo:   http://www.elmundo.es/cultura/2014/08/11/53e7b29d22601d0d3f8b4592.html). Ni del Pedro J. personaje. Ni del que menea la raqueta de pádel. Ni del que fue íntimo de Aznar, enemigo de Rajoy, apóstol de Rivera y ex discípulo de Rosa Diez. Ni del de la lengua viperina. Ni del Azañoso Pedro J. Ni del metafísicamente descreído. Ni siquiera hablo yo del Pedro J. empresario. No hablo del Pedro J. solemne, ni del que está en el cielo en un balcón de óperas, ni del que iba para actor y acabó siendo otra estrella. No hablo de ese Pedro J. epicúreo.

Aunque todo eso sea un poco de Pedro J., en mi ránking de ídolos periodísticos el hombre de los calcetines alegres está, básicamente, porque siempre sale a ganar, porque trabaja mucho y bien, y porque cree en los valores de una profesión por la que ha demostrado dejarse los huesos. Con ese.

Pedro J. irradia entusiasmo y credibilidad profesional. Y si encima el emoticono de El Español es una sonrisa franca, he de reconocer que me siento arrastrado a seguirle en cada paso. Con calma. No soy ese vecino-normal-del-piso-de-arriba que acaba sacando la catana…

De lo de ayer, dejé los mensajes más significativos tuiteados en mi timeline (@asanleo). Sobre El Español, tendremos tiempo de dedicarle muchas letras, incluso antes de que vea definitivamente la luz en el otoño este en el que caen las hojas del periodismo como páginas ocres, secas, mustias, muertas.

Tres cositas a la cara
Simplemente, quería aprovechar la oportunidad que me brindan estas páginas en las que no hace falta papel para ser leal, tan leal como su conductor de siempre, que le espera en el hall del Ritz con el abrigo a media asta.

Gracias a mi propio blog por darme la oportunidad de decirle al Pedro J. de la cima tres cositas a la cara.

1. No me gustó que ayer fuera tan triunfalista. Los humanistas aconsejan vivir siempre con una alta dosis de discreción y humildad. La humildad es la verdad. Sí. Pero hay que parecerlo.

2. No me gustó que Esperanza Aguirre se sentara entre Agatha (mujer) y María Ramírez (hija, y orgullo evidentísimo…). Era un mensaje. Era como la abuela en casa, siempre en medio. Seguramente fue una casualidad. O no. A los políticos -de aquí o de allí- ni agua. Innove como periodista, también en eso.

3. Le pedí a los Reyes (Magos) trabajar con usted. No me haga perder la fe. No soy Umbral, pero me gustaría participar activamente en esa página de historia…

Yo, en mi blog, pido lo que quiero…